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Entrevista

Sergio C. Fanjul: "El problema de las redes sociales es que pensamos que son un espacio privado"

  • El poeta publica en La vida instantánea sus posts de Facebook escritos cada día a lo largo de un año, a medio camino entre el diario y la columna de opinión
  • Ante un "público cautivo" de cinco mil amigos y evaluado por los likes, el escritor recoge desde los paseos por el barrio hasta la última hora de los medios

Publicada el 05/11/2018 a las 06:00 Actualizada el 05/11/2018 a las 20:49
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El periodista y poeta Sergio C. Fanjul.

El periodista y poeta Sergio C. Fanjul.

EP
Facebook tiene más de dos mil millones de usuarios, y a todos ellos se dirige el poeta Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980) en sus posts. O al menos a sus cinco mil amigos. Cada día de 2017 iba dejando en sus feeds, en sus muros, en sus pantallas el mensaje del día, que podía tratar hoy la llegada de los pantalones cortos, mañana la gentrificación del barrio de Lavapiés, en Madrid, donde vive, y pasado el verbo florido de Mariano Rajoy. Todos esos textos —a medio camino entre el diario y la columna de opinión—, o casi, se convierten ahora en el libro La vida instantánea, publicado por Círculo de Tiza con prólogo de Sergio del Molino.

Y aunque en la cubierta Fanjul se pregunte por el post de Facebook como género literario y Del Molino le corone como "representante de esa juventud destruida por la crisis", el también periodista se sincera: "Me dije, voy a aprovechar el tiempo que gasto en Facebook, que es mucho, y voy a intentar hacer algo productivo". Los textos, o los posts —si es que pueden seguir siéndolo impresos sobre páginas numeradas—, conservan ese mismo espíritu. La honestidad del dietario, la mala baba del comentario de actualidad, las referencias a las pequeñas miserias de la vida cotidianacoworking, manzanas de supermercado, el ¡Hola!— que son marca de la casa y pueblan desde sus textos en prensa hasta Pertinaz freelance, su último poemario, publicado en 2016. 

Pregunta. ¿Fue un ejercicio de constancia?

Respuesta. Sí, me propuse escribir cada día. Porque yo en el fondo querría ser como Umbral, tener mi columna diaria y escribir lo que me diera la gana. Pero claro, eso es imposible si no eres Umbral. Sobre todo si cuentas cosas personales, que ni siquiera tienen interés público. Y dije: si no lo puedo hacer en ningún sitio, lo haré en el Facebook. Porque hay un público cautivo: toda la gente que está enganchada. Todos esos escritores que están quejándose por ahí de que no tienen dónde escribir, que vayan a Facebook, que hay un montón de gente mirando. Y es además un público muy heterogéneo. Yo tengo alrededor de 5.000 amigos, y hay gente del mundillo literario y periodístico, pero también mis familiares, gente que ha aparecido ahí de no sé dónde, amigos de amigos… Gente también que no lee ni está acostumbrada a leer. Y a mí me han dicho: oye, no sabía que leer era divertido. Yo les digo que también hay libros y eso, que pueden probar.

P. Siendo Facebook cada vez menos interesante para los adolescentes, ¿escribir un diario en esta red social es más millennial o más viejoven?

R. Echo de menos cuando estábamos solos en Facebook. Ahora tengo a mi madre en Facebook, no puedo decir lo que quiera. Y yo al final no sé ni qué redes usan los jóvenes.

  P. ¿Escribir para la madre de uno y para el último de los desconocidos condiciona la escritura?

R
. Acostumbrado a escribir en los periódicos, ya sabes que te puede leer cualquiera. Tengo mis filtros, pero no pienso mucho en quién me va a leer.

P. Pero Facebook está a medio camino entre un espacio público y uno privado, no es como las páginas de un periódico.

R. Sí, es extraño. Y además mi Facebook está en abierto. De ahí viene el problema de las redes sociales, de que pensamos que son un espacio privado, pero no lo son. Hay que decir en las redes sociales lo que dirías en cualquier sitio público. No estás en tu casa.

P. Sabiendo que tenía que escribir un post diario, ¿iba por la calle cazando columnas, como dicen que hacen los autores de opinión?

