“90 aniversario del inicio de la Guerra Civil española”: las comunicaciones en la zona republicana (segunda parte)

Cuando estalló la sublevación en julio de 1936, la noticia cruzó la frontera del Pirineo a toda velocidad. Francia, con el socialista Léon Blum como jefe de un Gobierno del Frente Popular, vivió las primeras horas pegado al teléfono. Hubo contactos telegráficos y telefónicos constantes entre Madrid, Barcelona y París. Pero después vinieron los problemas en las comunicaciones: los bombardeos y el avance de las tropas golpistas cortaban cables terrestres.

En muchas zonas invadidas se perdió la continuidad de los posibles enlaces. Cada llamada a Francia era una carrera contrarreloj antes de que la línea cayera. Por otro lado, Inglaterra, desde Londres, optó por la imprudente neutralidad que pocos años después pagaría. El Foreign Office temía una guerra europea y, además, su Gobierno conservador no deseaba una revolución en España al estilo de Rusia. De ahí salió la propuesta del Pacto de No Intervención, firmado en agosto de 1936; un comité de 27 países en Londres para vigilar que nadie mandara armas a la República española. Un pacto que, como vimos después, se incumplió desde el primer día.

Las tres estaciones de onda corta en la periferia de Madrid fueron la gran vía de escape. Gracias a ellas los corresponsales pudieron enviar sus noticias directamente a sus países

Pese a los cortes e inseguridad de las comunicaciones con el exterior, los periodistas extranjeros llegaron de muchos países y medios. Nunca una guerra había tenido tantos "enviados especiales" tan pronto. Intentaron enviar sus crónicas, fotografías y algunos documentales cinematográficos, como pudieron: Por teléfono haciendo cola en hoteles y centrales, con líneas que se caían y por telégrafo, por otra parte más caro y censurado, y por la frontera en caso del material gráfico. 

Pero en esos momentos, aparte de la posible recepción en los países fronterizos por la captación de emisoras de radiodifusión de uno y otro lado, la salida más estable fue la radio de onda corta. Mientras duró, las tres estaciones de onda corta en la periferia de Madrid fueron la gran vía de escape. Gracias a ellas los corresponsales pudieron enviar sus noticias directamente a sus países. Según mi profesor de Microondas I y II, Don José María Romeo, en los años treinta había tres grandes estaciones de onda corta, a saber:

1- Transradio Española en Aranjuez, con Servicios Radiotelegráficos a Canarias, Europa y América.

2- Radiar, (perteneciente a la Sociedad Anónima Radio Argentina) en Vallecas, que también prestaba Servicios Radiotelegráficos.

3- CTNE (Compañía Telefónica Nacional de España) en Pozuelo del Rey: prestaba Servicios Radiotelefónicos a Nueva York y Buenos Aires.

En 1932 Aranjuez había comenzado a reemitir también la programación de EAQ-Madrid Radiodifusión Iberoamericana. Tras la batalla del Jarama en febrero de 1937, estas emisiones pasaron al Centro Emisor de Vallecas. 

Esto permitió que corresponsales, como el estadounidense Ernest Hemingway o el soviético Ilia Ehrenburg, pudieran enviar sus crónicas o reñir entre ellos, a New York y Moscú respectivamente. Ambos se hospedaban, como muchos corresponsales extranjeros, en el mítico madrileño Hotel Florida. Como veremos en el próximo capítulo.

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Nicolás Puerto Barrios es Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones. Escritor y Periodista. Miembro del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Córdoba.

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