Marruecos y España frente al espejo: de colonias y reclamos

La crisis humanitaria de Ceuta sigue coleando. La migración ha vuelto a ser un fenómeno empleado como arma geopolítica. La mayor parte de la Unión Europea, Estados Unidos, Israel y la extrema derecha nacional e internacional han aprovechado la situación para apuntar contra el Gobierno de España por no aplicar sus modelos de chovinismo en frontera.

Y esto es tan evidente como que no se promueve el mismo criterio con la migración venezolana y ucraniana que con las personas que llegan huyendo de conflictos en África subsahariana o en Oriente Medio.

Marruecos sostiene un reclamo territorial

El cambio de posición español en torno a la defensa del derecho internacional en el Sáhara Occidental, una vez se ha pasado por alto el porvenir de su población en territorio ocupado y en el exilio, presenta otra importante falla.

Y es el hecho de que Marruecos ha podido acceder a una normalización de relaciones sin hacer concesiones en los principales puntos espinosos de la relación bilateral. No ha habido reconocimiento de la soberanía española de Ceuta, Melilla, las plazas de soberanía españolas en el norte de África o las aguas de Canarias.

En el año 2021 se produjo el punto de inflexión con la crisis diplomática provocada por la estancia en España del líder saharaui Brahim Ghali. Hasta entonces, la relación se movía en la duda que Marruecos deliberadamente expresaba sobre la confianza que debían ganarse sus vecinos del norte si estos querían, a cambio, un control de fronteras externalizado.

De esta manera, cada episodio de paso migratorio en la frontera con España se convertía en una nueva baza negociadora para Marruecos. El propio Aziz Ajanuch, quien después sería primer ministro del país norteafricano, había vinculado el deseo de la Unión Europea de que Marruecos se ocupase de controlar los flujos migratorios con el interés de Rabat en que Europa aprobase el acuerdo que le daba el control de recursos agrarios y pesqueros saharauis en sus relaciones comerciales con el continente europeo. Por este motivo se han producido tantos esfuerzos de sortear los dictámenes de la justicia europea con modificaciones comerciales que beneficiasen a Marruecos.

Pero, después de la nueva gran concesión española sobre el Sáhara Occidental, seguida por la gran mayoría de países europeos, España esperaba abrir una etapa de genuino reinicio de relaciones. Es decir, que el compromiso de Marruecos con la frontera española fuera definitivo.

Sin embargo, España nunca consideró necesario exigir a Marruecos un reconocimiento de soberanía sobre Ceuta y Melilla. El propio ministro Albares lo ha comparado con la falta de necesidad de exigir un reconocimiento de soberanía sobre Burgos, Valladolid o Santiago de Compostela.

La migración ha vuelto a ser un fenómeno empleado como arma geopolítica

A pesar de esto, sí ha expresado la necesidad de que en Europa se entienda que, en materia migratoria, no se puede tratar la especificidad de Ceuta y Melilla como la de cualquier otra ciudad europea. Evidentemente, existe una incoherencia cuando se señala la falta de comprensión europea, pero no se es capaz de exigir a Marruecos algo tan básico como el reconocimiento de la integridad territorial española.

De colonias y apoyos

Lo que evidencia la diferencia de actuación de los distintos gobiernos y partidos de oposición con respecto a Marruecos es que importa, y mucho, quién hace qué y no tanto lo que hace. Si no hay una coherencia en los criterios empleados en política exterior, se corre el riesgo de perder la autoridad ganada en la crítica a Israel.

Ante la entrada de migrantes por Bielorrusia o Turquía hubo muchos más aspavientos, pero ni siquiera los partidos de extrema derecha más nacionalistas eran capaces de explicar quién estaba “invadiendo” o “atacando” España- más allá de poner el foco en los migrantes para promover políticas de militarización fronteriza y nativismo identitario.

De hecho, Marruecos no solo no ha reconocido que Ceuta y Melilla son españolas sino que las considera ciudades ocupadas. Del mismo modo han actuado diversas voces en Israel, acompañadas por vacilaciones en el oficialismo estadounidense.

Entendiendo a Marruecos, Israel y Estados Unidos como autoridades tradicionales en lo que a ocupación de territorios se refiere, pareciera presumible que el Sáhara Occidental, debido a su estatus protegido internacionalmente, apareciera primero en la lista.

Ceuta y Melilla no buscan ejercer un derecho de autodeterminación, no han funcionado como colonias, no reclaman un cambio en su estatus ni la independencia, ni mucho menos la anexión a Marruecos. En este caso, por lo tanto, el país con reclamos irredentistas se apoya en el controvertido derecho histórico y en la integridad territorial por encima del derecho de autodeterminación.

Más allá de que el límite aplicable a los reclamos históricos es difuso en el tiempo y en el espacio, la realidad es que Marruecos se ampara en reinos que existían siglos antes de la fundación del Marruecos moderno para exigir territorio perteneciente no solo a España y la República Árabe Saharaui Democrática, sino también a Argelia, Malí y Mauritania. El Gran Marruecos.

Este arma es de doble filo y podría haber propiciado reclamos por parte de España sobre los vastos territorios que controló en Marruecos en el pasado. Normalmente, este tipo de diferendos se suelen despejar a través del reconocimiento mutuo del statu quo o la renuncia mutua a reclamos sobre el otro país.

Sin embargo, lo que vemos es a una oposición que no señala a Marruecos por tratar de chantajear a España ni propone ningún cambio en la política exterior española respecto a su frontera sur, sino cambios en política migratoria y una mayor transparencia sobre el porqué del cambio de postura español. Esto es no tener proyecto de país.

Pero también vemos a un Gobierno que ha renunciado a que la cooperación con Marruecos, necesaria y esencial, implique abordar temas espinosos como el reconocimiento de la soberanía española sobre Ceuta, Melilla y las aguas canarias.

Dando por hecho que se ha abandonado a los saharauis y la defensa del derecho internacional en torno a ellos, el Gobierno español ni siquiera garantiza el paraguas de la OTAN sobre las ciudades autónomas. No es cierto que las ciudades estén cubiertas por el artículo 5 de la OTAN, ya que queda explicado en el artículo 6, donde se excluye a los territorios africanos.

España tampoco quiso hacer explícita su defensa en la cumbre de Madrid durante el debate sobre el flanco sur de la OTAN. Todas estas dudas, planteadas en nombre de la cordialidad, son nuevas bazas entregadas a un Marruecos que no renuncia a sus objetivos ni a sus estrategias, mientras hay personas que mueren al ser utilizadas como arma geopolítica y se desatienden políticas sociales para financiar megainfraestructuras deportivas.

Y el tiempo parece estar del lado de Rabat, en tanto en cuanto Israel, Estados Unidos, Emiratos Árabes, Francia y más potencias regionales buscan acercarse de manera estratégica al país magrebí, en detrimento de una España que ha perdido proyección de poder relativo en las últimas décadas.

_________________________

Alejandro López Canorea dirige el medio Descifrando la Guerra. Es antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.

Más sobre este tema
stats