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Canto de amor a Madrid

Publicada el 06/09/2020 a las 06:00

Salgo a las calles de Madrid antes de que rompa por el horizonte la primera luz del día. No sé exactamente si se trata de que he dormido mal o me he despertado pronto, pero me confundo con la madrugada y contemplo el amanecer sobre los tejados de la ciudad y las ramas de los árboles. Cuando llueve, el agua cae dos veces sobre las aceras y la tierra gracias a las hojas de los árboles. Ahora ocurre lo mismo con la luz y las sombras, las ramas tejen figuras en las que el caminante puede imaginar despedidas y apariciones. Me gusta ver cómo amanece la ciudad, cómo la claridad se extiende poco a poco sobre los edificios y las gentes que se levantan con el alba para acudir a sus trabajos.

La poesía se mezcla de forma inevitable en mis pensamientos porque forma parte de mi experiencia. Es lógico que los días difíciles que vivimos me devuelvan a los versos de Antonio Machado: "Madrid, Madrid, qué bien tu nombre suena, / ¡rompeolas de todas las Españas!/ La tierra se desgarra, el cielo truena, / tú sonríes con plomo en las entrañas". Contra un golpe de Estado y una agresión extranjera apoyada por el nazismo y el fascismo, la ciudad se defendía con un coraje político y una solidaridad cívica que asombró al mundo.

Después llegó la posguerra marcada por el hambre y la prepotencia de los vencedores. Dámaso Alonso lo condensó en el poema Insomnio de su libro Hijos de la ira: "Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)". Los muertos de la guerra, los muertos vivientes que soportaban una existencia sin verdadera vida, abonaban con su podredumbre el huerto de una élite afortunada que hacía negocio con la miseria ajena.

Cuando conquistamos la democracia, llegaron las movidas de distinta piel, los poemas y las voces de los cantautores que celebraron una ciudad marcada por la energía de la libertad. Todas las ilusiones se bajaron en Atocha y ocuparon los barrios, las plazas, los bares, los teatros y la salas de conciertos de Madrid.

¿Qué es lo que pasó después? La atmósfera cambió, desde luego, el aire de la ciudad dejó de estar protagonizado por la solidaridad en medio del hambre y de las dificultades generalizadas, aunque cuando hizo falta los madrileños hicieron cola para dar su sangre y salvar a las víctimas de un crimen terrorista. Fue un verdadera llamada de atención observar que, mientras la ciudadanía daba su sangre, una élite política imponía sus mentiras en la prensa para hacer electoralismo y negocio a costa de la vida de los demás.

Esa misma élite poco a poco ha convertido a Madrid en un paraíso fiscal, ha degradado los servicios públicos, ha deteriorado la sanidad y la educación, convirtiéndolo todo en negocio y en ámbitos propicios para la corrupción y el robo organizado. En tal empresa tuvo una gran aliada: otra élite de parecido pelaje que estaba haciendo lo mismo en Barcelona. Las críticas contra Madrid de los corruptos catalanes que desmantelaban su sanidad y su educación, fueron el mejor aliado de los madrileños que criticaban a Barcelona y ofendían a Cataluña, ocultando con principios nacionalistas y banderas unos procesos económicos que acababan en los bancos suizos y, a veces, en los juzgados y las cárceles.

La pandemia está pasando una factura muy alta contra Madrid y Cataluña. ¿Qué hacemos con Cataluña? ¿Qué hacemos con Madrid? El desamparo no es una solución cuando hay tantas vidas en juego. Durante años la utopía comunista de la Unión Soviética fue un sueño legítimo para los que creían en la igualdad. Pero una vez que se comprobó que esa utopía había derivado en una dictadura atroz, defender a la Unión Soviética fue un asunto propio de canallas. Pablo Neruda denunció desde su comunismo a Stalin: "Por tu culpa hay una soga de ahorcado en cada jardín de la URSS".

Cuando veo a políticos e intelectuales que hablan de liberalismo, privatizaciones y bajadas de impuestos, empiezo a tener la incomodidad que se siente ante los canallas. ¿Es que no ven la realidad, la soga de los ahorcados en las residencias de ancianos, los hospitales, los colegios y las calles? La utopía de la libertad sin Estado, entendida como ley natural del más fuerte y del más negociante, está provocando muchas víctimas y mucho desamparo. El horror se acumula en los barrios pobres. ¿Qué hacemos por Madrid?

Yo escribo este canto de amor, recorro sus calles y me propongo repartir los aplausos acumulados durante el confinamiento, los aplausos dedicados a los profesionales de la sanidad pública. Ahora quiero repartirlos entre las salas de conciertos, los teatros y las bibliotecas de Madrid. Tengo muchas, muchas ganas de aplaudir a la verdadera cara de esta ciudad. Madrid no es una viuda negra, es un canto de amor a la vida.

