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Manuel Vicent: "La derecha siempre ha tratado a la izquierda como el amo del cortijo trata al aparcero"

  • En Ava en la noche, el escritor retrata el espejismo del pequeño Hollywood que se instaló en el Madrid de la dictadura a mediados de los cincuenta
  • Frente al glamour del Chicote, Vicent recuerda el crimen de Jarabo, hijo de la alta burguesía, estafador y asesino, condenado a garrote vil en 1959

Publicada el 15/06/2020 a las 06:00
El escritor Manuel Vicent.

El escritor Manuel Vicent.

Cristóbal Manuel / Ediciones El País (PRH)

Manuel Vicent (Villavieja, Castellón, 1936) dice que ha pasado el confinamiento razonablemente bien. Vive en un chalé con su patio, cuenta, donde por lo menos hace un poco ejercicio. "Pero el problema del confinamiento es mental", señala por teléfono. "Esto que dicen que los escritores siempre estamos confinados y que por lo tanto estamos acostumbrados... Eso no es verdad. El escritor tiene que salir, porque la creación se nutre de vivir, y de vivir fuera". Su nueva novela, Ava en la noche (Alfaguara), se libró por los pelos de quedar encerrada en las librerías: tenía que salir el 26 de marzo, a tiempo para la campaña primaveral, las ferias del libro y las compras de verano. Se edita ahora, en un mundo completamente distinto a aquel en el que fue escrita. A cambio, Vicent contesta desde casa a los periodistas. Algo es algo. 

El mundo de Ava en la noche queda muy, muy lejos de este 2020. Estamos en el Madrid de finales de los cincuenta, que era el Madrid gris de la dictadura y los barrios hambrientos, pero también era otra cosa: una extensión de Hollywood en la que reinaba Ava Gardner, con el Chicote, el Hilton, Lana Turner, Frank Sinatra... Otro mundo. Y también ahí el reverso de la moneda, el lujo y la riqueza tocados por la oscuridad: José María Jarabo Pérez-Morris, hijo de la altísima burguesía, socialite, bon vivant, estafador y, finalmente, asesino, ejecutado a garrote vil en 1959. Dos Españas de sombras chinescas que funcionan de manera similar a los universos que se cruzaban en su anterior novela, la ácida La regata. Aquí, el protagonista, un estudiante de Derecho valenciano recién llegado a Madrid, podría parecer un trasunto de Vicent, con el que comparte varios rasgos biográficos. Pero quizás también eso sea solo un espejismo. 

Pregunta. En Ava en la noche describe la presencia casi mítica de la actriz en aquel Madrid. ¿De qué era símbolo entonces?

Respuesta. En ese momento, Ava Gardner era el símbolo de una libertad que se le negaba a los españoles. Ava ejercía esa libertad de manera absoluta, sin darse cuenta de que la ejercía en medi de una dictadura. Era una libertad casi como espectáculo, como una seducción o una fascinación. Los españoles se limitaban a contemplarla como un espectáculo. Era la misma que ejercían los actores y actrices de Hollywood y de los distintos países, que venían a rodar aquí, celebraban sus fiestas, y la gente común, la gente subalterna y tributable, se limitaban a ver cómo se divertían. De hecho, ese ha sido un modo peculiar durante siglos en España: la diversión de los pobres ha sido contemplar cómo se divertían los ricos. Ese era el mito de Ava Gardner. En la novela se desarrolla como un mito inalcanzable, como la propia libertad. Está y no está, acaba de salir, no ha venido todavía, enseguida vendrá. Algo inalcanzable que se alejaba en el momento en que creías acercarte a ella. Es una metáfora, porque el protagonista de la historia no llega a verla nunca.

P. Pero usted sí llegó a verla, algo más tarde, ¿no?

R. Sí, sí, fue más tarde, en el Oliver una noche... Pero no le di ninguna importancia, porque, aparte de que por entonces no me interesaba mucho, el mito estaba ya desactivado, todo el limón estaba exprimido ya. Alguien dijo: "Mira, ahí está Ava Gardner". Pues nada.

P. Insiste en que ella se divertía, como otros actores, sin ser consciente de que lo hacía en una dictadura. Ahora quizás eso nos parezca cuestionable, pero entonces ¿se le criticaba esto, había cierta oposición?

R. No, no. Algunos, por supuesto sí, los más concienciados políticamente o quienes estaban en la lucha clandestina. Pero era algo de otro mundo. Todas esas fantasmagorías que los chavales veían en las pantallas, resultaba que todos esos héroes eran de carne real y mortal en aquel Madrid de la noche. Tú podías ver a Audrey Hepburn o a Rita Hayworth o a Gary Cooper, y era... era un horizonte inalcanzable. No llegabas a protestar ni nada, era una fascinación más. Otra forma de adoración.

