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Quién teme una reforma constitucional

Publicada el 06/12/2018 a las 06:00 Actualizada el 05/12/2018 a las 21:25
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Tenemos los españoles una querencia antigua por desgastarnos en debates tan estériles como crispados, más propensos al griterío que al razonamiento. Estamos tan seguros de cosas que no sabemos que apenas dejamos margen para la duda, único camino capaz de alumbrar diálogos fructíferos y no túneles sin salida. Cumple cuarenta años la Constitución de 1978 y llevamos ya unos cuantos discutiendo si la Transición fue una hazaña épica o un enorme engaño. Uno sigue pensando que nuestro problema no es lo que se hizo entonces, sino lo que no hicimos después. Por eso creo que es un error limitar la celebración de este aniversario a fastos institucionales que rinden homenaje a la madre de todas las leyes, en lugar de aprovechar la potencia simbólica de esta fecha para colocar los focos en la imperiosa necesidad de su reforma.

¿Queremos que la Constitución cumpla otros cuarenta como instrumento revitalizado, actualizado y “vitaminado” para seguir regulando la convivencia democrática o preferimos homenajear indefinidamente (o no) a una figura que padece vejez prematura, convertida en una especie de versión laica del brazo incorrupto de Santa Teresa? “Antes muerta que reformada, tal parece la consigna que recorrió toda nuestra historia constitucional”, escribía hace unos días el historiador Santos Juliá (ver aquí). Somos un país con más experiencia en Constituciones que en revoluciones. Reyes, militares y caciques prefirieron los golpes, autogolpes y procesos constituyentes a las reformas constitucionales. Siempre concibieron una Constitución no como punto de apoyo compartido para el entendimiento entre diferentes, sino más bien como instrumento de poder o martillo legal para atizar en la cabeza al adversario.
 

de dónde venimos


Es mucho mejor la Constitución de 1978 que su grado de cumplimiento, aplicación y desarrollo posterior. Por supuesto que, como toda la Transición, el texto sufrió los condicionantes del miedo a una involución, de los equilibrios forzados entre los actores del proceso y también de los intereses de los poderes establecidos (casi todos procedentes cuando no defensores y continuadores del franquismo). Es absurdo negar que recoge una carta de derechos y libertades fundamentales tan sólida como la de cualquier democracia avanzada (a imitación de la Ley Fundamental de Bonn o Constitución alemana, por cierto reformada no una sino más de cincuenta veces en sesenta años). Y es igualmente absurdo pretender que ha servido para dar solución al problema territorial español o ignorar que se impuso desde arriba un régimen monárquico de primogenitura franquista sin dar opción a que el pueblo “soberano” se pronunciara. Como lo es también cerrar los ojos a la evidencia de que nunca se han cumplido ni desarrollado derechos y deberes fundamentales de los ciudadanos que la Constitución establece. (Por ejemplo, uno que se menciona menos que el derecho al trabajo o a una vivienda digna, el recogido en el artículo 31.1: “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”. Aunque el discurso único neoliberal y los partidos que lo sostienen se lo pasen por la entrepierna, la justicia fiscal es un principio constitucional y no sólo un mimbre clave que sigue diferenciando a las izquierdas de las derechas).

El envejecimiento acelerado de nuestra Constitución más longeva es achacable a la incapacidad o desinterés del bipartidismo por cargar de legitimidad democrática a partir de 1978 una carta magna más utilizada como mecanismo fundacional de un nuevo Estado de Derecho, imprescindible pero no suficiente para que una democracia funcione a pleno pulmón.

