La crisis se encona en Podemos por la confluencia en Andalucía

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Teresa Rodríguez, del sector anticapitalista, logró en Andalucía una clara victoria en las primarias de noviembre de 2016: 75,6% de los votos. ¿Había nacido la "baronesa" de Podemos? La propia Rodríguez (Rota, Cádiz, 1981) y su entorno rechazaban el calificativo, que consideran propio de la vieja política, sus cuotas internas, egoísmos y luchas de poder. Donde sí ponía el énfasis Rodríguez era en la necesidad de que el partido se tiñera de verde y blanco. Que dejara de ser "Podemos en Andalucía" y pasara a ser "Andalucía en Podemos", porque "en Andalucía no se ganan las elecciones siendo la sucursal de un partido madrileño". Quería mayor autonomía. Un censo y un CIF. Llegó a pronunciar, aunque no quiso llegar tan lejos, la palabra "confederar". Al final, tiró de metáfora frutal. Podemos ahora es un manzana, una misma piel con interior homogéneo, explicaba. Rodríguez no quería que fuera tanto como un racimo de uvas, que sería el modelo confederal, el que define las relaciones de PSOE y PSC. Pero sí quería que al menos Podemos Andalucía fuera el gajo de una naranja de diferentes piezas cubiertas por una misma piel, como lo son el PSOE e IU en Andalucía. No lo ha logrado.

Y no sólo eso: aquella pretensión frustrada nutre hoy la raíz de una crisis cada vez más enconada entre la dirección andaluza de Rodríguez y la estatal que lidera Pablo Iglesias. Si su origen es en parte la pretensión insatisfecha de mayor autonomía, el detonante de la crisis es la confluencia de Podemos con IU en Andalucía, que incluye primarias conjuntas de ambas formaciones. Pero eso sólo ha precipitado los acontecimientos. El fondo es más espeso y más grave. En la dirección estatal cunde la desconfianza hacia el proyecto y las intenciones de Rodríguez, de la que sospechan que pretende liderar una iniciativa política al margen de Podemos. La dirección andaluza ha negado tajantemente dicha pretensión. Pero la apertura de una recogida de firmas para apoyar la confluencia autonómica ha encendido las alarmas en la sala de máquinas de la dirección estatal, donde las suspicacias se extienden a los anticapitalistas de la Comunidad de Madrid. Es un problema mayor que las primarias andaluzas, mayor que un conflicto entre una dirección central y una periférica. Hay una crisis total de confianza.

"Tanto el hecho de que en esta marca electoral no aparezca el nombre de Podemos como que, sin embargo, sí vaya a contar con un censo propio, pueden parecer los primeros pasos hacia una disolución de Podemos Andalucía en un nuevo partido político, un proceso además que podría estar impulsando Izquierda Anticapitalista también en otros territorios", señalan fuentes de la dirección estatal. Aseguran que están "recopilando toda la información posible sobre el tema, para poder "analizar con concreción la magnitud de este último movimiento de Teresa Rodríguez, que, además, es la única líder autonómica de Podemos que está planteando primarias conjuntas y una plataforma electoral [Adelante Andalucía] sin la marca Podemos". Irene Montero, portavoz de Podemos en el Congreso, afirmó este jueves que la situación es "preocupante".

Mensajes cruzados, desafíos públicos, hojas de rutas diferentes y hasta una dimisión. No hay día sin que suba al menos un grado la temperatura. La dirección andaluza confía en una solución, pero no porque haya vías de diálogo abiertas, sino porque no queda otro remedio por la exigencia del calendario electoral. Las elecciones andaluzas son las primeras autonómicas previstas. Aunque están fechadas para marzo de 2019, Susana Díaz puede adelantarlas. De hecho, Podemos le está ofreciendo un incentivo.

El reglamento es lo de menos

Hay rumbo de colisión y nadie frena ni se aparta de la vía. Aunque las causas de la crisis son diversas y la desconfianza lleva meses aumentando, el detonante final es el acuerdo de confluencia de IU y Podemos en Andalucía, que prevé primarias conjuntas para la composición de las listas, un código ético y una elaboración programática comunes, la dirección del proceso a cargo de un grupo con seis personas de cada organización y autonomía en la elección de la marca. Rodríguez, pese a que ganó las primarias con la promesa de mayor autonomía, se ha encontrado durante este año y medio con las largas de la dirección estatal. El acuerdo con IU, engrasado por su relación de confianza con Antonio Maíllo, líder de la coalición en Andalucía, es su forma de decir: "Yo tiro para adelante".

