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Plaza Pública

Nos han vuelto a suspender

Baltasar Garzón
Publicada el 19/09/2019 a las 06:00 Actualizada el 18/09/2019 a las 19:35
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“También el acto de gobernar se acerca al marketing. Las encuestas políticas equivalen a una prospección del mercado. Los votos electorales son explorados mediante data mining (exploración de datos). Los votos negativos son eliminados mediante nuevas ofertas atractivas. Aquí ya no somos agentes activos, no somos ciudadanos, sino consumidores pasivos”. (Byung-Chul Han. 'En el enjambre').


Los ciudadanos no hemos hecho bien los deberes y los políticos nos han suspendido otra vez. Así que estamos castigados a votar de nuevo. Parece que no acabamos de acertar con lo que aquellos quieren o necesitan y, por tanto, tendremos que repetir el examen en noviembre.

Nuestros queridos representantes electos son quienes, disponiendo del don de la infalibilidad, hacen todo bien mientras que el resto del país se equivoca. De alguna forma estamos viviendo en diferentes dimensiones. En la no política, si no conseguimos sacar adelante el trabajo, nos exigen responsabilidades. En la dimensión política, sin embargo, las difieren sobre nosotros. Pero en esta confrontación, una cosa queda clara, la incapacidad de los dirigentes políticos y su parálisis para llegar a acuerdos, deberían tener consecuencias, por ejemplo, marchándose para dejar paso a otros. En la sesión de control al Gobierno del miércoles el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, ha dejado claro el sentir general dirigiéndose en estos términos al presidente del Gobierno en funciones: “¿Cómo cree que se fue la gente a la cama anoche? Creo que están hasta las narices, hasta los bemoles de todos nosotros”.

Por su parte, Aitor Esteban, portavoz del PNV, lanzaba desde la tribuna la pregunta clave: ¿Cómo va a resolver el gobierno en funciones probablemente por varios meses, los compromisos con las Comunidades Autónomas? ¿Cómo llevará a cabo las inversiones comprometidas? Es la punta del iceberg. Entre desacuerdos y reproches queda lo importante de fondo y por hacer. La Ley de Eutanasia; la derogación de la ley Mordaza; la falta de presupuestos para la dependencia; demasiados españoles pasándolo mal y ahora con menos esperanzas de futuro; la Ley de memoria histórica: la Jurisdicción universal; la renovación del Consejo General del Poder judicial; la sostenibilidad de la pensiones; presupuestos; medioambiente desangrado y un largo etc.

¿Ahora qué? Vuelta al hastío de una campaña política ya conocida, basada en reproches y sin aportar nada. Los egos heridos asestando puñaladas cada vez más profundas, destrozando la parte positiva de la política, sustituyéndola por un afán de venganza contra el otro y ninguna oferta práctica de construcción de futuro.

Nuestros líderes deberían recordar a Max Weber, que allá por 1919 decía cosas tan juiciosas como estas: “La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias, para las que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura [...] Sólo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él ofrece; sólo quien frente a todo esto es capaz de responder con un sin embargo; sólo un hombre de esta forma construido, tiene vocación para la política”. En la ética de la responsabilidad que propone Weber se deben tener en cuenta las consecuencias previsibles de la propia acción.

Algo que no parece que hayan contemplado ninguno de estos líderes que aparentemente aspiran a vivir en la política —cada cual en mayor o menor medida—. Es decir en la telaraña, la trampa y la evanescencia, cual fatuas imágenes que se alejan de la realidad y de los problemas del pueblo al que someten con doctrinas y consignas que ya apenas nadie cree, obviando los intereses de quienes les han situado en el Parlamento gracias a su papeleta.

Puro marketing

Tan incongruente es la situación a la que nos arrastran que han olvidado incluso las largas parrafadas sobre la muerte del bipartidismo que nos dedicó la izquierda para explicar las posibles alianzas que decidieran llevar a cabo. Pero lo cierto es que, por su parte, las tres derechas no necesitaron utilizar argumento alguno. Se aliaron obviando las justificaciones con el objetivo común de gobernar y sin más razonamientos.