Sería injusto repartir culpas por igual cuando se trata de reivindicar los valores de la Constitución vigente. Llueven toneladas de hipocresía, como demuestra un dato que seguramente desconocen muchos de los 23 millones de ciudadanos que no votamos en el referéndum del 6 de diciembre porque no teníamos la edad suficiente para hacerlo. Lo recordaba oportunamente José Sanroma en un artículo reciente (ver aquí). La Constitución tan aparatosamente exaltada en este cuarenta aniversario no fue celebrada en sus primeros años de vida. Ni siquiera tras el golpe de Estado del 23 de febrero de  1981, al que el pueblo respondió pocos días después con manifestaciones multitudinarias precisamente en defensa de la Constitución. Sólo a finales de 1983, el gobierno del PSOE declaró festivo el 6 de diciembre. Ni los Ejecutivos de UCD ni mucho menos la Alianza Popular de Manuel Fraga encontraban en el hoy venerado texto constitucional motivos para celebrar nada. José María Aznar, que sí tenía edad para votar pero no lo hizo, se dedicaba a escribir en el diario La Nueva Rioja artículos en los que criticaba duramente la Constitución y ensalzaba una “abstención beligerante”. Resulta ofensivo que quienes con más énfasis y contundencia se han significado en los últimos años como máximos defensores de una intocable carta magna sean los mismos que la torpedearon cuando más falta hacía para facilitar la concordia entre quienes gobernaron o disfrutaron del poder durante la dictadura y quienes lucharon contra ella. Ellos o sus herederos intelectuales y políticos participan hoy en primera fila en los homenajes del 6 de diciembre aplicando una amnesia selectiva con su propia historia. Sin complejos.
 

a dónde vamos


Los fastos que estos días se celebran fueron decididos por las Mesas del Congreso y el Senado, controladas por PP y Ciudadanos, en septiembre del año pasado, justo un par de semanas después de que los independentistas catalanes se saltaran la legalidad constitucional y el respeto a la otra mitad de la sociedad catalana aprobando leyes secesionistas. No es posible desligar los formatos institucionales de esta conmemoración del empeño de las derechas en usar la Constitución como símbolo del nacionalismo español y mazo de los nacionalismos periféricos. Las encuestas indican que la respuesta desde el Estado por la vía penal no ha reducido el apoyo al independentismo, pero los resultados del domingo pasado en Andalucía confirman que la activación del lado “más excluyente e intolerante del nacionalismo español” (lean aquí a Ignacio Sánchez-Cuenca) es el factor determinante de la irrupción de la ultraderecha de Vox y la aparición de un trípode mayoritario de fuerzas conservadoras, facilitado por una altísima abstención cuyas causas habrá que analizar con lupa.

Vivimos un cambio de época (lean aquí al profesor Juan-Ramón Capella), marcado por una enorme debilidad de las instituciones democráticas y una velocidad impuesta por la revolución tecnológica que apenas deja margen para la reflexión, para exprimir el beneficio de la duda o para practicar el imprescindible ejercicio de distinguir lo verdadero de lo falso, lo urgente de lo importante. Cuanto más amplio es el consenso entre expertos, juristas, catedráticos y analistas sobre la necesidad de abordar reformas sustanciales de la Constitución, más lejos aparece la posibilidad efectiva de que sean viables políticamente. Viejos y nuevos partidos siguen actuando con la vista más enfocada en las siguientes elecciones que en las próximas generaciones, y no ayuda en nada sino más bien al contrario el complejo mecanismo que la propia Constitución establece para su renovación (por lo demás fácil de esquivar en la práctica si los grandes partidos se ponen de acuerdo, como ocurrió con el cambio del artículo 135 para imponer la “estabilidad presupuestaria”).

Sería ingenuo pensar que esas reformas pendientes resolverían mágicamente los grandes retos de España como país y aún menos los que se integran en un marco supranacional, pero es una clamorosa irresponsabilidad el bloqueo sistemático que algunos de los protagonistas de este cuarenta aniversario imponen a la hora de afrontar un debate riguroso con el objetivo de plantear ese proceso “reconstituyente”. Los miedos que en su día condicionaron la Transición (el golpismo, el terrorismo, las presiones de la Iglesia o la banca…) provocaron lagunas, silencios y desmemorias aún no resueltas. ¿Acaso es un riesgo menor el que hoy atraviesa la democracia misma por la crisis constitucional, el descrédito de las instituciones y la brecha de la desigualdad? Quienes se niegan a discutir la reforma por tácticas electoralistas deberían sentir hoy tanto miedo a ese fracaso como el que nos atenazaba entonces a quienes estrenábamos la democracia.
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46 Comentarios
  • losdel38 losdel38 07/12/18 23:55

    ... Y en primer lugar quiero felicitarte por tu mejoria y por tus escritos tan sensatos.
    La Ley de todas las Leyes hay que mejorarla en especial con esta Iglesia (Obispo/curas ) que hace lo que les da la gana y no respeta esta Constitución y tiene que quedar claro que los curas que le pagamos unos...varios sueldos tienen que estar bajo las leyes de La Constitucion y retirarle ese Pasaporte Diplomatico del Vaticano y que paguen Impuestos de esos 40,000 negocios que tienen por la Gracias de Dios.....Este Dios es muy grasioso.

