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La historia rima

Pasados gloriosos

Publicada el 27/12/2019 a las 06:00
Vivimos tiempos de nacionalismos. Y eso se refleja en las políticas, en el voto de los ciudadanos, en los medios de comunicación. Y en los libros que mucha gente quiere leer y que otros les dicen que lean. Se nota en los premios de ensayo e historia, en las reseñas de fin de año para destacar los más elogiados por los críticos y aplaudidos por el público.

El Cid, las Cruzadas, Cataluña y España, Reyes y Reinas, mitos nacionales y leyendas. Interesan las luchas heroicas, los triunfos militares o las celebraciones de la grandeza nacional. No gustan, por el contrario, las historias sobre pasados infames, que se perciben divisivos o perjudiciales para la mitología nacional. Ni las que cuentan desde otros países sobre nuestra historia, esa leyenda negra, pura propaganda, que siempre quiso rebajar nuestra grandeza.

La mayoría de la gente no está interesada en los debates, las interpretaciones, las respuestas conceptuales o las diferencias metodológicas, sino, por el contrario, en la historia como espectáculo, en la anécdota o en las teorías conspirativas. La historia de las series de televisión o la que le cuentan periodistas y aficionados a la historia, de relato simplificado y novelado.

Hay muchas formas de abordar la historia de España, pero la que suele resaltarse casi siempre es la misma: la que presta la máxima atención a las aventuras de reyes y nobles, a sus pompas, guerras y conquistas. En esas gestas se encuentran el tronco de nuestra historia común, el vínculo uniformador de nuestro pasado más remoto con nuestro presente más actual. Y es esa historia apologética del poder, de sus símbolos e instituciones la que está presente hoy en los dos nacionalismos, el español y el catalán, que han invadido el escenario desde hace meses, dominan las noticias, condicionan la política y obligan a los ciudadanos a tomar partido hasta mancharse. Son historias construidas frente al “otro”. En Cataluña, frente a España; en España, frente a Cataluña, los enemigos de la Patria e inmigrantes.

No es ese tipo de historia, sin embargo, la que enseñan, escriben y divulgan muchos historiadores. La democratización y el surgimiento de la sociedad de masas obligó a los historiadores a cambiar sus discursos y objetos de estudio durante el siglo XX. Fueron muchos los que reclamaron con sus investigaciones una historia que tuviera en cuenta los factores económicos, sociales y culturales. Una historia que dejara de concentrarse en las vidas y acciones de reyes y notables —hoy, las elites nacionalistas— y mostrara interés, por el contrario, en sectores más amplios de la sociedad y en las condiciones bajo las que vivían.

Al desplazar el foco de interés desde las élites o clases dirigentes a las vidas, actividades y experiencias de la mayoría de la población, el estrecho campo de los sujetos históricos abarcado por la historia política tradicional se ensanchó y el estudio del pasado se democratizó. Frente a la historia apologética del poder, utilizada y manipulada para generar una mayor lealtad de los ciudadanos a los dirigentes del Estado, surgió una nueva historia, casi siempre etiquetada como social, enriquecida por los hallazgos de antropólogos, economistas y sociólogos, que escuchaba los ecos de todas las voces marginadas por las historias oficiales.

El sueño de que la buena historia, “la auténtica”, debería ser capaz de superar las diferencias nacionales no es nuevo. Ya en las últimas décadas del siglo XIX, la mayoría de los grupos cultos de Europa occidental poseían un sentido del tiempo universal adaptado a la nueva era del imperialismo. Ese sentido del tiempo le dio a Occidente una misión civilizadora basada en la modernización, en la idea de que todo el mundo acabaría como sus países más representativos, en un progreso en el que la libertad y la igualdad legal triunfarían sobre las jerarquías de raza o de clase.

En todos los países capitalistas más avanzados se intentó a partir de ese momento construir una "historia de consenso", una "gran historia" que sirviera para reorientar las tradiciones que vinculaban al pasado con el presente. Lograr eso, sin embargo, no fue nada fácil. A las historias triunfalistas construidas desde arriba, con reyes, batallas, "tambores y trompetas", le salieron desde abajo las divisiones sociales, étnicas, lingüísticas, nacionales, religiosas y de sexo.

Las visiones históricas están sujetas a revisión y cambios con el tiempo, porque la historia no es una mera narración de hechos, vacía de interpretación, sino un análisis del pasado fundamentado en las pruebas disponibles. Para escribirlo, enseñarlo y divulgarlo los historiadores no podemos prestarnos a construir visiones del pasado por encargo, renunciar al análisis riguroso de lo que otros quieren ocultar u olvidar.

El control del futuro requiere control del pasado y por eso se discute qué versión de él debería prevalecer. Pero el estudio de ese complejo pasado requiere una visión crítica que se lleva mal con una historia que resalte solo los posibles puntos comunes. El consenso y la cultura común los pueden estimular los políticos y gobernantes, seleccionando los acontecimientos y experiencias del pasado, ocultando lo que no les gusta y resaltando los triunfos. Pero la historia es otra cosa.
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Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza.
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13 Comentarios
  • CIUDADANO XX CIUDADANO XX 27/12/19 22:52

    No entiendo patriotismo con nacionalismo, para mi ser patriota es no renegar del legado que nos han transmitido las generaciones que nos ha precedido y que las actuales debemos transmitir a las por-venir.