Los recelos de la dirección estatal no se quedan en el cómo de la fórmula de coalición con IU. El acuerdo contraviene la letra del reglamento general, pero eso, si hubiera una relación fluida entre Madrid y Sevilla, sería lo de menos. Lo cierto es que los ánimos están encrespados, especialmente a raíz de la controversia por la compra del chalé y sus réplicas internas. Podemos e IU anunciaron el acuerdo en Andalucía el 26 de mayo, en plena marejada por el tema de la vivienda. Una semana antes, dirigentes de ambas organizaciones en Andalucía expresaban en privado que las negociaciones iban a buen ritmo, sí, pero en ningún caso anticipaban una concreción tan próxima. Había flecos. De hecho, aún los hay. Lo que presentaron una semana después fue un marco, una especie de preacuerdo, sustancioso pero no detallado. Aún hay mucho por concretar. Y asuntos no menores, concernientes a la duración de la vida política de los cargos y a la fórmula exacta de conformación de las listas. Pero aquel primer acuerdo supuso cruzar una línea juntos. Dar un paso sin marcha atrás. Y quisieron hacerlo pronto, antes de lo previsto, justo mientras Iglesias esperaba el resultado de su consulta, con un primer acuerdo alcanzado por los equipos liderados por Jesús Rodríguez (Podemos) y Ernesto Alba (IU), de la máxima confianza de sus respectivos líderes autonómicos. Y, en el caso de Alba, también muy próximo a Alberto Garzón.

Comunicados, listas y alianzas

Así que las conversaciones adquirieron forma de acuerdo justo cuando Podemos estaba abierto en canal por el tema del chalé. El alcalde de Cádiz, José María González Kichi, se había convertido en referente de los críticos a la decisión de la pareja de dirigentes con una andanada que por su dureza causó conmoción en todo el partido. No fue una declaración al vuelo ante un micrófono. Fue un comunicado medido en el que se mostraba "orgulloso de vivir en un piso de currante en el barrio de La Viña". "Ya es bastante privilegio vivir en La Viña, en Cádiz, y con Teresa Rodríguez", escribía. Golpe bajo por lo que subrayaba: Kichi en "un piso de currante" con Teresa Rodríguez en el barrio popular por antonomasia de la ciudad popular por antonomasia; Iglesias con Montero en un chalé en Galapagar. La trazada por González era una simetría con resonancias personales. El enganche se prolongó unos días, para delectación de los partidos adversarios de Podemos, entre el alcalde de Cádiz y Juan Carlos Monedero. El domingo, al día siguiente de la presentación del acuerdo andaluz, se hacía público el resultado de la votación de las bases sobre el chalé, que Iglesias y Montero superaron.

El enfrentamiento por el chalé no ha sido la causa de la crisis entre el sector anticapi que domina la dirección andaluza y la cúpula del partido, sino consecuencia. La crisis viene de muy atrás. Para empezar, hay discrepancias ideológicas. Los anticapitalistas han sido siempre una corriente minoritaria, se podría decir que de corte más radical, pero en Andalucía se hicieron con el control gracias al predicamento de Teresa Rodríguez, de larga trayectoria como activista, elegida eurodiputada en 2014. Los puntales de la dirección en Andalucía, con sus picos y valles en la relación con los polos mayoritarios del partido, han sido siempre escépticos ante lo que consideran un exceso de tacticismo de pablistas y errejonistas. Y luego ha habido problemas más prosaicos. En origen hubo una rivalidad entre el que fue secretario de Organización, Sergio Pascual, y la propia Rodríguez, que veía proyectarse su sombra en cada movimiento de la dirección. Y además estuvo siempre el inevitable problema de los nombres. "El mismo bolígrafo escribe las 52 listas", lamentó Rodríguez tras las elecciones de 2016. Ella había querido, por ejemplo, que el jurista Antonio Manuel Rodríguez entrase. Pero no entró. Y no le hizo gracia cómo entró Manuel Monereo. Pero entró. Todo esto ocurrió a la vista de todos, con el riesgo que ello implica siempre de socavar la autoridad de una líder. Por eso Rodríguez salió de sus primarias queriendo que Podemos dejara de ser una manzana.