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  • Ataio Ataio 07/12/18 12:50

    Mi doble enhorabuena Jesús. Por tu mejoría. Y porque la "demolición de piedras", ha contribuido, al parecer, a que tus artículos sean ( si cabe ) aún más brillantes y demoledores.

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  • Smuack Smuack 07/12/18 11:41

    Pues ahora que lo pienso.. a ver si el problema no está en la Constitución Española. Muchos de los problemas que tenemos en España ahora mismo se solucionarían o se paliarían enormemente si se acataran todos los artículos de la Constitución, sin embargo se incumplen de forma descarada artículos fundamentales y aquí nadie o casi nadie se alarma.

    Por ejemplo, artículos fundamentales para todos los ciudadanos como el 1, 14, 16, 20, el 31 (algo tan básico como el que más tenga debe contribuir más no se cumple!), 35, el 47, el 50 (pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas!!)... NO SE CUMPLEN descarada e impunemente. Ah, eso sí, el 135 se cumple al 100%, estrictamente.

    Nuestra Constitución es muy buena y sólo requeriría algunos retoques, sobre todo, a mi entender, darle una patada al dichoso 135, y reflexionar sobre el modelo de Estado y el modelo territorial. Lo que no ha estado a la altura han sido los políticos e instituciones que deberían haber velado, deberían velar, por el cumplimiento estricto de la Constitución Española, de toda la Constitución, no sólo los artículos que interesen a unos pocos, a la clase pudiente, a las élites privilegiadas que se reparten todo el pastel, dejando la migajas para el 99%. Políticos e instituciones que en vez de protegernos han medrado a nuestra costa. ESOS son los que necesitan "reforma urgente".

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  • luzin luzin 07/12/18 11:08

    La cuestión fundamental es qué se quiere reformar, o bien si se quiere liquidar ... recientemente el Parlamento Vasco denunció, con el apoyo de PNV, EH Bildu y parcialmente de Elkarrekin Podemos, "la base antidemocrática e históricamente falsa" de la Constitución española porque "impone" la unidad de España. Y en el proyecto de nuevo Estatuo Vasco, de aprobarse, no sólo reformaría la C78, simplemente la liquidaría. Como intentó liquidarla las leyes aprobadas por el Parlament en septiembre de 2017.

    Por lo tanto hablar de temor parece un poco exagerado, de hecho ya se ha intentado liquidar. ¿Y por qué no lo han conseguido? Muy sencillo, por un barco llamado Piolín y la intervención judicial de fiscales y jueces. Si no hubieran intervenido ahora no habría C78.

    ¿Teme la derecha cambiar la C78? Pues no, VOX es muy claro a la hora de proponer cambios constitucionales que liquiden las Autonomías y el Tribunal Constitucional ...
    La derecha nacionalista vasca y catalana directamente la liquida, liquida España y se queda tan tranquila ...
    Ciudadanos y PP que se quede como está (no sé si el titular iba dirigido a estos) ...

    ¿Teme la izquierda cambiar la C78? Pues no, Podemos propone referendums de autodeterminación en cada Autonomía que lo pida, procesos constituyentes de nuevos Estados y luego un proceso de Confederación imagino que ligado por un tratado internacional que fije el funcionamiento, más o menos como la UE o algo así, y por supuesto que la Autonomía que no quiere quedarse pues adiós y muy buenas ...
    Y el PSOE, con el doctor Sánchez a su cabeza, de España nación de naciones que anularía el artículo II a la España Federal Asimétrica con principio de ordinalidad que gusta tanto a los del PSC maragalliano.
    La izquierda nacionalista catalana, vasca y gallega directamente la liquida, liquida España y se queda tan tranquila.

