Xove Nuclear No!: se cumple medio siglo de la autorización a la central que la protesta social tumbó
El 23 de agosto de 1976, hace 50 años, el BOE publicaba la autorización previa de la Dirección General de Energía del Gobierno de España a la asociación de empresas formada por FENOSA, Eléctrica del Cantábrico y Eléctrica de Viesgo para instalar una central nuclear en Regodola (Xove), decisión tomada el día 2 de aquel mismo mes. La central nuclear autorizada tendría una potencia nominal de 1.000 MW y un reactor de “agua ligera”. Vecindad de Xove presentó un recurso, pero fue rechazado nueve meses después.
La historia de la nunca construida central nuclear de Regodola comienza unos años antes, en diciembre de 1973, momento en el que se sometió a información pública la petición de autorización previa para la instalación de una central nuclear en el lugar por parte de la misma asociación de empresas. La iniciativa se enmarcaba en un contexto de impulso de la energía nuclear por parte de la dictadura franquista, que ya en los años 60 inició la construcción de las centrales de Zorita (Guadalajara), Garoña (Burgos) y Vandellós I (Tarragona), las centrales de primera generación.
En 1976, cuando se autoriza la central lucense, había tres reactores nucleares en marcha en España, otros tres en construcción y 15 más en proyecto. De hecho, la autorización previa de instalación de la central de Regodola se enmarcaba en el Plan Energético Nacional, que preveía que en 1985 habría 24 centrales nucleares en funcionamiento. Finalmente fueron solo diez, de las que únicamente siete siguen operativas.
En los años setenta se construyeron las centrales de segunda generación de Almaraz I y II (Cáceres), Ascó I y II (Tarragona), Cofrentes (Valencia) y Lemóniz I y II (Bizkaia), aunque la instalación vasca nunca llegó a entrar en servicio, debido a la fuerte oposición social en su contra y, finalmente, a la moratoria nuclear decidida por el gobierno de Felipe González en 1984. La oposición social también paralizó, ya en 1974, un proyecto en Águilas (Murcia), sobre el que existían grandes cautelas debido al riesgo sísmico que presenta la zona.
A una tercera generación pertenecen las centrales de Trillo (Guadalajara) y Vandellós II (Tarragona), cuyas obras comenzaron en 1979 y 1980, respectivamente, y cuyos proyectos fueron contemporáneos al de la central de Xove, que también se incluiría en esta tercera generación de proyectos nucleares. La moratoria nuclear de 1984 paralizó el proyecto de Lemóniz, pero también los de Sayago (Zamora) y Valdecaballeros (Badajoz), así como la prevista construcción de un segundo reactor en Trillo, además de la central de Xove.
Hay que decir que cuando en 1973 se sometió a información pública la petición para instalar una central nuclear en Xove, la oposición social en la zona fue pequeña. Por un lado, por supuesto, España era aún una dictadura y la movilización social estaba necesariamente limitada, lo mismo que el acceso a la información. Pero, además, la visión que en ese momento se tenía de la energía nuclear no era necesariamente negativa e ignoraba muchos de sus peligros. Además, se prometía la creación de dos mil puestos de trabajo en la zona, que finalmente fueron recortados a unos 200.
En aquel tiempo, con partidos políticos aún ilegales, la acción informativa de agrupaciones culturales como Sementeira, creada en Viveiro en 1972, fue fundamental en el progresivo proceso de concienciación de la población, lo mismo que la realizada por el Club Cultural Valle Inclán de Lugo. También lo fue la actividad de difusión realizada por expertos en energía nuclear como el ingeniero de Telecomunicaciones Pedro Costa Morata, que ya en 1974 participó en una mesa redonda en la Facultad de Económicas de la USC. O informaciones y detalles que poco a poco se iban conociendo sobre el proyecto, como el hecho de que la refrigeración de la central se iba a hacer en la propia agua de la ría, lo que despertó los temores sobre los efectos perjudiciales que esta podía tener para la pesca.
Otra figura particularmente importante —probablemente la que más— en el proceso de movilización de la ciudadanía contra la instalación de la central nuclear fue la compostelana Pencha Santasmarinas, técnica de extensión agraria y maestra de formación, que en ese momento trabajaba como agente de economía doméstica en la oficina de Extensión Agraria de Viveiro. Con poco más de treinta años lideró la concienciación y la movilización de toda una comarca ante el peligro nuclear, realizada en buena medida a través de los Comités de Axuda á Loita Labrega y de las Comisións Labregas, germen del Sindicato Labrego Galego, legalizado en la primavera de 1977.
Un momento trascendental en la lucha contra la central nuclear de Xove fue el debate abierto organizado en la antigua sala de fiestas de Verxeles, en Viveiro. Allí participaron representantes de Fenosa, impulsora de la central nuclear, y activistas contrarios a la misma, así como expertos en diferentes materias, que alertaron sobre los efectos perjudiciales de la central. El debate, al que asistieron cerca de dos mil personas, fue toda una victoria para el movimiento de oposición a la central.
Otro elemento que contribuyó a alimentar el rechazo fue el descubrimiento de una falla geológica en el terreno en el que se proyectaba construir la central y que incrementaba el riesgo sísmico en el lugar, especialmente peligroso para una instalación nuclear.