La dirigente gaditana alcanzó el poder en Podemos Andalucía con una alianza puntual con los pablistas andaluces, que la apoyaron frente a los afines a Íñigo Errejón. Pero aquella alianza fue sólo eso, táctica, no estratégica. Y el tiempo la ido deshaciendo hasta dejarla en nada. Rodríguez no ha encontrado en Madrid, ni antes ni después de Vistalegre II, la complicidad que esperaba ni la consideración que creía merecer por su rotunda victoria interna. Y el sector anticapitalista se ha ido configurando de forma cada vez más patente como una corriente crítica con la dirección de Pablo Iglesias, también desde Andalucía. Rodríguez avanzaba en el acercamiento de Podemos a IU mientras sus diferencias con la dirección de su propio partido crecían. El conflicto ha ido engordando desde noviembre de 2016. El clima de desconfianza, espesándose. El discreto registro de la marca Marea Andaluza fue interpretado por la dirección estatal como un intento de gestar un partido nuevo, cosa que los máximos responsables de la ejecutiva autonómica niegan. Pero el mosqueo se quedó ahí y ahora ha reflotado.

Primarias en julio

El acercamiento entre Podemos e IU en Andalucía no se ha detenido. Ése es el proyecto de Rodríguez y Maíllo, que disponen de sólidas mayorías en sus direcciones, y no tiene marcha atrás. El tiempo ha ido despejando algunas desconfianzas –no todas– entre los cuadros de segundo nivel de ambas formaciones. Los equipos de Maíllo y Rodríguez en el Parlamento han actuado, si no con unidad de acción, sí al menos con empatía y coordinación. Los mensajes de acercamiento han ido in crescendo hasta culminar con el preacuerdo del 26 de mayo. Ese día la secretaría de Organización estatal distribuyó un reglamento para definir el marco de colaboración con otras fuerzas políticas de cara a las autonómicas, municipales y europeas. El nombre elegido es Unidas Podemos-Izquierda Unida-Equo para las autonómicas, con variaciones en Europa y las municipales. Para las municipales se regula un proceso que deja abierto en qué ayuntamientos se presentará y en cuáles son. Las fechas son clave. Las primarias para las autonómicas y las europeas serán en noviembre de 2018. En Andalucía, ante la posibilidad de adelanto, se sitúan en julio. Este calendario no está en los planes de la dirección andaluza.

Los acontecimientos se han precipitado en la última quincena. Rodríguez difundió en Twitter "por error" una conversación escrita con el secretario de Organización, Pablo Echenique, en el que lo acusaba de poner en circulación un "documento inventado" sobre la intención de la estructura andaluza de escindirse y crear un nuevo partido controlado por el sector anticapitalista. Iba creciendo el memorial de agravios. Si esta semana la pugna no ha tenido mayor repercusión ha sido porque Pedro Sánchez y su nuevo Gobierno anunciado por entregas han acaparado toda la atención. Esto ha tenido sus pros y sus contras para la confluencia en Andalucía. Por un lado, eclipsó en buena medida la puesta de largo del principio de acuerdo entre Podemos e IU, formalizado el martes en un vistoso acto protagonizado en Sevilla por Rodríguez y Maíllo, el mismo en el que se anunció la recogida de firmas. Por otro lado, el momento Sánchez también opacó la rueda de prensa de Echenique el lunes, que hizo ya patente la crisis interna.

"Siempre" primarias conjuntas

Ahí Echenique advirtió a la dirección andaluza de que su acuerdo contraviene el marco estatal. Dijo que debe haber "siempre" primarias propias antes de negociar y que se tenía que "valorar" el peso de cada fuerza antes de hacer la lista. "Lo que se ha aprobado en Andalucía, que es una declaración, no un reglamento, contraviene los reglamentos aprobados en la dirección estatal, que son de rango superior. Tocará hablar con los compañeros de Andalucía para ver cómo solucionamos esa discrepancia", dijo Echenique. Al día siguiente fue el acto de Maíllo y Rodríguez. "No nos van a aguar la fiesta", afirmó la dirigente andaluza, que también apeló al diálogo. No obstante, no hay tal diálogo ahora mismo, confirma un conocedor de la situación, que lo atribuye a que ahora la atención queda copada por el cambio de Gobierno. La dirección andaluza cree que la estatal pretende meter a "todos en el mismo paquete", cuando la situación andaluza es excepcional, por existir un trabajo político maduro con IU y por la proximidad de las urnas.

