FALLECIDOS POR EL CALOR (III)
Los expertos no se creen que el calor solo cause el 0,3% de las muertes laborales en España
Mientras la mortalidad por calor crece rápidamente en el centro y el sur de Europa por el impacto del cambio climático, la cifra de fallecimientos laborales debido a los golpes de calor permanece casi congelada desde hace una década. En España, uno de los países más afectados por las altas temperaturas, estos accidentes de trabajo se cuentan cada año con los dedos de una mano. La estadística oficial del Ministerio de Trabajo solo reconoce 25 víctimas en su puesto de trabajo en la última década, el 0,34% de los 7.444 accidentes mortales ocurridos entre 2016 y 2025.
Los expertos en accidentes laborales no creen, en absoluto, que sea porque los empresarios están tomando medidas de prevención laboral para compensar los veranos tórridos, sino que hay un profundo problema a la hora de trasladar estos accidentes a las estadísticas. Mientras que los estudios sobre la relación entre la mortalidad y el cambio climático están muy avanzados en el área de salud pública, la salud laboral tiene todavía esa asignatura pendiente.
Sergio Salas, investigador en el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (Istas), considera que hay tres agujeros en el sistema que impiden contabilizar correctamente estas muertes: que a menudo no se establece una relación entre el calor y la enfermedad que causó la muerte, que el fallecimiento ocurre horas o días después de la exposición al calor y que las empresas suelen batallar para que la muerte no sea reconocida como accidente de trabajo. "Es difícil saber cuál de las tres tiene más peso porque no hay estudios al respecto, pero desde luego las estadísticas no reflejan la realidad", asegura.
Los dos primeros problemas radican en que no siempre es fácil determinar que las altas temperaturas están detrás de un desenlace fatal. Un golpe de calor es fácil de identificar porque el cuerpo se calienta muy rápido y no consigue enfriarse, y suele ir acompañado de mareos, confusión, enrojecimiento de la piel, entre otros síntomas. Pero el fallecimiento puede ocurrir hasta 72 horas después. "Si es por causas circulatorias puede ser inmediato, pero si es por causas respiratorias, neurológicas o renales, puede retrasarse hasta tres días", señala Julio Díaz, investigador del Instituto de Salud Carlos III.
Ese desfase entre la exposición al calor y el fallecimiento del trabajador provoca que, en muchos casos, la muerte quede registrada como consecuencia de un problema de salud fortuito. Quizás su cuerpo colapsó ese fin de semana haciendo deporte por el esfuerzo acumulado, o se desplomó en la ducha de su casa al día siguiente de trabajar en plena ola de calor. "Si no se hacen las preguntas adecuadas a la víctima, a su familia o a sus compañeros de trabajo, no hay manera de establecer una relación en esos casos", resume Salas.
Otra dificultad añadida en el diagnóstico es el amplio abanico de dolencias que puede desencadenar la exposición continua a altas temperaturas, de manera que cuando el paciente entra en Urgencias, no parece que sea víctima de una negligencia de su empresa, ya que el efecto del calor se camufla detrás de un cuadro clínico más complejo.
El título de un estudio de 2017 resume perfectamente este problema: 27 maneras en las que el calor puede matarte, publicado por la Asociación estadounidense de Cardiología. El trabajo describe que la exposición a las altas temperaturas –sin que se produzca necesariamente un golpe de calor– puede dañar hasta siete órganos (cerebro, corazón, intestinos, riñones, hígado, pulmones y páncreas), de cinco formas diferentes: isquemia, hipertermia citotóxica, inflamación, coagulación intravascular diseminada y rabdomiólisis.
"De 35 combinaciones posibles, encontramos evidencia médica de 27 vías diferentes por las cuales los mecanismos fisiológicos desencadenados por el calor pueden conducir a la insuficiencia orgánica y, finalmente, a la muerte", concluyen los investigadores.
Por ejemplo, la rabdomiólisis, que afecta normalmente a deportistas, se produce cuando el calor intenso degrada y rompe las células musculares, liberando mioglobina, una proteína tóxica que puede causar insuficiencia renal. Si ese proceso, en un caso extremo, acaba con la vida de una persona tres días después de haber cavado una zanja a pleno sol, no hay manera de relacionar la dolencia con su trabajo si no se realiza una autopsia y se investiga a la empresa.
Empresas que pelean para evitar que se considere accidente de trabajo
A las dificultades sanitarias se suma un problema que es tan antiguo como la legislación de prevención de riesgos laborales: las empresas tratan a toda costa de desligarse de la muerte de uno de sus empleados para evitar investigaciones de la inspección de trabajo o responsabilidades administrativas o penales por el accidente.
La ley determina que una empresa es responsable de todo accidente que ocurre en sus instalaciones, pero en sectores más propensos a accidentes es común que se trate de responsabilizar al trabajador: por no llevar el arnés colocado correctamente si se cae de un andamio o por no haber parado para refrescarse si estaba sufriendo una hipertermia.
Javier Pinilla, experto en salud laboral de Comisiones Obreras (CCOO) en la delegación de Industria de Madrid, trabaja en un sector con una alta mortalidad y explica que estas batallas legales son habituales. De hecho, la semana pasada presentó una denuncia a la Inspección de Trabajo a raíz de la muerte de un trabajador por un golpe de calor fulminante durante la construcción de una instalación eléctrica, en un día catalogado por ola de calor en Paracuellos del Jarama (Madrid). "Hemos denunciado porque hemos pedido el parte de fallecimiento y no nos lo dan. Creemos que no quieren reconocerlo", valora.
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El representante sindical asegura que esta pugna es su día a día. "Las empresas pelean para que no se reconozca su responsabilidad porque supone una inspección de trabajo, tener al comité de empresa encima de ellos…", explica. Por desgracia, añade, muchas de estas disputas terminan dando la razón al empleador porque la víctima no cumplía con todas las precauciones, aunque Pinilla subraya que esto ocurre por la presión a la que están sometidos. "En industria hay un alto porcentaje de víctimas en las que se determina que la culpa del fallecimiento es del trabajador. Está claro que es él quien se accidenta, pero es por las prisas, por la falta de medios adecuados o por la falta de formación", señala.
Un caso ocurrido el año pasado en Lleida retrata hasta qué punto están dispuestos a llegar algunos empleadores para librarse de la responsabilidad. Un temporero de 61 años falleció en Torres de Segre en agosto de 2025 por un evidente golpe de calor poco después de avisar a su encargada de que se encontraba mal. Sin embargo, esta le contestó que descansase debajo de un árbol en lugar de llamar a la ambulancia, según el relato recogido por El País.
Según cuenta ahora a infoLibre Mireia Martínez, abogada laboralista, la empresa llegó a argumentar a la Inspección de Trabajo que la víctima había bebido para culparla de lo ocurrido. "Le dijeron al inspector que estaba borracho y que el alcohol había agravado el shock por el calor. Por desgracia, es habitual que las empresas peleen hasta el final para evitar una responsabilidad penal", afirma.