Irene Lozano: "La IA nos devuelve una imagen amable de nosotros mismos que nos va a enloquecer"
Irene Lozano (Madrid, 1971) acaba de publicar Contra la bazofia digital (Península, 2026), un ensayo que, en plena revolución de la inteligencia artificial, propone una defensa del pensamiento humano, el criterio propio y la conversación real. Una obra reflexiva que, frente a la euforia tecnooptimista y la resignación acrítica, se adentra en un territorio incómodo: cómo los modelos de lenguaje alteran nuestra relación con las palabras, erosionan el diálogo interior y sustituyen la conversación humana por un sucedáneo.
Pero, por encima de todo, Contra la bazofia digital plantea una pregunta de fondo: ¿qué ocurrirá con nuestra capacidad de reflexionar y dar sentido al mundo si delegamos el pensamiento en las máquinas? Y ella misma responde: “La IA representa una gran amenaza, no por la tecnología en sí, sino por cómo está diseñada y, sobre todo, por cómo es la industria: varones blancos, enloquecidos, que van a toda prisa a no se sabe dónde mientras acapararán más poder. En este libro abordo cómo esta tecnología nos transforma. Mi conclusión es que nos afecta en todo: desde nuestro diálogo interior hasta las relaciones sociales, pasando por la realidad. La IA nos crea una realidad para cada uno, mientras el periodismo intenta (o intentaba, no lo sé) generar un consenso sobre lo real”.
El proceso de destrucción de la democracia es difícil de contar para los periodistas, porque son hechos aislados
En esta línea, explica Lozano a infoLibre que, como ensayista, para ella “pensar es como respirar”, por lo que no entiende la vida sin “pararte a pensar en ella, sin la autorreflexión y el autoconocimiento”. “Ya decía John Stuart Mill: “Es mejor ser un ser humano insatisfecho que un cerdo satisfecho; mejor ser un Sócrates insatisfecho que un necio satisfecho". Hay que luchar contra quien nos quiere ver menos humanos y más cerdos”, resalta, para luego apuntar que, justo por esto último, le resulta inspirador el lema de este diario, Somos resistencia: “Resistir siempre me parece bien, pero espero que lleguen pronto los tiempos en que la democracia pase a la ofensiva”.
Esto es imprescindible, a su juicio, porque ya estamos “en una sociedad que no distingue la verdad de la mentira, es decir, en una sociedad condenada a caminar hacia atrás”. “Sólo los hechos hacen avanzar a las sociedades complejas”, añade, al tiempo que resalta el valor del buen periodismo como herramienta para comprender e interpretar lo que sucede y defender la democracia. “Ese es el camino imprescindible”, afirma, aunque reconoce que los medios se enfrentan a un “contexto muy complicado en el que la gente ya no se informa como antes: “La información ya no tiene valor porque está por todas partes, ahora lo valioso es la atención. En este nuevo contexto epistémico hay que dar mucho más que noticias, como hace infoLibre”.
Hay que luchar contra quien nos quiere ver menos humanos y más cerdos
Continúa reflexionando Lozano al señalar que el periodismo, “por su propia naturaleza, siempre ha contado mejor los acontecimientos que los procesos”. “A mí, cada vez me interesan más los procesos, pero a menudo el periodista, si no tiene un hecho claro del que colgar un titular, no lo ve o no sabe publicarlo”, indica, poniendo a continuación un ejemplo del momento informativo que estamos atravesando actualmente en todo el planeta: “El proceso de destrucción de la democracia, por ejemplo, es difícil de contar para los periodistas, porque son hechos aislados”.
Y prosigue: “Los medios van a tener un papel muy relevante en la lucha democrática, son el canario en la mina. En EEUU, en esta segunda legislatura de Trump, se está dando un reajuste de los grandes medios y ciertos periodistas de larga trayectoria y prestigio, incluso despidos y marginaciones de algunos, además de operaciones empresariales. Esa reconfiguración del panorama mediático está estrechamente relacionada con la erosión de la democracia en ese país. El periodismo es una comunidad basada en la realidad, si la abandona, deja de ser periodismo. La tentación de abandonarla hoy en favor de los partidos políticos o de intereses empresariales y tecnológicos es enorme”.
