Tres años de indignación

El 15-M deja huella en la lucha por derechos fundamentales

Una mujer que iba a ser desalojada agradece el apoyo de activistas de Stop Desahucios, en Granada.

El 15-M ya no es el 15-M que explotó en la primavera de 2011. Muchos, incluso, dudan de que exista como tal. No es el estallido masivo, heterogéneo y algo confuso que se plantó en las plazas para protestar contra la forma en la que los partidos clásicos, agotados políticamente, intentaban poner coto a una crisis a la que los indignados continúan llamando "estafa". 

Con las asambleas que surgieron de las acampadas bajo mínimos –sobreviven a duras penas en algunos barrios–, el germen de una protesta que sorprendió al mundo permanece anclado en la defensa de derechos fundamentales como la vivienda o el trabajo digno, la lucha contra la especulación financiera y los desmanes de la banca, a la que muchos activistas consideran culpable de la actual situación de crisis. El ejemplo del 15-M ha revitalizado también la lucha vecinal en defensa de los servicios públicos y contra el olvido al que, dicen, se ven sometidos muchos barrios por las instituciones. El ejemplo del barrio burgalés de Gamonal ha sido el más célebre de los últimos 12 meses, pero no es ni mucho menos el único

En el último año también se ha experimentado en la órbita de los movimientos surgidos tras el 15-M cierta disposición a apostar por la vía institucional. Podemos –al que el último CIS augura incluso un escaño en el Europarlamento–, el Partido X o el Movimiento Red han recogido el guante. La creencia más o menos generalizada es que el agravamiento de la crisis favorece la exploración de la vía institucional sin dejar de lado la respuesta en la calle a los recortes y las políticas "neoliberales" del Gobierno de Mariano Rajoy. 

infoLibre resume a continuación cómo han evolucionado alguno de los proyectos más relevantes que surgieron bajo el paraguas o la influencia de las protestas de mayo de 2011: 

01. La vivienda

Un logro evidente del 15-M es haber creado un poso que con el paso del tiempo ha sido el germen o ha revitalizado otras movilizaciones. En este punto, la lucha a favor del derecho a la vivienda y la denuncia de su cara más amarga, los desahucios, aparece como el frente más movilizado. Aunque sus inicios se remontan a 2004, cuando varios colectivos alertaron de los problemas del acceso a la vivienda, las protestas de mayo de 2011 contribuyeron a impulsar el colectivo. La propia Ada Colau, que esta semana anunció que dejaba la portavocía de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), admitió en su carta de despedida que el 15-M había ayudado a expandir por todo el Estado la lucha antidesahucios. 

A pesar de que no consiguieron que se aprobara una legislación hipotecaria más favorable a los consumidores –el rodillo del PP resulta implacable en la mayoría de los casos y tumbó una ILP avalada por más de un millón y medio de firmas que pedía una moratoria antidesahucios, dación en pago retroactiva y más inversión en vivienda pública– sí se han logrado pequeñas victorias como los más de 1.135 desahucios paralizados gracias a la movilización ciudadana, según datos de la PAH. El de Tatyana Roevo fue el primer desalojo que se intentó parar en Madrid. Fue en junio de 2011, cuando las tiendas de campañas todavía estaban desplegadas en la Puerta del Sol de Madrid y en las plazas de otras tantas ciudades de todo el país. 

Desde entonces Tatyana no ha dejado ni un día de lado su compromiso por el derecho de todas las personas a tener un techo digno bajo el que vivir. "La vivienda es uno de los grandes dramas de esta crisis y nos hemos sabido mover bien. Hemos sido capaces de empoderar a la gente, de crear redes de apoyo mutuo y de solidaridad. Creo que nos hemos convertido en un referente. Son muchas las personas que nos dicen que desde los juzgados o los centros de atención social les recomiendan acudir a la PAH. Hemos logrados daciones en pago, alquileres sociales, prórrogas a desalojos. Todos hemos hecho un máster en legislación hipotecaria", asevera. 

Su última línea de acción está centrada en la ocupación de vivienda vacía propiedad de bancos o de Administraciones Públicas. Defienden que es la última y a veces la única respuesta posible a un drama que ha dejado en la calle en los últimos años a miles de familias desahuciadas de sus casas por no poder hacer frente al alquiler o a una hipoteca. El último edificio ocupado ha sido el que desde el pasado 26 de abril habitan cinco madres, dos abuelas y ocho niños en una calle del céntrico barrio de Malasaña en Madrid. Todas son familias golpeadas por el desempleo y los recortes sociales. A su nuevo hogar le han puesto por nombre La Leonera y de uno de sus balcones pende una pancarta en la que puede leerse “Ni casas sin gente, ni gente sin casas”. Ese ha sido de los lemas tradicionales del movimiento antidesahucios. 

02. La precariedad laboral 

Su primera manifestación, que tuvo lugar el 7 de abril de 2011, fue el primer aviso de que lo que estaba fraguando en la primavera de 2011 era algo diferente. Juventud Sin Futuro, un colectivo hasta entonces desconocido integrado principalmente por estudiantes universitarios, logró reunir a más de 7.000 personas en Madrid y la movilización tuvo réplicas en otras ciudades. Se presentaron como jóvenes "sin casa, sin curro y sin pensión" pero, sobre todo, "sin miedo". Hartos de ser catalogados con el perverso concepto de la generación nini (ni estudia ni trabaja) decidieron ponerse a "hacer política". Y lo hicieron desde la universidad, los centros sociales y, sobre todo, la calle. 