No sería de extrañar que en un futuro no muy lejano recibamos una extensa batería de información sobre las bondades de la vuelta al bipartidismo. La diferencia será que uno de los dos partidos habrá mostrado su debilidad de acción y el otro su capacidad para adaptarse a los acontecimientos. Pienso en el presidente del PP, Pablo Casado, cuya expresión en esta última crisis es la del gato que se relame ante el plato de leche, que ve cómo los demás, sin esfuerzo por su parte, le proporcionan más alimento, de mejor calidad, y sin lactosa.

No, la responsabilidad que citaba Weber no es algo presente en el trabajo de estos cargos. Los filósofos, los pensadores, los viejos conocedores de la profesión no tienen sitio en esta política actual diseñada y manejada por los directores de comunicación, siguiendo las reglas del marketing y traduciendo las claves de gobierno en productos a consumir, en guerra de marcas, en ofertas inmediatas, imprescindibles. La política se parece más a esta traducción de mercadotecnia que cita Byung Chul Han, que al concepto de Maurice Duverger cuando la interpreta como “ lucha o combate de individuos y grupos para conquistar el poder que los vencedores usarían en su provecho”. Pero, sin duda, de todos aquellos que han reflexionado sobre esta ciencia, se mantiene vigente para cada situación Nicolás Maquiavelo: Para los nuevos políticos “el fin justifica los medios”. ¿Y cuál es el fin? Imponer la marca, vendernos el producto.

La sociedad se encuentra aturdida en el epicentro de una compleja trama de intereses sazonada por redes sociales, big data, fake news… de la que no hay manera de salir. Así las cosas, ni nos escuchamos, ni entendemos, solo nos dejamos llevar. Nos empujan a reducir la acción social al acto de votar cada vez que se nos requiera. Tal es el fastidio que han logrado imbuirnos que no somos capaces de reaccionar, de salir a la calle a expresar la protesta, a dejar a todos los políticos encerrados en el Congreso hasta que lleguen a una solución acorde con la confianza que teníamos en ellos y que, gracias a ellos, vamos perdiendo a pasos de gigante.

El futuro es un bucle

En este momento temo que el desaliento nos lleve a bajar la cabeza y a sacar lo peor de nosotros, es decir la indiferencia, aceptando lo que nos echen. El futuro es un bucle: tragaremos las falsedades, las nuevas promesas y los mensajes. Nos volverán a contar las mismas mentiras y obviedades. Siempre es así, una y otra vez se produce la misma situación, los mismos errores, los mismos tropiezos. En suma lo que pasa es que obra mal el otro.

El problema radica en que la verdadera vocación de servicio público está ausente. En apariencia los interlocutores dicen estar dispuestos a hablar, a negociar...pero lo que de verdad pretenden, es imponer. Eso no es conversar, no es acordar. Un diálogo debería empezar por decir “acepto tu propuesta” y el oponente, responder: “acepto la tuya “. Es un punto de partida para seguir rebajando, añadiendo, puliendo… hasta llegar al encuentro. Por el contrario la discusión deviene en riña: “quiero esto” “no te lo doy”, “dame aquello” “tampoco”. Y concluye en ruptura. No hay empatía, nadie se pone en el lugar del otro. No se escucha al de enfrente.

