¡A la escucha!

¿Espiando... por una buena causa?

Las nuevas tecnologías, los smartphones, las aplicaciones, están ahí en teoría para ayudarnos, para facilitarnos nuestro día a día, para darnos mayor accesibilidad, para ahorrarnos tiempo y mejorar los procesos. Ésta es la teoría o lo que nos han vendido y a ellas nos hemos entregado sin muchas precauciones desde hace ya un tiempo. Ni siquiera la sospecha de que esas aplicaciones nos espían y envían nuestros datos y nuestras conversaciones a terceros para hacer negocio nos ha escandalizado tanto como para ponerle un poco de coto a ese frenesí tecnológico. No, no lo ha hecho hasta que una institución pública ha anunciado que va a utilizar algunos de esos datos para hacer un estudio de cómo mejorar las infraestructuras y servicios en determinadas zonas.

Sí, el INE anunció esta semana que, durante ocho días aleatorios, cuatro de entre semana y otros cuatro festivos, va a pedir a las compañías telefónicas con infraestructura propia, con repetidores y antenas, que le envíe datos de cuánta gente hay en determinados lugares a determinadas horas. Va a hacer un mapeo en principio anónimo. Simplemente quiere saber el flujo de gente que hay en unas zonas a unas horas para saber si, por ejemplo, a esa cuadrícula del mapa que ha dibujado con datos, hay que asignarle una nueva conexión de cercanías, de líneas de autobús o hay que aliviarla con una nueva red de carreteras secundarias. No sabrá, en teoría también, quiénes son ni a dónde se mueven después, pero descifrarlo, en este mundo inundado de datos, no será especialmente difícil si se ponen a ello.

Todo esto ha generado muchas suspicacias, algunos juristas tienen dudas de si esto es o no legal y otros muchos respiraban aliviados porque su compañía telefónica no estaba entre las tres a las que el INE va a pedir los datos y por los que les va a pagar medio millón de euros. Pero sinceramente, no es ningún consuelo si realmente de lo que se trata es de proteger nuestra privacidad. En este caso han tenido la deferencia de avisarnos de que lo van a hacer; en otros cientos de casos, quizás miles, están mercadeando y lucrándose con nuestra actividad en redes y dispositivos sin pedirnos permiso y sin saberlo nosotros. Sí, tal y como decía Julia Otero hace unos días, llevamos un GPS en el bolsillo y rastrear nuestros movimientos es sencillísimo. Así que, si esta vez es de verdad para mejorar nuestra vida, para proyectar un nuevo hospital por ejemplo en una zona que ha crecido de forma rápida por la llegada de nuevos barrios, traslado de grandes empresas o lo migraciones, pues bienvenido sea. Por una vez, estaremos agradecidos de que nos espíen, aunque sea, como dicen, de forma anónima.

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