Espero que lleguen pronto los tiempos en que la democracia pase a la ofensiva
A su juicio, en este contexto presente, el periodismo tiene una “enorme responsabilidad” cuando la gente no distingue opinión de hechos, puesto que, de hecho, el trabajo de los periodistas es precisamente mostrar la realidad cada día. Pero, claro, sucede que vivimos en un ambiente de ruido permanente por culpa de “las redes sociales y de los dirigentes políticos, que cada vez están más dispuestos a contar falsedades”, y en el que el “cinismo no aporta nada, salvo desesperación”. “La inteligencia es esperanzada, aunque el pesimismo tenga más prestigio intelectual”, apostilla, e identifica también como un peligro importante la “censura social”, ya que “se presenta disfrazada, en forma de autocensura”. “Quienes tenemos un altavoz, tememos perder seguidores, perder lectores, por una polémica. ¡Con lo divertida que es una buena polémica! La censura social está volviendo todo más plano y aburrido”, lanza divertida.
Por todo lo expuesto hasta aquí, subraya Lozano que un periódico tiene que ser una “brújula” y una “conversación exigente”, porque además de orientarnos, “nos da el calor y la cercanía de una referencia intelectual, que a veces nos satisface y a veces nos lleva la contraria”. “Es muy sano llevarles la contraria a los lectores. Nos estamos acostumbrando demasiado a los espejos. La IA nos devuelve una imagen amable de nosotros mismos que nos va a enloquecer”, advierte, antes de volver a la idea de resistir en tiempos revueltos: “Un periódico es resistencia cuando sigue creyendo en las modestas verdades de los hechos".
Los dirigentes políticos cada vez están más dispuestos a contar falsedades
Para llegar a esas modestas verdades de los hechos, cree que la pregunta principal que tienen que hacer los periodistas es “¿quién eres?”, para así “identificar bien a los poderosos”. Algo en lo que, en su opinión, estamos “fallando” en general y particularmente en España, donde el periodismo “a veces peca de partidista y se fija más en los partidos que en la política, incluso”. “Eso por no hablar de otros poderes: el tecnológico, el empresarial, el mediático…”, indica, recordando que en la relación con el poder, “lo más difícil de comprender es que el poder democrático es sólo una parte del poder”.
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“A menudo, a quien más vigilan los medios es a los gobernantes, con la justificación de que los hemos votado pero, ¿no deberíamos vigilar mucho más precisamente a quienes ni siquiera hemos votado?”, cuestiona, para después señalar como otro gran reto a superar la velocidad acelerada del oficio periodístico: “Vivimos una época de aceleración de todo. Ahora lo positivo es que cada vez tiene más cabida la velocidad lenta, precisamente por lo que decíamos antes: como la información ya está por todas partes, ahora los que nos interesamos por el mundo queremos la profundidad, la comprensión”.
La información ya no tiene valor porque está por todas partes, ahora lo valioso es la atención
Esto último es imprescindible mientras la ultraderecha trata de rebobinar hasta el “mundo del Antiguo Régimen” en el que “cada tribu tiene su verdad y cree más a sus chamanes y a sus líderes”. “Un mundo en el que la realidad no es algo reconocible y compartido, sino un dictamen del poder. Ha ocurrido antes en la historia, pero se nos ha olvidado”, avisa, para acto seguido rematar: “Que la ultraderecha sea negacionista no es una coincidencia, es constitutivo. Necesitan negar la realidad porque niegan la posibilidad de ir hacia delante, que se basa en los hechos, la deliberación y el ensayo-error. Proponen un imposible: volver al pasado. Si consigues que la gente crea que eso es posible, ya pueden creer todo. En eso están”.
*Irene Lozano es escritora. Acaba de publicar "Contra la bazofia digital". También publicó "Son molinos, no gigantes" (2020), libro que analiza el ecosistema actual de desinformación.