Inés Hernand: “Vivimos en un mundo de consecuencias sesgadas: Pablo Hasél en la cárcel pero no Vito Quiles”
Tiene Inés Hernand (Madrid, 1992) un empeño muy concreto este verano: demostrar que reorganizar una casa puede convertirse también en el primer paso para transformar la vida de quienes la habitan. Esa es la premisa de Ordena tu vida, el programa con el que la presentadora y abogada se cuela en nuestros hogares a través de La 1 de TVE cada jueves por la noche para hacernos una pregunta trascendental: ¿de verdad necesitamos todo lo que acumulamos?
Un interrogante que, en estos tiempos tan líquidos, se puede extrapolar a multitud de ámbitos de nuestras rutinas cotidianas. Porque acumulamos, entre otras muchas cosas, fotos que nunca volvemos a ver, conversaciones intrascendentes por WhatsApp, titulares de prensa tremendistas, comentarios fuera de lugar en las redes sociales… Amontonamos estímulos, en definitiva, en este mundo gobernado por el ruido superficial y con una alarmante merma del pensamiento crítico.
Es por ello que, además de animarnos a frenarnos para observar nuestras pertenencias y deshacernos de las que nos son inútiles, la comunicadora apuesta también por parar a observar todo lo que nos rodea más allá de las paredes de nuestra vivienda y hacer un ejercicio mínimo de introspección. “El valor que tiene detenerse a pensar parece casi un privilegio para todos aquellos que pueden estudiar algo en profundidad, contrastar, conversar”, apunta a infoLibre.
¿Por qué está usted pactando con Quirón? ¿Por qué se está privatizando? ¿Por qué tienen esta insistencia en la familia o en criminalizar a la persona migrante? ¿Por qué? ¿Por qué?
Hernand se refiere a cualquier ciudadano particular en general, y a los que se dedican al periodismo en particular, un oficio donde ve “muy difícil” esa labor de análisis por estar “muy precarizado”. “En general, la gente no está bien y ya vive muy hastiada de sus vidas, como para luego complicarlas más con ideas profundas. Ahí es donde la simplificación y el ataque a los instintos más personales es lo que parece que resulta más de acción directa”, apunta, tratando de dar explicación a esa fugacidad endémica que subyuga y resta valor al papel social y democrático de los medios.
“Estamos en un momento en el que, como decía Iñaki Gabilondo, cuando hay una inundación, lo primero que escasea es el agua potable. Hay que ser agua potable, y la única forma de serlo es a través de la comprensión y del espíritu crítico”, continúa, para después señalar que “en este capitalismo tardío, hablar de democracia ha caído en desuso al estar en manos de oligarcas tecnológicos”. “Y, aunque haya grietas para el periodismo independiente, lamentablemente estamos sujetos a un debate público en manos de empresas privadas”, añade, antes de apostillar que al lema de infoLibre, Somos resistencia, le pondría además una coletilla: “E insistencia”.
A su juicio, a pesar de la tendencia actual obsesionada por el click, “no hay camino corto en el oficio del periodismo”. “Pasa un poco igual que con las dietas milagro, es decir, 30 segundos no te van a dar ningún tipo de información en profundidad en relación a ningún tema”, asegura, reconociendo que “permitirse la pausa” no es algo que hoy esté “demasiado instalado” en la profesión: “Esto es bastante negativo y uno de los fallos estructurales y endémicos que estamos atravesando ahora mismo en el ámbito de la comunicación, donde, entre tantas voces y tanto ruido, hay tantas mentiras que se distribuyen. Con esa premisa, es más difícil hacer competitivo un periodismo de calidad”.
No hay camino corto en el oficio del periodismo. Pasa un poco igual que con las dietas milagro, es decir, 30 segundos no te van a dar ningún tipo de información en profundidad en relación a ningún tema
Por el camino, atrapado en esta dinámica de velocidad, superficialidad y desinformación, el periodismo se deja incontables cosas interesantes que explicar, pues “las lógicas de la última hora impiden, precisamente, que imaginemos, soñemos y construyamos futuro a través de historias inspiradoras”. “Hay muchísima gente poniendo mucha energía en hacer del futuro y del mundo un lugar habitable a medio plazo, pues eso queda completamente opacado por la inmediatez”, lamenta, mientras avisa, además, de que las “corrientes utópicas o filosóficas" que tienen que ver con los sistemas que habitamos van a tener que materializarse con bastante rapidez, porque los colapsos ya están ocurriendo a nivel climático y económico: “Pero parece que hay que esperar a que todo haga crack”.
Para tratar de evitar este colapso, apuesta Hernand por el “follow the money” (seguir el dinero). “Es decir, hay que preguntar ¿de dónde vienen todas las conexiones?, ¿por qué se toman ciertas decisiones?, ¿cuáles son los lobbies que financian las cosas que impactan de forma directa en nuestra vida?”, plantea. “Hay que seguir preguntando ¿por qué, por qué, por qué? ¿Por qué está usted pactando con Quirón? ¿Por qué se está privatizando? ¿Por qué tienen esta insistencia en la familia o en criminalizar a la persona migrante? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Hay que insistir mucho en esto”, remarca.
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En este contexto, reconoce que “nos hemos acostumbrado a que no haya consecuencias” por mentir descaradamente, aunque puntualiza: “No es solo que mentir salga gratis porque, claro, a ver qué es verdad y qué no según a quien le preguntes, pero sí que nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo, y yo no soy nada punitivista, en el que las consecuencias se ven completamente sesgadas; o sea, está Pablo Hásel en la cárcel, pero no está Vito Quiles”, denuncia, para acto seguido agregar: “Hay todo el rato como una especie de ausencia de amparo, con lo cual la gente dice: ‘Si esto es lo que me ocurre si hago esto o lo otro, pues ya está, tiro millas”.
Por último, Hernand admite que la forma más peligrosa de censura en nuestro tiempo es la “autocensura” que llevamos todos en los teléfonos móviles, con los que han logrado instalar en nosotros una “autovigilancia” basada en el “miedo al ridículo y al juicio ajeno”. Es aquí donde aparece para aportar un poco de cordura y equilibrio, de nuevo, el buen periodismo, sin el que habitaríamos un mundo “más manipulable”, donde habría “unas hostilidades, violencias y desigualdades mucho mayores”.
“Yo estoy aquí porque soy hija de la educación pública. Mi situación cambiaría si no tuviese acceso, gratuito y público o también de pago según el caso, a una información veraz y de calidad que me permita tener espíritu crítico”, añade, antes de rematar: “El periodismo tiene mucha responsabilidad, pero estamos ante algo estructural, un Leviatán mucho más grande que nosotros, que está también en la educación en las aulas. La falta de tiempo que tienen los padres para educar a sus hijos en esa ciudadanía crítica es un fallo estructural tochísimo”.