Entre tanto, los ciudadanos deambulamos por en medio como zombis. Caminantes en una oscuridad impuesta por unos políticos que nunca han comprendido el encargo que les hicimos. Nos han metido en la encrucijada, pero no saben cómo salir ni cómo sacarnos de ella. Posiblemente deberían dejar paso a otros. Si debemos votar otra vez, al menos que sea a candidatos que tengan la capacidad de buscar la coincidencia y no se encierren en posturas imposibles. Desde el papel de consumidores políticos al que nos han relegado al incumplir nuestro mandato expresado con claridad el 28 de abril pasado, exijamos al menos productos nuevos, más dúctiles, de mayor eficacia. Y sobre todo, recapacitemos sobre hasta cuándo vamos a estar dispuestos a estirar la paciencia. Nos dicen que no hemos aprobado, de acuerdo, pero suele ocurrir que cuando se suspende tantas veces, la culpa es de los profesores. ¿O no?
____________

Baltasar Garzón es jurista.

 
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12 Comentarios
  • hayundi hayundi 20/09/19 08:45

    Los políticos deberían exponer su programa a la ciudadanía claramente y en los debates analizar las bondades o prejuicios de sus propuestas, eso a la vista de todos, la discusión en publico aclararía las opciones de cada votante. En vez de eso se culpan con el... y tu mas y así no vamos a ningún sitio porque la realidad es que la inmensa mayoría no se lee el programa ni siquiera el de su partido favorito, a la derecha le viene muy bien esta situación porque si se explicaran bien las consecuencias de sus propuestas cambiaría la intención de voto de la inmensa mayoría de sus acólitos. Si hay políticas que proponen mejoras en justicia social y mas justa distribución de la riqueza, hay que apoyarlas vengan de donde vengan. Los procesos revolucionarios hace tiempo que acabaron ahora funciona el consenso y la democracia aunque siga habiendo gente que eche de menos el asalto al palacio de invierno.

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  • senenoa senenoa 19/09/19 13:39

    Bravo Garzón, bravo. Pertinentes y muy atinadas reflexiones, que comparto y suscribo.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 19/09/19 13:33

    No me parece que la crítica que se hace en el artículo sea muy consistente. Porque el pretendidamente perverso análisis de nuestras preferencias puede ser correcto o estar equivocado. Si es correcto y nos ofrecen lo que de verdad queremos, ¿cuál es el motivo de queja? Y si el análisis es erróneo, en el error llevará la penitencia, porque no obtendrá lo que pretende, nuestro voto de "consumidor pasivo" que dice. Las quejas deberían ir por otro lado:

    1) ¿Serán capaces los políticos de satisfacer las demandas de los ciudadanos tan ladinamente detectadas por los medios más sofisticados? A mí no me molesta en absoluto ni me parece criticable que detecten, por ejemplo, que no me gusta la educación religiosa o que creo firmemente que hay que fragmentar las empresas demasiado grandes o subir los salarios y mejorar la seguridad en el empleo. Lo que sí me molesta hasta la indignación es que me prometan que van a cumplir mis deseos y luego, conseguido el voto, si te he visto no me acuerdo. Es decir, la queja no debería deberse a que capten mejor mis preferencias sino a que eso les sirva para elaborar un programa todavía más atractivo que antes pero que ni antes ni ahora están en condiciones de cumplir.

    2) Evidentemente, los medios por los que se enteran de nuestras preferencias deberían ser legales y castigarse a quienes no lo hagan así. Eso por descontado. Pero, ¿no estará parte de la queja de Garzón y del autor que cita en el lema motivada por el hecho de que a uno le molesta que se pongan al descubierto cuáles son realmente sus preferencias? Porque así se revelan contradicciones o hipocresías sociales que a los ciudadanos nos gustaría que permanecieran en la penumbra. Qué es lo que nos gusta se pone de manifiesto en lo que consumimos de verdad (y bien activamente), con independencia y muchas veces en contradicción con lo que decimos preferir: por ejemplo, vuelos baratos que liberan una cantidad de CO2 seguramente muy contradictoria con las preferencias ecologistas que dicen sentir muchos de sus usuarios y ese no es más que un ejemplo entre mil.