P. Por una parte, estas figuras desafiaban toda la moralidad franquista, pero por otra parte funcionaban como propaganda.

R. Claro, ellos estaban muy protegidos por la policía, e incluso a los periodistas no se les permitía acercarse demasiado a ellos, y mucho menos sacar escándalos. A la dictadura le servía: mirad, Hemingway, aquel que vino con la Guerra Civil al bando republicano, y aquí está, tomando vino en la Cervecería Alemana, o aquí en Botín tomando cochinillo, o en los toros en Pamplona; aquí está Gary Cooper, el de Por quién doblan las campanas, pues aquí está, bailando en el Hilton. Estaban también vigilados, claro pero se les dejaba hacer porque daban muy buena imagen.

P. En una novela con Ava Gardner en portada, el lector puede esperar un cierto glamour. Pero lo que nos encontramos en las primeras páginas es un ajusticiamiento con garrote vil. ¿Cómo existía ese pequeño Hollywood entre tanta miseria?

R. El caso de Jarabo fue muy famoso. El hecho de que ajusticiaran con garrote vil nada menos que a un tipo que había estudiado en el Colegio del Pilar... Agarrotar a un pilarista, en los años cincuenta, era una cosa explosiva. ¡Un vástago de la oligarquía madrileña, sobrino del presidente del Tribunal Supremo! Eso era una sombra oscurísima en aquel Madrid de las fiestas y los artistas de Hollywood. El contraste, desde luego, es muy violento. Porque el glamour era una pantalla.

P. En el proceso de escritura, ¿cuándo llegó la idea de insertar el crimen de Jarabo?

R. Yo conocí el crimen, la experiencia del protagonista es la mía. Yo estaba estudiando en València y el defensor de Jarabo era el catedrático mío de Derecho Penal. Él, en nuestras clases, nos contaba todos los pormenores tanto del crimen como de la defensa y el juicio. Yo lo vivía lleno de fascinación, en ese momento penal, porque este hombre puso de moda la teoría del psicópata como atenuante. Por otra parte, aunque en València había crímenes —el del Cine Ideal, la envenenadora...—, lo de Madrid sonaba como una especie de modernidad delictiva. Eso sí que son verdaderamente criminales, nos decíamos, no los de València, que son como crímenes pasionales, muy poco sofisticados. Cuando llega el protagonista a Madrid, se encuentra con la doble fantasmagoría: por una parte, el rumor casi literario de que Jarabo no había sido ejecutado realmente, sino que se había salvado y sobrevivía; por otra, el fantasma de Ava Gardner, que estaba en su momento de máximo esplendor nocturno. Alguien que presumía de haberle encendido un pitillo a Ava Gardner, ese ya había hecho su biografía. Y no digamos el que había subido con ella en el ascensor del Hilton.

P. Entonces el lector tiene razón al sospechar que tras el protagonista se esconden algunas de sus experiencias biográficas.

R. Son experiencias... ¿Es real todo lo que se cuenta? Pues es verosímil, no real. La realidad, en las novelas, destruye la imaginación. El protagonista vivió lo que yo viví también, de una forma distinta. Él quiere ser director de cine, y no sé si lo consigue al final, y yo me dediqué a escribir. Ya está.

P. ¿Qué queda de aquel Madrid, de ese pequeño Hollywood?

R. No queda nada, absolutamente nada. Aquello era mujeres imposibles, héroes en las sombras y una férrea dictadura y una lucha clandestina y también emocionante, las juergas y las luchas... Había una doble alcantarilla, una alcantarilla de conspiración y otra alcantarilla de alcohol. Después esos dos mundos llegaron a cruzarse, ya alrededor de la muerte de Franco. En ese momento se producía un hecho muy evidente, que es que la dictadura había sido ya quebrada por la clase media. El hecho de que un aparato como el 600 te permitiera moverte, quebrar el tiempo y el espacio... Yo siempre lo he repetido mil veces, que para mí Franco murió atropellado por el 600. Que falleciera diez años después no es más que la causa biológica. La dictadura estaba quebrada ya por esas conquistas pequeñas de placeres cotidianos, de sueños que se estaban realizando, y eso rompió el espinazo de la dictadura. El impulso hacia ese horizonte de libertad era muy fuerte. En parte porque ahí se habían sumado los hijos de los vencedores a los hijos de los vencidos, que habían confluido en la universidad.

P. En la novela, insiste en la relación entre la política y la estética. De hecho, el protagonista se ve fascinado estéticamente, y no solo políticamente, por la izquierda. ¿Piensa que la batalla política es todavía estética, y viceversa?

