Capitulación trumpista en el Golfo Pérsico Alejandro López Canorea
La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (JCCM) parece estar consolidando una determinada orientación estratégica para el futuro del territorio con el anunciado Plan de Biometanización. Por un lado, impulsa el desarrollo del biometano como pieza clave de la economía circular. Por otro, sigue sin articular una estrategia integral de recuperación de los sistemas hídricos que sostienen buena parte del equilibrio ambiental de la región, cuyo ejemplo más evidente es el conjunto hidrogeológico del Alto Guadiana y su relación con Las Tablas de Daimiel.
Más que una relación de causa y efecto entre ambas dinámicas, lo que se observa es algo más profundo: la coexistencia de dos racionalidades distintas de gobierno del territorio.
La primera racionalidad es la de la optimización económica de los flujos materiales. En ella, los residuos del sistema productivo se convierten en recurso energético bajo el paradigma de la economía circular. El biometano se inserta en esta lógica como tecnología de valorización de subproductos agroganaderos y agroindustriales.
La segunda racionalidad es la de los límites biofísicos y la restauración ecológica. En este marco, el territorio no es solo soporte de actividad económica, sino un sistema hidroecológico complejo cuya estabilidad depende de la recuperación de sus funciones básicas: la recarga de acuíferos, la continuidad de los flujos hídricos, la salud de los humedales y la resiliencia del paisaje agrario.
Sigue sin existir una estrategia para la recuperación integral de los acuíferos, ríos y humedales de la Mancha Húmeda
Durante las últimas décadas, la modernización agraria ha transformado profundamente la Mancha Occidental. La expansión del regadío y la intensificación productiva han ejercido una presión sostenida sobre los acuíferos que alimentan el Guadiana y humedales como Las Tablas de Daimiel.
El resultado es un sistema hidrogeológico tensionado. Esta situación no puede entenderse únicamente como un problema ambiental, sino como la consecuencia de un modelo de desarrollo territorial que ha priorizado de forma sistemática la productividad económica del suelo frente a la capacidad de regeneración del sistema hídrico.
A pesar de la gravedad del diagnóstico, el Alto Guadiana carece todavía de un gran Marco de Actuaciones Prioritarias (MAP) para la restauración hidrológica comparable al desarrollado en otros espacios de alta sensibilidad ecológica como Doñana o el Mar Menor.
No se trata de afirmar que el biometano y la recuperación hídrica sean incompatibles. La cuestión es otra. Mientras se movilizan recursos, planificación y apoyo institucional para impulsar la biometanización, sigue sin existir una estrategia equivalente para la recuperación integral de los acuíferos, ríos y humedales de la Mancha Húmeda.
En este contexto, el desarrollo del biometano puede interpretarse como una nueva fase de la misma racionalidad económica que durante décadas ha priorizado la maximización productiva frente a la restauración de los sistemas hídricos. Cuanto más intensivo es un sistema agroindustrial, mayor volumen de residuos genera. Y cuanto mayor es ese volumen, mayor es también la disponibilidad de materia prima para su valorización energética. De este modo, la gestión de residuos puede convertirse en un sector en expansión sin que ello implique necesariamente una transformación del modelo territorial que los produce.
Frente a esta lógica centrada en la gestión de flujos económicos y materiales, se han desarrollado en las últimas décadas enfoques basados en la custodia del territorio.
En el fondo, la cuestión es qué tipo de riqueza decide priorizar una sociedad
Este modelo introduce una idea distinta de gobernanza ambiental: la conservación y restauración de los ecosistemas no como una externalidad o una política sectorial, sino como un proceso compartido entre administraciones públicas, propietarios, entidades sociales y comunidades locales.
En el caso del Alto Guadiana, la custodia del territorio ofrece una vía especialmente relevante para abordar la recuperación de acuíferos, humedales y riberas mediante compromisos territoriales estables basados en la corresponsabilidad ecológica y no únicamente en la rentabilidad económica inmediata del suelo.
En el fondo, la cuestión es qué tipo de riqueza decide priorizar una sociedad. La rentabilidad económica de corto plazo resulta fácilmente medible en términos de producción, inversión o PIB. Mucho más difícil es contabilizar el valor de unos acuíferos recuperados, de unos ríos con caudal permanente o de unos humedales funcionales. Sin embargo, son precisamente estos sistemas los que sostienen a largo plazo la habitabilidad, la resiliencia y la calidad ambiental del territorio.
En última instancia, lo que se va a definir en los próximos años es el modelo de relación entre sociedad, economía y naturaleza que estructurará el futuro de Castilla-La Mancha.
La Mancha Húmeda puede avanzar hacia un escenario en el que la restauración ecológica, la recuperación de los recursos hídricos y la custodia del territorio constituyan el eje de su transformación.
O puede consolidarse como un espacio donde la política ambiental se limite a gestionar los impactos del modelo productivo existente.
La decisión no es técnica. Es política. Y consiste en determinar si la Mancha Húmeda quiere convertirse en uno de los principales laboratorios europeos de restauración ecológica o resignarse a administrar las consecuencias de la degradación de sus propios recursos hídricos.
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Alberto Celis es historiador y geógrafo.
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