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  • MASEGOSO MASEGOSO 19/09/19 08:55

    Una columna escrita con el conocimiento de una realidad que nos atrapa y traspasa nuestra percepción personal al terreno del sentimiento general.
    ¿Marketing? Ahí puede estar el camino que conduce a la política que, usando los medios de comunicación, puede presentarse con la cara que le convenga en un momento determinado. Cara que siempre oculta su verdadero pensamiento.
    Volvemos, una vez más, al charlatan e feria que. sin argumentos no vendía una pluma sin plumin.
    Si, iremos a votar de nuevo el 10N, con la misma convicción que hicimos el 28A y, lamentablemente a los mismos.
    ¿Son tan escasos los políticos honestos y capaces en los partidos del arco español?
    Estimo que la mayoría solo son aficionados a la buena vida, buen salario, buenos complementos salariales y prebendas con pueertas giratorias.
    ¿No todos? Puede ser, sin embargo, lo que mejor hacen es aplaudir a sus lideres cual cla de aficionados en sus intervenciones parlamentarias.

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 19/09/19 08:19

    Excelente artículo señor Garzón. Tan sólo me hago una pregunta. Los partidos políticos ¿no están formados por ciudadanos? Porque si es así, o participan de la misma cerrazón que sus líderes con lo que el cambio de jefes no dará lugar a mejores entendimientos, o están tan imbuidos de sus siglas que todo lo que se haga les parece bien. Los políticos no son marcianos aterrizados en nuestro país. Son personas nacidas, criadas y educadas en el mismo país que nosotros. ¿No será que tenemos un país de sordos para lo que dicen los demás y oído amoldado para que lo que dicen los nuestros nos suene a música celestial?

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  • paco arbillaga paco arbillaga 19/09/19 07:30


    «Desde el papel de consumidores políticos al que nos han relegado…» hace tiempo que pido que quienes me suministran su producto político sean cambiados por otros «vendedores» pues parece evidente que los actuales o no saben vender su producto, o no se dan cuenta de que su producto es malo.

    Será duro ir a votar y encontrar a los mismos «vendedores» en las papeletas. Quizás algunos no voten pues hartos de tanto «consumir» estén ya consumidos. Osasuna.

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  • COLOJ. COLOJ. 19/09/19 04:33

    ¡¡¡YO VOY A VOTAR!!!. Para mi, votar es la manifestación ENTRONIZADA en mis sentimientos, de que no voy a renegar ni traicionar mi propio pasado. Pagué con despidos, detenciones, torturas y largos años de cárcel, como consecuencia de la lucha POR PODER VOTAR Y, CON LOS VOTOS DE TODOS, CONSEGUIR UNA DEMOCRACIA DIGNA DE TAL NOMBRE. Otra cosa será LO que PUEDA VOTAR. Es evidente que no son los Casado, Ribera o Abascal, herederos políticos de aquel que me persiguió, torturó y encarceló, quienes vayan a resolver los problemas de las clases populares. Mi problema es que las ideas (pacíficas, por supuesto), que animaron e impulsaron mis luchas, han sido difuminadas y mimetizadas en otras concepciones, quedando en la irrelevancia por ocultas entre marañas, y prácticamente desconocidas. Digo las IDEAS,no las FORMAS, que evidentemente el paso del tiempo y las dinámicas sociales siempre aconsejan evolucionar en su adaptación concreta a la situación concreta. Y ahora me encuentro con que, producido el voto y apenas soltadas de los dedos las papeletas de votación en las urnas, casi sin solución de continuidad, los beneficiarios del voto SE OLVIDAN de sus promesas por las que fueron votados, y niegan paladina y descaradamente que las vayan a cumplir. Es esta una vieja práctica, aunque antes se negaban a cumplirlas, y las incumplían, a lo largo de la legislatura. Sorprendentemente, en estos tiempos ya niegan que vayan a cumplirlas, incluidas las más vitales, apenas pasados unos días u horas de conocida la victoria electoral. Mucho antes de conseguir la formación de Gobierno, e incluso antes de culminar las negociaciones encaminadas a formarlo. Votar, votaré pero...........¿¿??