A la espera de ese diálogo, la crisis crece. La diputada Isabel Franco, próxima a Pablo Iglesias, remitió el martes un comunicado a Europa Press anunciando su dimisión. El motivo, afirmaba, es que el acuerdo entre Podemos e IU en la comunidad del sur "significa desconectar Podemos Andalucía, desenchufarlo y apagarlo" al "crear una organización nueva, con un censo propio, para lo que han sacado un manifiesto en el que solicitan 50.000 contactos, con un código ético propio y con recursos y decisiones en las que no va a participar Podemos". La diputada también critica que un reducido grupo "de seis personas" negocie el acuerdo, en vez del "consejo de coordinación de Podemos Andalucía". Franco lanza un órdago al realizar un llamamiento a los inscritos para impulsar una plataforma, llamada Defender Podemos". El objetivo de la misma sería reivindicar primarias propias previas a los acuerdos con IU y otras fuerzas políticas para la elaboración de listas electorales en las que Podemos ocupe un "lugar principal". "No desconectamos a Podemos, se lo está inventando", afirmó como respuesta Pablo Pérez, portavoz de Podemos en Andalucía, que se preguntó irónicamente: "¿También disolvemos al Partido Comunista de Andalucía y a Izquierda Unida?".

La dirección de Podemos sigue preocupada por los planes de Teresa Rodríguez en Andalucía, a un día de las primarias

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No repetir 2016

Desde IU observan los hechos sin entrometerse, con un punto de preocupación. "Hay un acuerdo político. Eso es más importante que las cuestiones reglamentarias. Lo lógico es que se solucione. Veremos", señala un dirigente, que no entiende que se acuse a Rodríguez de querer "independizar" a Podemos Andalucía, cuando la fórmula elegida es nítidamente la de una coalición electoral. Un conocedor de las conversaciones afirma que el acuerdo tiene el valor de estar diseñado "de igual a igual", lo que contribuirá a su explicación a las bases. La crisis en Podemos distrae a los partidos confluyentes de la tarea de hallar una solución al verdadero desafío al que se enfrentan: cómo evitar que se repita lo ocurrido en las generales de 2016, cuando la "suma multiplicadora" no sólo no multiplicó, sino que no llegó a convertir el 1+1 en 2. Es decir, cómo evitar que se escapen votantes de Podemos escépticos con IU y como disipar las suspicacias que causa la alianza en sectores de la coalición de izquierdas, sobre todo en el ámbito municipal.

Si se logra resolver la disputa interna en Podemos, aún quedarán asuntos no menores que resolver en la confluencia. Todo apunta, aunque no está expresamente reconocido, a que la candidata será Teresa Rodríguez. Su partido tiene 15 parlamentarios, por 5 de IU. Cuantitativamente lleva las de ganar. El desafío reside en cómo dar protagonismo a Maíllo, que tiene relieve político propio. Se ha manejado la idea de un "tándem", aunque la idea de cómo hacerlo no está del todo madura. Podemos e IU quieren que se vea a los dos líderes. Especialmente IU, que pretende dejar a su sector crítico, minoritario pero no irrelevante, sin argumentos para defender el discurso de la "absorción". El objetivo es que las bases de IU, un partido con fuerte implantación en Andalucía, con 80 alcaldías, no sientan que de repente un partido nuevo se les imponenuevo. Por eso todos están cuidando las formas. Por eso tanto en Podemos como en IU temen que una enmienda desde Madrid se interprete en Andalucía como que se está echando abajo el acuerdo "de tú a tú" para formular una solución más jerarquizada.

Teresa Rodríguez, del sector anticapitalista, logró en Andalucía una clara victoria en las primarias de noviembre de 2016: 75,6% de los votos. ¿Había nacido la "baronesa" de Podemos? La propia Rodríguez (Rota, Cádiz, 1981) y su entorno rechazaban el calificativo, que consideran propio de la vieja política, sus cuotas internas, egoísmos y luchas de poder. Donde sí ponía el énfasis Rodríguez era en la necesidad de que el partido se tiñera de verde y blanco. Que dejara de ser "Podemos en Andalucía" y pasara a ser "Andalucía en Podemos", porque "en Andalucía no se ganan las elecciones siendo la sucursal de un partido madrileño". Quería mayor autonomía. Un censo y un CIF. Llegó a pronunciar, aunque no quiso llegar tan lejos, la palabra "confederar". Al final, tiró de metáfora frutal. Podemos ahora es un manzana, una misma piel con interior homogéneo, explicaba. Rodríguez no quería que fuera tanto como un racimo de uvas, que sería el modelo confederal, el que define las relaciones de PSOE y PSC. Pero sí quería que al menos Podemos Andalucía fuera el gajo de una naranja de diferentes piezas cubiertas por una misma piel, como lo son el PSOE e IU en Andalucía. No lo ha logrado.

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