El 10 de abril de 1977 más de cinco mil personas —ocho mil según la organización— participaron en la marcha
Con todo este creciente ambiente contrario, en los primeros meses del año 1977 las Comisións Labregas convocan una movilización contra la central de Xove. La manifestación no fue autorizada por el gobernador civil, así que los convocantes decidieron organizar una marcha que recorrería los 11 kilómetros que separaban Viveiro de Regodela. Así se hizo: el 10 de abril de 1977 más de cinco mil personas —ocho mil según la organización— participaron en la marcha, en muchos casos después de pasar la noche, como pudieron, en Viveiro, ante la previsión de que ese mismo 10 de abril las carreteras de acceso estuviesen cortadas o llenas de controles policiales.
La movilización más importante correspondió a la AN-PG, que congregó a militantes llegados desde toda Galicia, mayoritariamente jóvenes, con pancartas con lemas como “Galicia es nuestra y no de Fenosa” o “Xove Nuclear No”, el mismo texto que se podía leer en el icónico cartel diseñado por Pepe Barro. La marcha de Xove en abril, precedida de la lucha de As Encrobas en febrero, fue seguida en mayo por la gran manifestación en Carballo en favor de la recuperación de las marismas de Baldaio para el dominio público. Tres movilizaciones que contribuyeron a incrementar la masa social del nacionalismo y en las que se unían reivindicaciones ecologistas y por el territorio con la demanda de democratización.
La movilización en Xove fue un innegable éxito, pero la pelea política marcó el final de la marcha
La movilización en Xove fue un innegable éxito, pero la pelea política marcó el final de la marcha, con enfrentamientos verbales entre militantes nacionalistas, particularmente de la UPG, y del PCG, después de que no se les permitiese a estos últimos tomar la palabra. Desde el nacionalismo se acusaba a los dirigentes del Partido Comunista de buscar notoriedad en una movilización que en los años anteriores había sido liderada por la AN-PG y las Comisións Labregas. Parte del conflicto partía del hecho de que el día anterior —el 9 de abril de 1977— se había anunciado la legalización del PCE, mientras que otras muchas formaciones, comenzando por la UPG, permanecían en la ilegalidad.
Al final de la marcha tomaron la palabra varios representantes de las Comisións Labregas, como Emilio López Pérez —Milucho—, además de representantes de las Comisións Labregas de As Encrobas, que habían acudido en solidaridad, o el propio Moncho Valcárcel, que destacó que “vinimos a luchar contra el imperialismo y no queremos seguir siendo colonia de nadie”. Otro labrador destacó en su intervención que “esto es una muestra de que los labradores gallegos sabemos que unirnos contra los caciques, contra los que nos explotan, es imprescindible para nuestra victoria”.
La revista Teima, que había dedicado su número 3 a las movilizaciones contra la central nuclear de Xove, incluyó en su número 19 un editorial escrito por Xavier Navaza que bajo el título de Los nuevos mesías se mostraba muy crítico con el “arribismo electoralista” pero sobre todo con la “intemperancia e intransigencia” de la UPG. El texto reclamaba unidad de la izquierda “sin mesianismos, sin salvadores predestinados, sin boicots”. El editorial fue muy mal recibido en la UPG.
Dos años después, el 20 de mayo de 1979, la AN-PG organizó otra marcha igualmente multitudinaria contra la central, en la que se juntaron cerca de 10.000 personas, que recorrieron los diez kilómetros que separan Viveiro de la playa de Esteiro en Xove en una fila de unos dos kilómetros de largo. Al final de la marcha intervinieron representantes de la UPG —Bautista Álvarez—, AN-PG —Lois Diéguez—, Comisións Labregas —Bernardo Fernández Requeijo—, ING —Francisco García—, ERGA —un jovencísimo Néstor Rego, aún estudiante de bachillerato en Viveiro—, ADEGA —el biólogo Xosé Luís Fontenla— o del comité antinuclear.
Dos años después, el 20 de mayo de 1979, la AN-PG organizó otra marcha igualmente multitudinaria contra la central, en la que se juntaron cerca de 10.000 personas
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La oposición social se unió a la del propio Concello de Xove, especialmente después de las primeras elecciones municipales, celebradas el 3 de abril de 1979. En esos comicios fue elegido Jesús López González, que se presentó en una lista independiente y que en realidad ya venía ejerciendo como alcalde desde el año 1975, nombrado por la dictadura. López González, nada sospechoso de ser un izquierdista —entre 1983 y 2007 gobernó bajo las siglas de Alianza Popular y el Partido Popular—, le denegó a Fenosa la licencia de obra en 1979, atendiendo al rechazo social mayoritario a la central nuclear y a las dudas que despertaba esta energía entre la población.
Poco a poco el proyecto de la central nuclear fue perdiendo su impulso debido a la constante presión social en su contra y a la creciente concienciación de la población contra esta energía, incrementada después del accidente en la central de Three Mile Island, en Pensilvania (Estados Unidos), el 28 de marzo de 1979, momento en que uno de sus reactores sufrió una fusión parcial de su núcleo, poniendo en riesgo de muerte a la población que vivía en el entorno.
El PSOE llegó al poder en 1982 llevando en su programa electoral la promesa de la limitación de la energía nuclear. Así lo hizo, con una moratoria nuclear en 1984 que paralizó la construcción de nuevas centrales —a cambio de una importante compensación económica a las eléctricas— y que se completó con una ley posterior en 1994 que hizo definitiva la moratoria. La de Xove, que aún estaba en proyecto, fue uno de los proyectos que nunca se convirtieron en realidad. Fue finalmente una decisión política, pero previamente la movilización popular había conseguido durante años aplazar y paralizar la central.