P
. Teniendo dónde escribir me lo paso mejor. Cuando hago viajes, siempre voy contando partes de él. Y los disfrutas más: te obligas a pensar en los sitios, conocer las cosas, interesarte. No vas como un mero turista, sino como alguien que tiene que tener una opinión, pensar sobre algo, cazar. Algunos escritores dicen que se van de Facebook porque les vampiriza y es la dictadura del like, pero para mí siempre ha sido muy satisfactorio, en la escritura pero también en la vida. Siempre digo que con Facebook vivo más intensamente... ¡Parezco un anuncio!

P. ¿Un libro patrocinado por Facebook?

R. No, pero de verdad, a raíz de ponerme a hacer esto, a mi alrededor otros conocidos empezaron a hacer lo mismo. Y ahora parece que está mejor visto escribir largo en redes. Es muy enriquecedor.

P. Habla de la dictadura del like, y justamente en el libro figuran, al lado de la fecha de publicación, los likes que tiene cada texto. ¿No se va buscando, inevitablemente, la aprobación?

R. Es inevitable. Podría decir que no me importan los likes, porque yo no iba buscando los likes sino escribir un libro. Pero cuando vas recibiendo likes, engancha. Y si tienes muchos likes no es que te alegre, pero si tienes pocos sí te jode. Adaptación hedonista. Y, como con los artículos de prensa, nunca sabes lo que va a funcionar: a veces puedes hacer algo que crees controvertido y con punch, y nada. Y otra cosa que piensas que no, pues gusta mucho. Lo de indicar los likes era por hacer patente que eran estados de Facebook y no un dietario. Y para que la gente pueda comparar su gusto con el gusto popular.

P. ¿Sabe de memoria cuáles han tenido más likes y cuáles menos?

R. No lo sé. De verdad que no. [Entre los que más, con más de 300 likes, están comentarios sobre su cumpleaños, los atentados de Barcelona, Juana Rivas o La Manada. Entre los que menos, con alrededor de 40, textos sobre su viaje a México,  un ninja o los parques de Usera.]

P. Pero los likes también dependen de la hora.

R. Claro, al final adquieres ciertas dotes de community manager. Sé que es mejor publicar por la mañana temprano, tampoco mucho más. Cuando estaba en México, calculaba siempre la hora española para ponerlo por la mañana. Es un trabajo. Ahora, cuando estaba en Nueva York, Liliana [Liliana Peligro, poeta y otra mitad del dúo Los Peligro, también su pareja] me decía: “Pero deja eso ya, ¡menuda servidumbre!”.

P. ¿Sigue con el proyecto de publicar un post al día?

R. Ahora me he relajado, y de hecho este 2018 ya no daría para libro. El próximo tendría que ser de varios años.

P. Aquí el único parón que hace es el de los atentados de Barcelona, cuando se toma cinco días de silencio.

R
. Sí, porque ahí me harté, me harté. Además aquellos días estaba escribiendo mucho, porque estaba de vacaciones en Portugal y aprovechaba. Pero me asqueó mucho todo aquello. La gente empezó expresando solidaridad y condena en las redes, pero al final acabó en guerra civil. Luego salí en plan moralista: "Todos muy mal menos yo”. De hecho, pensé en quitar algunos posts que, pasado el tiempo, no ves igual. Por ejemplo, hice una loa de Juana Rivas muy fuerte. Me pareció, en un primer momento, un personaje novelesco. Y a día de hoy sigo apoyando a Juana Rivas de alguna manera, pero soy consciente también de que ha incurrido en ilegalidades y de que no es una heroína como yo la pintaba ahí. Hay cosas que, desde la distancia, las hubiera quitado. Pero no, solo he quitado los que de verdad pensaba que no tenían interés.

P. ¿En algún momento se planteó incluir los comentarios?

R. Lo hablé con la editora, pero era un lío. La mayoría de los comentarios, además, son de apoyo.

P. ¿Y no tuvo el impulso de contestar a algún comentario con otro post?

R. Me sucedió algo parecido pero ya hace poco, en 2018. Conté en un post que mi casera había contactado conmigo porque se me acababa el contrato. Me dijo. “Habrás visto cómo está el barrio, ¿no? Pues no te voy a subir el alquiler por razones éticas”. Yo flipé. Aunque sabía que ella era sindicalista y que debía ser solidaria de alguna manera. Total, que lo conté en Facebook y tuvo un éxito de la hostia. En los comentarios, salieron un montón de experiencias tanto de gente a la que habían echado como de gente a la que no, que tenía caseros responsables, digamos. Vi que interesó, lo comenté en el periódico [El País, donde es colaborador] y se convirtió en un reportaje. Fue un éxito tanto en el Facebook como… como en el mundo real.