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56 Comentarios
  • JOSEMARIAV JOSEMARIAV 09/09/20 11:57

    Me hacia mucha falta leer algo así. Muchas gracias.

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  • Toño Inares Toño Inares 08/09/20 08:54

    "El corazón tiene razones que la razón ignora. ¿Dónde falla el raciocinio de los madrileños, que democraticamente entregamos el gobierno de este pueblón manchego a la misma “ élite afortunada que hacía negocio con la miseria ajena”? Muchas gracias por el artículo.

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  • Isa. Isa. 08/09/20 00:23

    Ángel Gabilondo asalta el cielo de Madrid. Ya. Es hora.

    Mis mejores deseos para próximas elecciones con Mónica García. Fuerza.

    Y un aplauso para ti, Luis.

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    • Isa. Isa. 08/09/20 00:44

      Catalunya/ Cataluña. Ojalá que las próximas elecciones los votos se centren en paliar el covid y no en la independencia. Es también hora.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 07/09/20 20:07

    Parece que los madrileños prefieren pagar menos impuestos y olvidarse de las consecuencias: peor educación, sanidad y servicios. Yo, que soy madrileño, no lo entiendo, pero es un hecho que se repite desde hace muchas elecciones, no una casualidad ni un arrebato pasajero.

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  • Nuñez Nuñez 07/09/20 18:39

    Como siempre genial!!!

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  • bidebi bidebi 07/09/20 12:47

    Pues si que necesita Madrid un canto de amor. No es especialmente amada. Es en muchos casos odiada. Fue ejemplo para todo el mundo hace ochenta años. Cuando fue vencida por el fascismo, Madrid se convirtió en la capital del imperio y del fascismo. Y entonces empezó a ser odiada. Madrid y el Real Madrid, el Pardo y el general.
    Fue odiada como símbolo de una dictadura. Y fue odiada por su centralismo feroz en una España radial en la que todo tenía que partir o pasar por Madrid. Y sigue ocurriendo en “democracia” la existencia de esa España radial que ha enriquecido a Madrid.
    Cuando hablamos de Madrid, nos referimos al Madrid geográfico, al “Madrid” oficial de los ministerios y sede de grandes empresas, o al Madrid popular de sus gentes?. Porque evidentemente los tres Madrid no son lo mismo. ¿A quién se canta con amor?.
    Cuando se habla de “una vez conseguida la democracia” y si creemos que la democracia de formas es el gobierno de las mayorías, ¿qué espacio para el amor nos queda si pensamos que la mayoría de madrileños votan a partidos fascistas o neofranquistas?.
    ¿A quién cantamos nuestro amor?.
    Los amaneceres son bonitos en todos los sitios. Si solamente nos queda un amanecer para amar a Madrid, floja se queda la oda.
    Y por último están los paletos, mas abajo está el ejemplo, que principalmente son gentes frustradas y celosas que carecen de información. No saben de qué hablan pero odian la diferencia. Esperemos sean mentalidades a desaparecer, pero lo dudo.

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    • jorgeplaza jorgeplaza 07/09/20 20:04

      Odiada por los cretinos, que abundan más que el coronavirus.

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  • @Carmen Villacaas @Carmen Villacaas 07/09/20 10:26

    Desde luego el artículo es un canto a la vida,pero algunos en estos momentos no lo saben.

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  • mrosa mrosa 06/09/20 22:58

    Me encantan tus artículos, Luis, pero esta vez no estoy de acuerdo contigo. Si el PP lleva tantos años gobernando en Madrid a pesar de todo lo que han hecho, es porque lo votan los madrileños una y otra vez; y, a estas alturas, los madrileños saben perfectamente lo que votan. Una pena

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    • jorgeplaza jorgeplaza 07/09/20 20:10

      La mayoría de los madrileños, no todos los madrileños, aunque las decisiones mayoritarias en democracia recaigan normalmente sobre la totalidad. Ni todos los madrileños votan a las derechas ni todos los catalanes a los separatistas, aunque las nefastas políticas de la derecha aquí (Madrid) y de los separatistas allí nos afecten a todos.

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  • drh drh 06/09/20 19:02

    Fantástico artículo, Luís.

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  • Coronel Barceló Coronel Barceló 06/09/20 18:27

    Muchísimas gracias, Luis, por tu bellísimo canto a Madrid, mi ciudad de acogida. Tenía el día un poco depre y tu lectura ha sido como una bocanada de aire fresco, ha eliminado de un plumazo mis malos rollos del día. Y luego hablan de los trabajadores esenciales: el día que nos faltéis los poetas no sé qué va a ser de nosotros.... Un abrazo agradecido.

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