Solo nos queda Europa Pilar Portero
Hace unos meses, en mayo de 2025, publiqué un libro titulado La oportunidad de Europa frente a Trump (Catarata, Madrid, 2025) donde avanzaba la hipótesis de que la Presidencia de Donald Trump en Estados Unidos podría ser una oportunidad para el desarrollo del proyecto europeo, tanto hacia dentro, profundizando en el federalismo, como hacia fuera, desarrollando una auténtica autonomía estratégica que implicara una política exterior independiente, que pudiera recuperar el multilateralismo eficaz que estaba desapareciendo con Trump.
En los meses posteriores surgieron diversos artículos y editoriales en la opinión pública española que defendían que Europa se estaba plegando frente a Trump y se estaba convirtiendo en un actor vasallo al no hacer frente a las medidas disparatadas que estaban poniendo en cuestión el orden internacional generado por la relación transatlántica. De esta forma, se ponían en cuestión también los valores comunes, el respeto al Derecho Internacional, al Derecho Humanitario y a los Derechos Humanos. En definitiva, amenazaba la relación transatlántica y Europa no reaccionaba frente a ello, sino que, de alguna forma, aceptaba este nuevo orden internacional sin dibujar una alternativa.
Sin embargo, si analizamos la respuesta europea al año de llegar Trump a la Casa Blanca, vemos que esta impresión no es del todo correcta. Por un lado, el proceso de integración ha seguido adelante, fundamentado en los valores europeos de igualdad, libertad, solidaridad, Estado de Derecho y respeto a los derechos humanos, y profundizando en el mercado interior. Especialmente, ha habido una respuesta profunda en relación a la política comercial. Mientras Trump ha puesto en marcha un proteccionismo comercial basado en contingentes y aranceles altos, la Unión Europea, de forma silenciosa, ha profundizado en la liberalización comercial. Sobre todo, con el acuerdo de Mercosur y negociando otros sesenta acuerdos que entrarán en vigor a lo largo del año 2026. Es decir, una política comercial claramente antagónica a la de Trump.
Al mismo tiempo, estaban ejerciendo una política exterior autónoma, sin estridencias, como puede ser en relación al reconocimiento de Palestina como Estado, sobre el que se emplearon Europa y los Estados miembros, en el mes de septiembre, en la Asamblea General de Naciones Unidas, junto a otros 150 Estados y consiguieron que Trump propusiera el acuerdo de paz respecto a Gaza, con lo que giraba su posición mantenida en la Asamblea General cinco días antes. También consiguió que los Estados Unidos plantearan el plan al Consejo de Seguridad, que lo aprobó el 17 de noviembre, contradiciendo su posición de unos días antes, cuando había llegado a decir que había que disolver las Naciones Unidas en la propia Asamblea General.
Lo mismo ha ocurrido respecto al apoyo “inquebrantable” que ha seguido manteniendo la Unión Europea frente a la agresión rusa a Ucrania y que está consiguiendo mejorar la posición ucraniana en las negociaciones que se están celebrando entre Trump y Putin. Trump está asociando a la Unión Europea y a los países europeos en su negociación con Putin. Con ello, el presidente de los Estados Unidos ha cambiado respecto a la humillación que le había hecho el 3 de marzo a Zelensky en su reunión en el Despacho Oval.
Quizás el ataque más frontal del Presidente Trump ha sido la Estrategia de Seguridad Nacional adoptada el 5 de diciembre, en donde critica de una forma radical a la democracia de los Estados europeos y se atreve a apoyar a los partidos políticos populistas de extrema derecha que, entiende, son la solución para Europa, ya que esta está en una profunda decadencia. Esta Estrategia ha sido claramente contestada por el Presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la Presidenta de la Comisión, entre otros líderes europeos que han criticado de forma radical, pero sin estridencias, este planteamiento.
Es importante resaltar que la Unión Europea ha conseguido gracias a Trump, en gran medida, el acercamiento del Reino Unido, con su acuerdo del mes de mayo y con el reciente entendimiento de diciembre sobre la incorporación al Espacio Universitario Europeo y al Programa Erasmus, que estaba suspendido desde su retirada en 2020 y que ponía en peligro a las propias universidades británicas. Así, el acercamiento a la Unión Europea es progresivo y se empieza a hablar, de forma informal, de que el reingreso en la Unión podría ser “as soon as possible”. Esto también contiene una reacción a Trump.
Si bien aparentemente no ha habido una respuesta contundente a la política agresiva de Trump, en la práctica estamos viendo que se está produciendo una consolidación de la integración europea
Por otro lado, cada vez se ve más clara la identificación progresiva entre la Unión Europea y Europa, también como consecuencia de Trump. Tanto por los avances que se han dado en el último año en las negociaciones de ampliación con 9 o 10 Estados (si incluimos Armenia), donde dos de ellos han casi finalizado sus negociaciones. Así, Montenegro podría entrar en 2028 y Albania en 2029. Hay que señalar también el acercamiento de Noruega, Islandia y Suiza. Los dos primeros están planteando la posibilidad de solicitar su ingreso próximamente.
Un fenómeno que está pasando desapercibido en nuestros medios de comunicación es la consolidación como actor político de la Comunidad Política Europea, que durante 2025 ha tenido la sexta cumbre en Tirana (Albania) y la séptima en Copenhague (Dinamarca) y se está consolidando progresivamente esta Comunidad de 46 Estados, que está alcanzando una gran cohesión y empiezan a tratarse temas políticos como los de seguridad y defensa. Esta aceleración también tiene que ver con la política de Trump. Se han convocado ya las dos próximas cumbres, la octava en Ereván (Armenia) y la novena en Irlanda, manteniendo el equilibrio entre una cumbre en un país de la Unión y otra fuera de la misma.
De tal manera que, si bien aparentemente no ha habido una respuesta contundente a la política agresiva de Trump, que está poniendo en cuestión los valores de occidente, el derecho internacional y la relación transatlántica, en la práctica estamos viendo que se está produciendo una consolidación de la integración europea, que podemos llamar integración silenciosa, en donde no solamente se avanza dentro de la Unión, sino que el poder de atracción en el 2025 ha aumentado considerablemente con el Reino Unido, Noruega, Islandia, Suiza e incluso Canadá, además de los diez países de la ampliación.
Especialmente, hay que tener en cuenta el refuerzo de la Comunidad Política Europea, pues claramente estos 46 Estados caminan en una relación confederal. A la vez, la Unión Europea se plantea la necesidad de avanzar a través de una Convención Europea para la reforma de los Tratados para conseguir una Federación de iure. De tal manera, posiblemente el año 2026 es el que consolide las dos caras de Europa: la confederación a 46 y la federación a 27 y lo que venga. Esto es parte de la respuesta a Trump a través de la integración silenciosa de Europa.
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Francisco Aldecoa Luzárraga es catedrático emérito de Relaciones Internacionales en la UCM y Presidente del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo.
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