A debatir

Respuestas al debate sobre Podemos

Como cabía imaginar, el debate sobre el trance político en el que se halla Podemos ha despertado mucho interés y amplia participación. También, como cabía esperar, se han registrado opiniones furibundas y algunas hasta ofensivas, pues siempre que se habla de este partido las pasiones se desbordan.

Antes de entrar en materia, creo que son convenientes algunas aclaraciones.

En primer lugar, algunos participantes se enfadan porque se plantee la cuestión sobre la marcha de Podemos. El hecho mismo de que se hable del tema y se pregunte sobre las razones por las cuales el partido no atraviesa su mejor momento es ya motivo de suspicacia para algunos. Si alguien se molesta en repasar artículos anteriores, descubrirá que he dedicado muchos más artículos a PP y PSOE en el pasado que a Podemos. No creo que haya fijación u obsesión con Podemos.

En segundo lugar, algunos lectores confunden los argumentos que propongo para el debate con mis propias opiniones. Recuerdo la fórmula del debate: en la primera parte, propongo un tema y avanzo distintos argumentos para animar a la gente a participar; en la semana siguiente, analizo los comentarios y, si es posible, añado algo de mi cosecha. La semana pasada, cuando introduje los tres argumentos, dije explícitamente que estaba resumiendo los principales argumentos que había encontrado leyendo los análisis que aparecen en los medios. Los lectores que suponen que esos argumentos son mi opinión no interpretan correctamente el planteamiento del debate. Por ejemplo, algunos participantes se han irritado porque en mi artículo aparecía una referencia despectiva a las “bellas palabras (negociación, diálogo)” que utiliza Podemos con respecto al asunto catalán: pero eso no quiere decir que sea mi opinión (no sé cuántos artículos he escrito defendiendo la negociación con los independentistas y el referéndum pactado), se trata simplemente de un argumento que múltiples analistas y comentaristas están utilizando en la prensa.

En tercer lugar, algunos participantes se refieren a esta sección como si fuera una “encuesta”: pero esto no tiene nada que ver con una encuesta, es un foro de debate, que es algo bien distinto.

Vayamos al grano. En el artículo de la semana pasada, me referí a tres argumentos que se utilizan para explicar la tendencia a la baja de Podemos. Estos eran (i) el hiperliderazgo de Iglesias, (ii) la organización interna del partido y su tendencia a prescindir de quienes no coinciden con el núcleo dirigente, y (iii) la postura ante la crisis catalana.

Algunos lectores han objetado que la premisa inicial no es cierta, es decir, que Podemos no está en mal momento. Consideran que todas las encuestas están manipuladas, tanto las del CIS como las de los institutos privados. Tampoco perciben que Podemos esté perdiendo sintonía con sus bases. Las encuestas, desde luego, se equivocan en ocasiones (en otras aciertan): pero lo interesante es que por mucho sesgo que tengan, las tendencias son comunes en todas ellas. Indican claramente una caída en los apoyos. Esto no quiere decir que Podemos no pueda recuperarse en el futuro: tan solo indica que en estos momentos no consigue despertar el entusiasmo que en otros momentos tuvo.

La gran mayoría de los participantes sí piensa que Podemos ha perdido fuerza, pero muchos creen que se debe a causas externas, en concreto a la hostilidad de los grandes medios de comunicación. Aun admitiendo que Podemos reciba un trato especialmente duro por parte de la prensa en papel y las televisiones y radios, no está claro que los ataques hayan ido a más con el tiempo (lo que podría explicar la pérdida de tono político de Podemos en estos últimos meses). Si el trato de los medios nunca ha sido favorable, entonces no cabe atribuir a estos la principal responsabilidad por los problemas que sufre ahora el partido. Suponer que los medios no influyen cuando Podemos va bien y sí cuando va mal parece un argumento interesado.

Un buen número de participantes ha apuntado a algunos de los factores que se mencionaban en el artículo, sobre todo al desgaste de Pablo Iglesias y a la forma en que se ha suprimido la pluralidad interna en el partido. En general, los participantes no han dado mucho peso a la cuestión catalana, en la que Podemos no ha variado su posición (defensa del referéndum pactado, rechazo de las medidas extraordinarias del Gobierno y de las encarcelaciones ordenadas por jueces).

Sigue siendo una cuestión muy controvertida la decisión de Podemos de no permitir que Pedro Sánchez fuera investido presidente gracias al acuerdo de gobierno que firmó con Ciudadanos. En su momento, defendí en infoLibre que era un error que el PSOE negociara con Ciudadanos y no con Podemos. Pero una vez consumado el pacto entre Sánchez y Rivera, Podemos podría haberse abstenido y permitir la alternancia, configurándose como el principal grupo opositor en el Congreso. No lo hizo y con ello, de forma indirecta, contribuyó a la continuidad de Rajoy. Creo que para la democracia española habría sido mucho más saludable haber echado a Rajoy del poder.

Esto está relacionado con otros de los factores que han añadido los participantes en el debate. Para algunos, Podemos ha pecado de “purista”, lo que ha tenido dos consecuencias: por un lado, se ha dejado pasar la oportunidad de provocar un cambio, con lo que la formación ha quedado asociada en la imaginación de muchos a un partido expresivo, que canaliza la protesta, pero no como una fuerza política que interviene en la política y cambia las cosas; por otro lado, al primar la preservación de la pureza izquierdista, Podemos ha echado por la borda el objetivo de constituir una fuerza transversal que representara a todos los colectivos golpeados por la crisis y a numerosos ciudadanos hartos de la corrupción.

Parte del problema deriva de los conflictos que se generan cuando un movimiento social se transforma en partido político. Según muchos participantes, Podemos fue útil como portavoz de los descontentos. Hizo oír su voz. Además, alteró los términos del debate político en España. Pero al pasar a organizarse como partido, no ha sabido transformar esa función expresiva en un programa solvente de cambio. De acuerdo con este argumento, a Podemos le faltan cuadros y propuestas para convencer a los ciudadanos más moderados de que es una opción realista de gobierno. De ahí que aunque Podemos vaya cargado de razones, muchos ciudadanos no quieran darle su confianza. No se fían de que Iglesias y los suyos estén capacitados para gobernar. La política de comunicación, tan eficaz en la primera etapa, se habría quedado en esta segunda en mera propaganda, sin capacidad para persuadir a la ciudadanía de que se puede gobernar de otro modo. Algunos participantes, en este sentido, han reprochado a Podemos una cierta impaciencia, un gusto por los mensajes y los símbolos más que por propuestas creíbles, que habría minado su credibilidad.

En una línea parecida, se ha señalado también que Podemos ganaba apoyos cuando la gente no veía salida a la crisis económica. En la medida en que el país está creciendo otra vez y el paro disminuye (aunque sea a costa de un empleo precario y mal pagado), algunos ciudadanos van recuperando la esperanza. En la medida en que Podemos nació como un partido protesta, cuando hay menos motivos para la protesta, el apoyo electoral se reduce.

Resumiendo: las circunstancias actuales no son las más favorables para Podemos. Tanto la recuperación económica como el choque de los nacionalismos catalán y español dificultan su estrategia. Además, Podemos no acaba de consolidarse como una opción de gobierno, muchos ciudadanos siguen viéndolo como un partido de protesta más que de gestión. El liderazgo de Iglesias está muy gastado, en parte debido a la forma de resolver los desacuerdos internos. Y la apelación a una coalición transversal y renovadora que transformase la política española se ha desvanecido: Podemos, en estos momentos, se dirige especialmente a los suyos, sin ambición de ganar nuevos apoyos. Creo que ese es su principal problema.

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