R. Las ideologías se difunden sobre un campo estético. Primero es la estética, que es la que abre el camino. En los años setenta en España, ser comunista era, más que un principio político y de lucha contra la dictadura, que lo era, un principio estético, era lo que se tenía que llevar. Después, ser progre era estéticamente lo que había que ser. Y luego ser progre ha resultado ser un insulto, una cosa revenida, pasada de moda. Evidentemente, el nazismo y el fascismo italiano tuvieron una parafernalia estética. El franquismo no, el franquismo siempre ha sido cutre. También la revolución bolchevique tuvo una primera oleada de estética. El castrismo, cuando bajan los barbudos de la sierra, Fidel y el Che Guevara, es un momento estético absolutamente irrefrenable. Aquí parece que juega mucho la frivolidad, pero no hay que confundir la estética con la estéticienne. ¿Dónde está hoy la estética? No lo sé, no lo sé, en ninguna parte.

P. ¿Ahora es estéticamente atractiva la izquierda?

R. No, yo creo que va muy mal, por desgracia. Y tampoco sé si ser un Borjamari es estético o no, si andar dándole vueltas a las llaves de la moto o del Ferrari es estético. No, creo que los Borjamaris que se manifiestan no tienen ninguna estética.

P. Algunos manifestantes de las marchas convocadas por Vox tomaron una decisión que pordía calificarse tanto de política como de estética: sacar la bandera franquista de nuevo a la calle. ¿Qué sensación le produjo a usted?

R. Es lo de siempre: la derecha se cree que este país es suyo, es su finca, y a la izquierda siempre la ha tratado como el amo del cortijo trata al aparcero. Le exige que sea honrado en el mejor de los casos, que pague lo que le debe y que se porte bien. Por otra parte, la izquierda tiene una sensación de okupa, tiene interiorizado todavía que este país es de los otros, incluso ganando por mayoría absoluta. Felipe González, después de dos o tres mayorías, seguía teniendo complejo, esto de que cualquier día vienen y nos echan. A la derecha le cabrea muchísimo que la izquierda ocupe el poder, no lo concibe, no entra en su ADN. Piensan que no les toca estar ahí, porque la izquierda no ama España como ellos: la bandera es suya, España es suya, los sentimientos patrióticos son suyos... Hubo un momento en la Transición en que ese virus estaba muy aminorado, cuando, por lo que sea, por la ilusión de libertad o por el miedo a la izquierda, aceptaron tirar del carro de la democracia. Pero volvió el odio, y en eso estamos.

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18 Comentarios
  • senenoa senenoa 16/06/20 14:21

    "La derecha siempre ha tratado a la izquierda como el amo del cortijo trata al aparcero" Es cierto, y lo ha hecho porque ha podido. La Izquierda española, desde la Transición, se ha comportado mayoritariamente como un súbdito y no como un ciudadano con derechos. Es lógico que la derecha no le tenga respeto.

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  • Mesther Mesther 16/06/20 01:25

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  • Mesther Mesther 16/06/20 01:22

    Siempre admire su lucidez criticasus articulos en El Pais !magistrales.Mucho exito con su libro.

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  • Azalea Azalea 15/06/20 21:37

    Me ha encantado mucho encontrarme aquí en Infolibre con Manuel Vicent . Es siempre un placer poder disfrutar de sus artículos , libros ,entrevistas ...
    Muchas gracias Clara Morales. Saludos cordiales!!

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  • irreligionproletaria irreligionproletaria 15/06/20 18:13

    ¡Que cosas!
    Nada, pero absolutamente nada que ver, el abundamiento idiomático separatista de algunos, con la entrevista a Manuel Vicent presentándonos su libro: 'Ava en la noche' cuya trama se desarrolla en la España de los 50, mísera y obnubilada con 'las actrices/astros hollywoodenses' + 'el crimen de jarabo'

    "es como querer enamorar anulando y ridiculizando, pero, como dice el filósofo: esto es lo que hay." (Ozaez Ortega, dixit)
    ¿dónde, en Valencia?...No, un poco mas arriba, pero, todo sirve...

    En la C.A. valenciana, el repudio ha comenzado con 'el virus' Cuando compramos sus casas, bungalows, chalets, etc. y nuestras inversiones aumentaron su PIB, pocos problemas había de tildes.

    Tema: ¡la derecha siempre ha tratado a la izquierda como el amo del cortijo trata al aparcero!

    "El impulso hacia ese horizonte de libertad era muy fuerte. En parte porque ahí se habían sumado los hijos de los vencedores a los hijos de los vencidos, que habían confluido en la universidad."

    Un tiempo de esperanza...pero, una izquierda rampante, idealizó el dinero -los otros, lo tuvieron idealizado siempre- tenerlo era el objetivo, se apartaron del ímprobo trabajo de abundar en el conocimiento, y se dedicaron al ladrillo... hoy, después de lo descrito en 'El crematorio' de Rafael Chirbes...