    Ahora querido pueblo elijan su opción favorita, aten bien sus cinturones y agárrense fuerte que vienen curvas ... Eso sí, que conste que independientemente en los trozos en que se divida la COSA el mismo régimen actual se replicará cuan virus infeccioso ... ale, a joderse y seguir votando, mientras estos genios siguen pensando ....

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  • José Luis53 José Luis53 07/12/18 11:04

    Ya lo he dicho en otra intervención y lo repito: la crisis constitucional no es más que el síntoma de la enfermedad causada por la ruptura del pacto social, incluída Cataluña, cuya independencia, por la que claman, no es más que el intento deseperado por reconstruirlo en una nación más pequeña. Por lo que me parece empezar la casa por el techo si se pretende modificar la Constitución sin haber fraguado un pacto social. Pretender como pretende Pablo Iglesias que si cambiamos monarquía por república el asunto está casi resuelto es lo que se llama coger el rábano por las hojas: para llegar al capítulo del jefe del estado, previamente hay que pasar casi por todos los demás. El problema gravísimo de dicha ruptura del pacto social es que alcanza a los políticos - o es como consecuencia de los políticos, eso ya se me escapa- que quienes tendrían que fraguar el pacto social, andan a la greña, los unos por cortoplacismo electoral, los otros por demagogia tan engañosa como verborreica y ambos por estupidez.España tiene una gravísima crisis porque tiene unos políticos incompetentes, esa es su primer problema y el más grave, ya que ese es el que bloquea la solución de los demás. No, no soy nada optimista respecto a nuestro futuro.

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    • eldeantes eldeantes 07/12/18 17:33

      Tiene razón, creo. Pero también veo que nuestros políticos no son sino la representación de la sociedad que los elige y vota. Es decir de nosotros mismos. No cree?

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      • HEREJE HEREJE 07/12/18 20:13

        Quitar al rey y proclamar la república no es la solución al cáncer, pero sí es extraer un tumor maligno metastásico y apestoso.

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  • Smuack Smuack 07/12/18 10:25

    ¿Quien teme la reforma? Fácil, ¿quien tiene más que perder? Quien o quienes temen perder los privilegios que llevan disfrutando décadas parapetados tras ciertas instituciones que a su vez se parapetan tras esta Constitución? ¿Y van a ser ellos los que inicien el procedimiento de reforma? No lo creo... sólo la presión social podrá obligar a los usufructuarios de esos privilegios a iniciar reformas, pero ojo! nos harán creer que renuncian a un poquito, para en el fondo no renunciar a casi nada. ¿Han oído alguna vez esta frase: “en este país de componendas, es necesario que todo cambie para que todo siga igual”?

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  • COLOJ. COLOJ. 07/12/18 03:43

    Temen la reforma de la Constitución los sectores que NUNCA LA ACEPTARON, pero que a lo largo de los años la SECUESTRARON, impidieron su desarrollo PROGRESISTA, que un texto en muchos temas suficientemente ambiguo y abierto permite. Fíjense que para esos años pasados, y sólo para esos, no digo REFORMA sino símplemente DESARROLLO razonablemente PROGRESISTA.
    Hasta tal extremo han SECUESTRADO la Constitución, que de sus actitudes EXCLUYENTES se desprende con total claridad que consideran que es DE SU PROPIEDAD, y los demás unos INTRUSOS indignos siquiera de invocarla.
    Casi el 40% de los diputados de AP - padre político y faro-guía del PP - hicieron campañas y votaron en CONTRA de la Constitución. Distinguiéndose entre los "ultras" opositores a la Constitución el actual REENCONTRADO guía espiritual, organizativo, político, etnológico y no se si hasta sexual, el impresentables ¿Sr.? AZNAR. Invito a los amables lectores hagan una prospección en los Diarios de la época, y en un foro que recuerdo se denominaba GENOVESES de aquello meses.
    En lo que a la Constitución se refiere, a AZNAR le debiera estar prohibido por Ley tomar en sus manos las ediciones impresas, y ni siquiera mentarla. Con cualquiera de estas acciones, la mancha.