P. Si se usan los likes para que no parezca un diario, ¿qué diferencia hay entre esto y un diario, si se supiera que el diario también lo van a publicar?

R
. Creo que quizás el hecho de que cada pieza se tenga que sostener por sí misma. Eso implica que tenga que tener más enganche, como una noticia de periódico. Aquí cada post se ha sometido a escrutinio público por sí mismo, y han pasado ya una criba: los peores no están. Y a partir de esto me salió dar un cursillo en [la escuela de escritura] Fuentetaja. Yo no sé cómo es esto, dije yo, que no sé qué género es el post. “Bueno, pues os ponéis y lo descubrís”. Vinieron ocho alumnos, muy buenos, muy interesados, y durante dos meses, todos los lunes, estuvimos haciendo prácticas en Facebook en un grupo privado que nos hicimos. Lo que intentamos era definir el post de Facebook como género literario. Lo que vimos era eso: que tenía mucha inmediatez y que podía contener muchos géneros, columnismo, diario personal, literatura de viajes, microrrelatos… El post de Facebook es un contenedor vacío, y eso es lo que mola.

P. Pero en Facebook uno asume, como en un diario, que lo que se cuenta es verdad. ¿No tuvo reclamaciones con esos microrrelatos?

R. En ningún caso he escrito nada que sea mentira, en el sentido de fake news. Pero hay textos falsos. Como uno, que es un cuento de una pareja que se ponen una gorra de andar por casa. Yo nunca he tenido una gorra verde oliva de andar por casa. Y luego puede haber una exageración, pero no me he inventado casi nada.

P. ¿Entonces Manuela Carmena le abrazó por la calle, como cuenta?

R. ¡No, eso también es falso! Bueno, sí que vi a Carmena, pero no me dijo que me fuera a poner una calle. Como estaban con la avenida del General Fanjul…

P. ¿Alguna relación con él?

R
. Pues sí, no directa, pero era pariente de mi abuelo, creo. Y como le querían quitar la avenida, con razón, pues fantaseaba con decirle a Carmena que si me ponía a mí la calle no tenía que cambiar la señalética.

P. Pertinaz freelance, su anterior poemario, comparte imaginario con este libro. ¿Considera que ese universo del freelance solitario y del supermercado 24 horas es el suyo? ¿Lo podrá abandonar algún día?

R
. Yo creo que no voy a tener un contrato en mi vida, porque me he encasillado en lo del freelance. Nadie piensa en contratar a Fanjul. ¡Porque llevo diez años y nunca me han ofrecido, no sé, algo! Y hay gente que hasta me pide citas para que les explique qué se hace para ser freelance. Y del supermercado… Antes de este tenía el proyecto de Encuentros con la cultura en el Carrefour de Lavapiés, donde me iba encontrando a gente. Debe de ser lo más grande que he hecho nunca: iba a las fiestas de la Feria del Libro y la gente, en vez de preguntarme por mis libros, me hablaba del Carrefour. El Carrefour de Lavapiés es mi Macondo.

P. ¿Por qué, si se supone que hace décadas que lo cotidiano entra dentro del campo de la poesía, sorprende aún que se dediquen versos a hacer la compra o pagar el IVA?

R. Pues porque se hace poco. Cuando comenzaron las redes sociales y las nuevas tecnologías se abrió un debate sobre si en el teatro o las novelas podían aparecer los smartphones o el Whatsapp. Porque el texto se iba a quedar viejo cuando envejecieran esas tecnologías. Y lo mismo me han dicho a mí: “Cuando desaparezca Facebook, ¿qué?”. Pero si lees el primer párrafo del Quijote, está lleno de tecnología de la época que hoy desconocemos, y es universal. No creo que tenga nada que ver que hables del Facebook o del Carrefour para que tus poemas sean mejores o peores. No creo que el poema "MacDonald’s" de Manuel Vilas vaya a envejecer mal: al contrario, va a ser testigo de una época. Igual que se lee Las uvas de la ira para comprender el crack del 29.
 
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