    ¿Izquierda, respecto de qué doctrina política?



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  • elcapitantan elcapitantan 15/06/20 17:48

    Tiene toda la razón Manuel Vicent.
    Y la izquierda trata a la derecha como el aparcero trata a su amo del cortijo.
    Así ha sido desde la "modélica" Transción hasta llegar a la "consolidada" Democracia española.
    Todo el mundo sabe que el amo del cortijo lo forman la Oligarquia franquista, el Ejercito franquista, la Policia y Guardia Civil franquista, la Iglesia Catolica franquista y los Politicos de derecha franquista.
    Y cuando se olvida te lo recuerdan con un 23-F o con una Instrucción judicial al estilo jueza Medel.

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  • CinicoRadical CinicoRadical 15/06/20 13:11

    aver si se hace mayor la izquierda que va siendo hora.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 15/06/20 08:42

    En español (me ha parecido notar que la entrevista intenta estar escrita en castellano, ¿no?) no existe el acento grave. No tiene ningún sentido escribir "València" en un texto escrito en español. Es tan absurdo como escribir Москва́ o 北京) aunque "València" se entienda mejor. Hace daño a la vista.

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    • Clara Morales Clara Morales 15/06/20 11:57

      ¡Hola! En infoLibre procuramos usar la denominación oficial de las ciudades españolas (alguna vez podemos fallar, pero lo intentamos), y València es la denominación oficial de esta ciudad desde 2016. Esa es la razón por la que en este artículo lo escribimos así. Muchas gracias por leernos y por el apoyo.

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      • Orlinda Orlinda 15/06/20 14:34

        Pero no escribirías London, por muy oficial que sea la denominación.

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      • Ozaez Ortega Ozaez Ortega 15/06/20 13:40

        Portes rao Jordi , cal ser coherent quan s'escriu

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      • mcjaramillo mcjaramillo 15/06/20 13:22

        Comparto la opinión de Jorgeplaza: si hablamos o escribimos en castellano hemos de respetar la grafia del mismo. Del mismo modo que si hablamos en catalán no se nos ocurre decir Gerona o Lérida, sino Girona y Lleida. Es el obligado respeto que debemos a todos los idiomas.

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        • migra migra 15/06/20 14:34

          Existe la denominación oficial , y existe también la denominación en nuestra lengua, el castellano o español. Es una muy vieja discusión. Si queremos ser inclusivos en un diario en español, podemos decir Catalunya, aunque eso no es propio del español o castellano gramaticalmente. Si queremos ser (solo) madrileños o extremeños o andaluces cuando decimos "Cataluña" como hispnohablantes, como si fuéramos mexicanos, estamos situando a Catalunya como algo exterior a nosotros mismos. Depende de lo que queramos ser. Escribiendo Gerona, Generalidad, queremos decir que es algo que no esta cercano a nosotros, aunque sea lo correcto gramaticalmente (solamente). No tratamos igual a Londres que a Catalunya. ¿Es de verdad tratar a "Cataluña" (como la escriben algunos) como Londres lo que queremos?. Yo, desde luego, pienso que España es muy rica y muy diversa, y debemos, podemos, convivir, ademas de ser España una realidad muy profunda, compuesta de muchas facetas a menudo menospreciadas e ignoradas. Y que así, juntos, nos va mucho mejor a todos. Una España monolítica ya la hemos tenido bajo una dictadura, y algunos, y quiero pensar que muchos, no queremos volver a ello.

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          • Ozaez Ortega Ozaez Ortega 15/06/20 15:38

            Lo has explicado perfecto , para mi
            Es como querer enamorar anulando y ridiculizando ,pero como decia el filosofo : ''esto es lo que hay ''

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          • Orlinda Orlinda 15/06/20 14:57

            Exterior a nosotros es decir València, Москва́ o 北京. Precisamente los que quieren imponer el uso de Catalunya en toda España (los que le dicen con eñe de ñordo) no lo hacen para incluir, sino todo lo contrario, para excluirse del lenguaje común en el que todas y todos nos entendemos.

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            • migra migra 15/06/20 15:31

              Discrepo. Pero no pasa nada.

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        • mcjaramillo mcjaramillo 15/06/20 13:30

          Se escapó la grafía sin acento, de manera que pido perdón al idioma español.

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  • Maca Maca 14/06/20 22:13

    Manuel Vicent, me encanta leerte siempre. Atinas (¡qué palabra más antigua!), en todo lo que expones.
    Hablas y descifras todos mis pensamientos y vivencias. Me alegra mucho verte por aquí. Un besito. Maca

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