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  • CIUDADANO XX CIUDADANO XX 27/12/19 22:37

    El consenso es reparto del botín, lo natural en el ser humano es luchar para sobrevivir para ser asimilado, entiendo que lo más parecido a la madre Naturaleza es la Sociedad actual. (dominas o tes subordinas)

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  • CIUDADANO XX CIUDADANO XX 27/12/19 22:32

    Desde luego que para interpretar la historia quienes mejor pueden aportar luz son los antropólogos, filósofos e historiadores (libres= no súbditos). Entiendo la realidad actual como el resultado de la dialéctica de imperios, mi criterio es de que es la principal Potencia de la Historia, por integrar o subordinar las fuerzas del individuo, familia, lucha de clases, etc. (creo que es más concreto que persona, gente o pueblo, etc.)

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  • Luis Fernando Luis Fernando 27/12/19 13:48

    Una historia centrada en el pasado reciente y en la actualidad, atenta a las condiciones de vida de sus gentes, a sus temores de futuro -y a las notables desigualdades económicas y culturales- difuminaría mucho las presuntas diferencias nacionales.

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  • luzin luzin 27/12/19 10:36

    Y lo que no hay que confundir son los hechos. Unos pueden ser gloriosos y otros deshonrosos, pero muchos son evidentes, ciertos. España es una nación política, una de las primera, que se constituye como tal a principios del XIX, como Francia, EEUU, Portugal, ... eso no se puede poner en duda y decir que no es cierto, que España es plurinacional, nunca lo ha sido, de hecho no se conocen todavía estados plurinacionales, a no ser que se entienda que Bolivia es plurinacional cuando en su constitución se reconocen comunidades de carácter étnico, algo que ya no existe ni en España ni en Europa, tal vez a excepcion de los gitanos.

    Afirmar esto no es ser "nacionalista". Se debería combatir a los que, utilizando esa estructura de estado nacional, pretenden imponer una ilusoria y mitológica idea de cultura de un ilusorio "pueblo" donde la butifarra, la morcilla, el gazpacho, las sevillanas, los toros, los versolaris ... vienen a constituir lo que llaman una identidad o hecho diferencial, apoyándose además en un falso relato histórico. Pero dado que cada bando se ha repartido la cuestión, me parece que va a ser imposible, dado que ya forma parte del relato por la lucha por el poder, y cuando en esas estamos se hace difícil respirar ante la avalancha de odio y enfrentamiento que puede llegar a respirarse.

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  • luzin luzin 27/12/19 10:16

    Y por supuesto lo que no deja de ser curioso es que cuando el relato imperante era único y nos atizaba sobre la Leyenda Negra Española, casi nadie salía a discutir o aclarar que la Leyenda Negra era tan aplicable a Francia, Inglaterra, Alemania, EEUU, Rusia, China, Japón, ... es más, durante los útlimos cuarenta años se ha insistido en unir la "idea" de España con el franquismo, algo muy alejado de la realidad histórica. Un discurso que se lo ha comido casi todas las izquierdas actuales que nos vienen a proponer una destrucción del Estado Español para una especie de reconstrucción en diferentes estados "confederados", Es decir, el falso relato de España=Franco está operando con gran fuerza, tal vez ese sea el más importante a combatir ...

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  • luzin luzin 27/12/19 10:08

    No entiendo muy bien el artículo. Tal vez moleste al Profesor que la historia o las historias puedan ser también objeto mercantil y que en estos momentos de apogeo nacionalista las historias que vienen a reivindicar sus causas se consumen con devoción para alegría de sus autores, a los que se les acusa de aficionados o intrusos desde los "auténticos" historiadores universitarios. Pero lo que no se puede ignorar es lo que ocurre, los nacionalismos periféricos han llegado hasta el punto de intentar la secesión, por mucho que ahora se diga que es pura ensoñación. La secesión sólo es posible destruyendo el Estado Español, por tanto uno de los frentes es el propagandístico, así desde esos centros de poder se lleva una campaña desde hace mucho aumentando, exagerando, mintiendo, manipulando, ... tal y como se ha hecho en otros momentos históricos. Y la reacción era lógica que apareciera ... en eso estamos ... Pero de esto entiende mucho mejor el Profesor ...

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  • Silk Road Silk Road 27/12/19 09:03

    Con todo el respeto al profesor Casanova, la historia siempre es una versión interesada de los hechos. Se inventó para eso, para cantar las glorias de un monarca, justificar sus tropelías y resaltar la iniquidad o la irrelevancia de sus rivales. Luego eso se aplicó a las naciones, de nuevo para exaltar, justificar y denigrar.

    En realidad, no hay tanta diferencia entre un libro de historia, incluso uno moderno, y la Biblia. Ambos son relatos construidos. Sí, a diferencia de la Biblia, en un libro de historia los hechos suelen estar respaldados por la investigación y las fechas y los nombres son correctos pero, como dice el profesor Casanova, la historia no es una mera narración de hechos, sino que requiere una interpretación y un análisis y esa interpretación y análisis son siempre sesgados. El historiador puede, por ejemplo, intentar escribir una historia de España crítica con respecto a las visiones sesgadas de nacionalistas españoles y catalanes pero no debería ser tan inocente como para pretender que su visión es la visión objetiva, porque no hay interpretación ni análisis objetivo de la historia.

    Lo único realmente objetivo son los hechos puros y duros pero, claro, los hechos puros y duros no son interesantes. Lo interesante es el relato, la hagiografía, la demonología, la identidad, los deberes y derechos históricos... Es decir, la interpretación, el análisis, lo imaginario.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 27/12/19 08:40

    Las sesenta y pico paginas dedicadas a Catalunya en La herencia del pasado de Ricardo Garcia Carcel me han parecido bastante interesantes.
    No veo exactamente una situación pre-revolucionaria en Catalunya. Buen día.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 27/12/19 08:40

    Las sesenta y pico paginas dedicadas a Catalunya en La herencia del pasado de Ricardo Garcia Carcel me han parecido bastante interesantes.
    No veo exactamente una situación pre-revolucionaria en Catalunya. Buen día.

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