La preocupante banalización del saludo nazi en los espacios públicos

Elon Musk durante la concentración organizada con motivo de la segunda toma de posesión de Donald Trump, el 20 de enero de 2025; Steve Bannon y Eduardo Verástegui durante la CPAC (Conservative Political Action Conference) en Washington, en febrero de 2025.

Anass Iddou (Mediapart)

Precisamente frente a un lugar conmemorativo dedicado a las víctimas del terrorista Mohammed Merah fue donde cuatro personas decidieron hacer saludos nazis. La noche del sábado 8 de agosto, el grupo fue visto cerca de una sinagoga de Sarcelles (Val-d’Oise), frente a una placa que conmemora a las víctimas del atentado contra la escuela judía Ozar Hatorah de Toulouse, el 19 de marzo de 2012.

Dos jóvenes de 19 años, un franco-ucraniano y un ruso, fueron detenidos y posteriormente juzgados el martes 11 de agosto en Pontoise por apología del terrorismo. Ambos reconocieron haber realizado esos gestos: uno fue condenado a seis meses de prisión adaptada, y el otro a ocho meses de prisión efectiva, con mantenimiento en prisión preventiva hasta su expulsión del territorio francés.

El suceso se produce pocos días después de un incidente ocurrido en el Museo de la Resistencia y la Deportación de Besançon, donde dos personas realizaron el mismo gesto, el lunes 3 de agosto, ante la bandera del Tercer Reich. El museo ha registrado cuatro casos en 2024, cinco en 2025 y ya doce este año. “Cada vez que se comprueban los hechos, se presenta una denuncia, ya se trate de personas mayores de edad o menores”, señala Christine Werthe, adjunta a la Ciudadela, que gestiona el museo.

Por parte del ministerio público, Isabelle Rollet, vicefiscal de la República en Besançon, confirma que los hechos denunciados en el museo dan lugar sistemáticamente a una investigación. Los dos implicados fueron interrogados por los hechos más recientes a principios de agosto. El expediente debe remitirse ahora a la fiscalía, que decidirá las medidas a adoptar en función del perfil de los implicados.

Según las circunstancias, el saludo nazi puede dar lugar a un proceso por apología de crímenes contra la humanidad o incitación al odio racial, con penas que pueden alcanzar los cinco años de prisión y una multa de 45.000 euros. A pesar de este marco penal, el gesto reaparece con regularidad en los espacios públicos e incluso parece estar normalizándose.

Un espectro que se amplía

Para Stéphane François, historiador de las ideas y especialista en extrema derecha, esta banalización va de la mano de “un racismo y un antisemitismo sin complejos” que ocupan un lugar cada vez mayor en el espacio público. Las reacciones suscitadas recientemente por la llegada de varios miles de exiliados marroquíes a Ceuta constituyen un nuevo ejemplo de ello.

El 31 de julio, en Madrid, la activista de extrema derecha Isabel Peralta realizó un saludo nazi durante una concentración frente a la embajada de Marruecos. Coreó “Muerte al invasor”, y fue grabada, con el brazo extendido, entre los aplausos de sus seguidores. Luego, ella misma difundió el vídeo en las redes sociales, unos días después de que se confirmara su condena a un año de prisión por incitación al odio durante manifestaciones anteriores.

Sin ningún tipo de reparo, el saludo nazi y los comentarios racistas también se hacen patentes fuera de las concentraciones de la extrema derecha. En abril, durante un banquete del “Canon français” en Caen, que reunió a más de 4.000 personas, un periodista de France Inter presente en el lugar informó de comentarios racistas, entre los que se encontraba el eslogan “El cerdo hace huir”, en referencia a los musulmanes, así como un gesto similar al saludo nazi.

El humor es la mejor forma de banalizar 

Emmanuel Casajus, investigador y especialista en los códigos de los movimientos nacionalistas

La referencia al nazismo ya no se limita necesariamente al exterminio de los judíos. Tras la guerra, las corrientes neonazis ampliaron progresivamente esta visión a la defensa de una supuesta “raza blanca” y, con ella, a la denuncia de la inmigración. “Ahora, el objetivo también son los árabes y los negros”, explica Stéphane François, autor de El ocultismo nazi (ediciones CNRS, 2020).

En Guiche, en los Pirineos Atlánticos, este cambio de enfoque se puso de manifiesto en los hechos ocurridos durante la noche del 14 al 15 de marzo, en una fiesta organizada con motivo del partido Francia-Inglaterra. Dos hombres que llevaban camisetas con la inscripción “Gendarmería” se grabaron a sí mismos alardeando de haber “atrapado a tres moros”, y uno de ellos terminó el vídeo haciendo un saludo nazi ante la cámara.