En mayo de 2012 para asesorar legalmente a los trabajadores más desprotegidos (becarios, falsos autónomos, eventuales en fraude de ley...) y denunciar las "prácticas abusivas" cada vez más habituales en el mercado laboral. En marzo de 2013 iniciaron la campaña "No nos vamos, nos echan", con el objetivo de protestar contra el "exilio laboral" al que, dicen, se ve abocada su generación. Esta iniciativa dio lugar a la llamada Marea Granate, creada por jóvenes españoles que se marchan al extranjero en busca de oportunidades ante la precariedad y la falta de perspectivas laborales en España.

Esteban Sánchez, profesor de Sociología en la Complutense y experto en jóvenes y precariedad, considera que el movimiento Juventud Sin Futuro ha sido capaz en este tiempo de vincular dos realidades, la laboral y la política. "Nunca la situación de las personas jóvenes en España había sido tan preocupante en democracia, ellos han sabido politizar de manera no convencional ese malestar a través de un activismo cualitativamente diferente y alejado del activismo político de generaciones anteriores", señaló a infoLibre

Pablo Padilla, licenciado en Políticas, es uno de los miembros más activos del colectivo. Cree que buena parte de su éxito está en haber colocado los problemas de la juventud en el centro del debate. "Ninguna política institucional ha estado centrada nunca en este tema. Tenemos muchas cosas que mejorar, como acercarnos a la gente que no está vinculada a la Universidad o salir del círculo de Madrid, pero creo que sí hemos sabido ser útiles para gente que quizá no se veía representada o defendida por otro tipo de organizaciones", señala. 

03. El sector financiero y la economía

Que el sector financiero ha tenido mucho que ver en la actual situación del país es algo que nadie niega en los círculos surgidos al calor de las protestas del 15-M. Y la realidad es que la actitud beligerante de este colectivo frente a la banca y sus desmanes es una evidencia difícil de rebatir.

El grupo de Economía que surgió tras la acampada de la Puerta del Sol de Madrid llevó la iniciativa en su momento con movilizaciones contra los paraísos fiscales o las agencias de rating. Ahora su última propuesta es una jornada laboral de hasta 25 horas semanales –en cómputo anual– con salarios que garanticen la capacidad adquisitiva suficiente de los trabajadores. Manuel Nolla y Teresa Rodríguez, ambos participantes de este grupo, consideran que esta propuesta disminuiría la desigualdad creciente en la sociedad española y abriría las puertas del mercado laboral a decenas de miles de personas. Asimismo, aseguran que podría lograrse reduciendo el "injustificado abismo salarial" que existe entre cargos directivos y el resto de asalariados y aplicando mayor carga fiscal a los beneficios de las grandes corporaciones.

Además del trabajo de este grupo sobresale especialmente la acción de la plataforma ciudadana 15MpaRato impulsada, según sus promotores, para "acabar con la impunidad y los privilegios de los insultantemente ricos, de los políticos y de los banqueros". Esta plataforma consiguió recaudar a través de internet 15.000 euros con los que querellarse contra Rodrigo Rato y el consejo de administración de Bankia en la época de su salida a bolsa. El 10 de julio de 2012 la Audiencia Nacional admitió la querella e imputó a Rato. 

Además, en octubre de 2013 la PAH presentó en la Audiencia Nacional una denuncia penal contra Emilio Botín, Patricia Botín y Alfredo Sáenz entre otros responsables del grupo financiero del Banco Santander y BNP Paribas por la “comercialización sistemática de hipotecas basura”. Entre las empresas denunciadas está también Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI) –una de las financieras del Santander– y Valtenic –empresa de tasación–.

04. El empoderamiento ciudadano 

El ejemplo del 15-M ha revitalizado también la lucha en defensa de los servicios públicos y contra el olvido al que, dicen, se ven sometidos ciertas actividades por las instituciones. Aunque tímidamente, el activismo en los barrios ha rebrotado con la crisis, el repunte del paro o el drama de los que pierden sus casas porque no pueden hacer frente a la hipoteca. Y los tentáculos del 15-M, sobre todo en las grandes ciudades, tuvo algo que ver en resurgir.

El ejemplo del barrio burgalés de Gamonal ha sido el más célebre de los últimos 12 meses, pero no es ni mucho menos el único. En Burgos la movilización vecinal consiguió revertir una política municipal, la construcción de un bulevar en una de las arterias de un barrio obrero.

La paralización de la privatización sanitaria en Madrid –aupada por un frente judicial liderado por la asociación de facultativos AFEM, pero con mucha respuesta en la calle especialmente en sus primeras movilizaciones– o la consecución de cero despidos tras la huelga de limpieza en Madrid probaron que los ciudadanos sí logran a veces derrotar a los gobiernos. Otros ejemplos de lucha ciudadana son los que están llevando a cabo en Baleares y en Canarias contra las explotaciones petrolíferas o las protestas contra la privatización del agua en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) o Rascafría (Madrid). 

La crisis despierta al movimiento vecinal

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