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  • CarlosP58 CarlosP58 07/12/18 01:19

    40 años después y este pueblo nuestro sigue sin distinguir galgos de podencos. Gracias Sr. Maraña por la claridad, brillantez y acierto de su artículo. Informa, educa y no hiere, sino que motiva a la reflexión.
    Comentarios muy variados para algo que debería ser mucho más normal. Nadie, o muy pocos, no cambian de talla de camisa, falda o pantalón en 40 años.
    Pasado lo hecho, por imperativos hoy reconocidos, nada ha impedido que una sociedad libre y democrática no exija a sus gobernantes cumplir lo que dice la textualidad de la Constitución Española.
    Me temo que este es un debate más para entretenernos en lo accesorio y no luchar, a brazo partido, por nuestros derechos, contra las precariedades impuestas, la destrucción pautada del Estado del Bienestar y por ese mundo capitalista que sigue enriqueciendo al millonario y empobreciendo al trabajador, muchas veces con sus aplausos, votos y ovaciones.
    Se han hecho cambios para garantizar pagos de deuda, precarizando a la sociedad, pero todo son dificultades para hacer realidad ese Estado Social y de Derecho del que habla un monarca, en una familia de negocios y corrupciones turbias.
    Ya está bien de tomarnos el pelo. Nuestro trabajo, nuestros derechos, nuestras viviendas y nuestras libertades son protegibles por la Constitución del 78. No hacerlo obedece a muchas complicidades y no es menor la de un pueblo que no lucha por conseguirlo.
    Saludos y Periodismo Libre.

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  • SUA SUA 07/12/18 00:42

    Muchas gracias Sr. Maraña por dar luz a este confuso estadio donde los jugadores cambian las reglas cuando les conviene.
    Día de la Constitución, la democracia y la convivencia; veo que algunas personas aprovechándose de la opción de opinar, escriben con tanta falta de respeto de los que piensan diferente a ellos, que no contribuyen a la convivencia, desconocen la democracia y lejos de exponer sus ideas sobre el tema, se recrean en la descalificación gratuita, resultando bastante desagradable el ambiente que se crea.
    Como me gusta opinar aquí va la mía
    Pienso que la Ley electoral sería más democrática si las listas de cada partido fueran abiertas, de manera que cada cual tuviera una vez conocido el programa que más le guste, la opción de elegir a la persona que le parezca más honesta y preparada. Claro que tendrían que dar la cara antes de las Elecciones por medio de entrevistas o de un tes.
    Si la elección tiene que ser de 20, que figuren 40, y no me refiero a la cueva de Ali-Baba; veríamos con seguridad quien es el mejor valorado y con la selección que hiciésemos los votantes, seguro que eliminábamos unos cuantos impresentables del Hemiciclo. ¿Muy lioso? Tal vez no; seguro que habrá algún técnico que sabría como organizarlo.
    Por otro lado, ¿hacen falta tantos diputados? son necesarios para los aplausos o para proponer Leyes? no se agilizarían más los trámites de estas, con unos cuantos menos?

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  • TJCB TJCB 06/12/18 22:48

    La constitución no fue más que un simple lavado de cara para que Europa nos admitiera en sus instituciones y ampliar libremente el mercado español a sus intereses, lo demás poco a nada les importa estimado Sr. Maraña.
    Cuando unos pocos tienen en sus manos todo el poder económico, judicial, medios de comunicación, y la connivencia de La Iglesia, la democracia y la constitución la aplican los políticos a los intereses de los poderes fácticos que les auparon, los otros , o se compran para dar sensación de oposición o se boicotean. Total, siguen ganando los de siempre, y si por casualidad un gobierno democrático llega al poder nunca falta un juez o un golpe de estado que lo tumbe, de ejemplos vamos sobrados.
    Para qué reformar la constitución, es que la actual no decía que todo ciudadano tiene derecho a trabajo y vivienda y de qué sirvió durante estos últimos años a los millones de ciudadanos que quedaron sin empleo y a las miles y miles de familias desahuciadas que quedaron en la calle.

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