Mariel Garrigos, fiscal de la República en el tribunal judicial de Bayona, indicó a Mediapart que se había identificado a los dos hombres. Serán juzgados el 8 de septiembre ante el tribunal correccional de Bayona por incitación pública al odio o a la violencia y por llevar ilegalmente un uniforme.

Un gesto de moda

Nicolas Lebourg, investigador y autor del libro ¿Han sobrevivido los nazis? (editorial Seuil, 2019), también constata que el gesto “se está poniendo de moda”. Un punto de inflexión fue el gesto realizado por Elon Musk el 20 de enero de 2025, durante la concentración organizada con motivo de la segunda toma de posesión de Donald Trump. Por mucho que Musk haya negado cualquier intención nazi y haya hablado de un gesto malinterpretado, resulta difícil separarlo del resto de sus posturas, él que, en particular, ha multiplicado las declaraciones a favor de la “raza blanca”.

En noviembre de 2023, el CEO de Tesla ya había respondido “Has dicho la pura verdad” a un mensaje antisemita publicado en su red social X, que acusaba a la población judía de favorecer la llegada de “hordas de minorías” para sustituir a la población blanca occidental. Unos meses más tarde, a finales de diciembre de 2024, rebautizó su cuenta de X como “Kekius Maximus” y adoptó como foto de perfil una versión de Pepe the Frog, que luego se ha convertido en un símbolo de la derecha alternativa (alt-right) estadounidense.

Emmanuel Casajus, investigador de la Universidad Paris-Cité y especialista en los códigos de los movimientos nacionalistas, ve en Musk una mezcla de “tecnofuturismo”, “supremacismo blanco” y “cultura troll”, a lo que se suma un lado “ultramegalómano”. El saludo de enero de 2025 se inscribe, según él, en “toda una ideología de la cultura geek”. El gesto no tardó en difundirse por Internet y convertirse en un meme (contenido ampliamente difundido y adaptado en la red), con imágenes generadas por inteligencia artificial, referencias a la Antigüedad romana o incluso guiños a 4chan, un foro estadounidense muy visitado por la extrema derecha.

Para Nicolas Lebourg, es precisamente esta posibilidad de jugar con el significado del gesto lo que alimenta la ambigüedad. “Se puede hacer un saludo nazi y decir que quien diga que es un saludo nazi es un imbécil”, explica el historiador. Antes de la aparición de estas culturas en las redes, las referencias se asumían de forma más directa y eran más difíciles de utilizar en contra de quien las denunciaba.

“Hay que entender que, para ellos, todo eso es una broma”, explica Emmanuel Casajus. “Pero no hay que olvidar que el humor es la mejor forma de banalizar”. Una defensa que recuerda a la ya esgrimida en torno a la “quenelle”, un gesto popularizado por el humorista Dieudonné M’Bala M’Bala.

Aunque sus simpatizantes lo presentan como un simple gesto humorístico o provocador, la justicia lo ha sancionado constantemente por su connotación antisemita cuando se realizaba ante lugares o símbolos vinculados a la comunidad judía.

Por su parte, el historiador Stéphane François se niega a considerar el saludo nazi como un gesto desprovisto de significado político. No faltan ejemplos. En febrero de 2025, durante la CPAC (Conservative Political Action Conference) en Washington, Steve Bannon, exasesor de Donald Trump, concluyó su discurso con un saludo nazi. En el mismo estrado, el actor y activista mexicano de extrema derecha Eduardo Verástegui también reprodujo el gesto.

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En Francia, Anthony Thoma, antiguo compañero de candidatura del partido Reconquista en las elecciones municipales de Mulhouse, fue condenado el 30 de julio a tres meses de prisión condicional por un saludo nazi realizado el 8 de marzo durante una manifestación por los derechos de las mujeres. Negó haber querido hacer ese gesto, a pesar de que se encontraron en su teléfono y en su ordenador varias imágenes relacionadas con la Alemania nazi. En Finisterre, Jean-Yves Queinnec, que fue candidato del Frente Nacional, abandonó por su parte una conferencia de la Liga de los Derechos Humanos en mayo de 2024 haciendo un saludo nazi y gritando Heil Hitler, tras pronunciar un discurso dirigido contra los inmigrantes.

El legado del nazismo no solo se refleja en los gestos y los símbolos, sino también en los discursos. Se manifiesta, en particular, a través de una reescritura de la historia, como cuando Elon Musk volvió a recordar el domingo 9 de agosto que Hitler habría sido un "socialista de extrema izquierda". Y esta batalla no se libra únicamente en el terreno histórico: también afecta a la forma en que concebimos la economía y el poder. A medida que los fracasos del neoliberalismo alimentan las críticas, una parte del capital busca ahora en la extrema derecha una respuesta alternativa, aunque ello suponga retomar ciertos resortes de la economía fascista.

Traducción de Miguel López

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