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    • jorgeplaza jorgeplaza 19/09/19 13:34

      Rivera.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 19/09/19 07:40


      COLOJ.: Aunque difiero en algo de lo que expones, no mucho, quiero manifestarte que deberíamos aprender del tono de tu exposición en la que manifiestas tu opinión sin descalificar a quien no piensa como tú. ¡Es que hay que ver la de insultos gratuitos que lanzan algunos para defender a su partido o a su líder!

      «Pagué con despidos, detenciones, torturas y largos años de cárcel, …» Espero que puedas tener ahora una vida como mereces tras lo que has pasado. Osasuna2 salu2.

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      • COLOJ. COLOJ. 22/09/19 01:26

        La vida que TODOS merecemos, no la gané, ni podía haberla ganado yo sólo, pues aunque desde la "normalidad" actual a muchos pueda parecer que consistió en un acción poco más que burocrática tras una "movidilla" callejera", si se sitúan siquiera sea mentalmente ante un dictadura criminal, quizá su valoración fuera otra. Fueron, FUIMOS, muchos, cientos,..miles, y durante largos y muy duros años. Y tanto yo, amigo Arbillaga, como los cientos que por mucho malo que yo pasé lo pasaron peor que yo, aunque no lo podrían hacer los que dejaron su propia vida en el empeño, disfrutaríamos del resultado de aquel esfuerzo a poco que los partidos que hoy se autoproclaman defensores de la clase obrera y de las clases populares, se mostraran y ACTUARAN CONSECUENTEMENTE CON EL MENSAJE QUE LES ENVIAMOS LOS VIVOS U LOS MUERTOS DE AQUELLA NEGRA TRAVESÍA. Lo que nos desespera (me atrevo a hablar en plural interpretando quizá gratuitamente los deseos de mis viejos compañeros), es observar que, teniendo muchas más razones para entenderse si de verdad buscan la superación de la explotación, que para disentir, están dilapidando su propio "capital político". Oigan, a algunos de los que con fuerte UNIDAD DE ACCIÓN nos enfrentamos al franquismo, nos separaban mas cosas de las que a Udes. les enfrentan de forma tan virulenta. Y que yo sepa, la explotación del hombre por el hombre y la separación cada vez mayor de las clases, están aún vigentes. Porque es mentira que haya desaparecido el proletariado. Más bien, son ahora proletarias capas sociales que nunca por tales tuvimos ni se tuvieron. Es cada vez mayor el abanico de estratos sociales que puedan sentir que, aunque en dosis limitadas, tiene aún algún control o influencia sobre el devenir de su vida económica o profesional. Cada vez más los profesionales que antes incluso gozaban de una cierta autonomía de organización y acción en las empresas ajenas que ejercían su profesión. En estos momentos, su actividad y su futuro está, como el del último pinche, al albedrío de un desconocido burócrata o, rozando ya la arbitrariedad, a lo que decida un ordenador. Eso es lo que demasiadas veces, se pospone a ignoro que pulsiones personale.

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 18/09/19 22:56

    sn duda es una molestia volver a votar. Pero es también una oportundiad de ser conscients que es en nosotros donde reside la soberanía. Y que ejercerla es un acto de responsabildiad que no se puede convertir en la irresponsabilidad de no ejercerla. Porque quienes tienen responsabilidades y no las ejercen dejan de ser responsables y se convierten en irresnsables. Y todo por no levantarse del sillón.
    ¿Qué clase de progresistas son quienes no ejercen su resonsabilidad de elegir a quien les parezca mejor - es decir, no al perfecto, ni al bueno, sino al mejor de los que hay - porque es para ellos demasiado molesto levantarse del sillón e ir a votar. ¡Pobre España sin ventura ....!

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    • Damas Damas 19/09/19 22:49

      A mí no me produce ninguna molestia el ir a votar.

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