La herida de la desigualdad

Los datos refutan el mito del crecimiento como antídoto de la desigualdad: la pobreza crece incluso con el PIB al alza

Reparto de comida durante la pandemia.
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Si caen con una fuerza X el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita y el empleo, sube la pobreza con una fuerza mayor que X. Así lo dicen los datos. Entonces, si se recuperan el PIB y el empleo, ¿la pobreza cae en igual medida? La respuesta también está en los datos: no. Destruir es más fácil que crear, diga lo que diga el dogma del crecimiento económico.

Así lo pone de relieve el último informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, que concluye que "las estrategias tradicionales de protección y lucha contra la pobreza se muestran insuficientes". "Los incrementos del PIB, del empleo y del nivel educativo no generan, cada uno de ellos por sí solo, una reducción de la pobreza y vulnerabilidad y deben ir acompañados de políticas redistributivas", señala el informe [ver aquí un resumen y aquí completo], que desvela que entre 2013 y 2019, mientras el desempleo bajaba 12 puntos, la tasa de pobreza subió. Incluso en los años en se concentró el máximo incremento de la pobreza (2013-2016), el PIB per cápita crecía.

El empleo no es suficiente

El estudio, dirigido por Juan Carlos Llano y que fue presentado la semana pasada, enfatiza la crítica a la estrategia de salida de la Gran Recesión, basada en los recortes en el gasto público y pilotada en España por el PP, convencido del poder de arrastre del crecimiento cuantitativo del empleo. El informe cuestiona una idea de la recuperación basada "en la creación de empleo, de cualquier empleo, sin importar las condiciones, y en el incremento del PIB". Tras la anterior crisis, "el éxito proclamado en la lucha contra el desempleo fue [...] relativo pues sólo consiguió una mejora muy limitada en las condiciones de vida de las personas", señala el informe de la Red, que se apoya en un análisis de la evolución de distintas variables entre 2008 y 2020.

Evolución de las tasas de riesgo de exclusión social (Arope), pobreza, privación material severa (PMS), baja intensidad de empleo por hogar (BITH) y paro.

La fotografía da pie a dos conclusiones, tomadas del informe:

1. "La destrucción de empleo genera pérdida de bienestar social, pero la recuperación del empleo no es suficiente para reconstruir todo el daño". Es una conclusión en línea con el estudio Vulneración de derechos: trabajo decente, de la Fundación de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada (Foessa) de Cáritas, que ya alertaba de que “el empleo ha perdido su relevante rol de garantizador de la inclusión social”.

2. "Es más fácil caer en la pobreza y vulnerabilidad que salir luego de ella".

El informe compara la evolución de las cifras de paro y de pobreza, cuyas últimas tasas analizadas son del 15,5% y el 21%. En el periodo 2013-2019 se produjo una reducción de 12 puntos del desempleo, cerca de la mitad, mientras la tasa de pobreza subía del 20,4% al 20,7%. La tasa de pobreza severa –que no aparece en el gráfico– se mantuvo casi igual, con una caída de sólo 2 décimas. El resto de las tasas disminuyeron, pero con poca intensidad relativa. Y todo ello mientras el desempleo caía con fuerza.

Evolución de la tasa de pobreza.

"Una fuerte reducción en la tasa de desempleo no produjo mejoras comparables en las principales tasas de pobreza y exclusión", ni menos aún devolvió los indicadores al estado previo a la Gran Recesión, señala el informe. Entre 2015 y 2020, hizo falta bajar el paro en 6,6 puntos para reducir la tasa de riesgo de pobreza en un punto. En la privación material severa se comprueba una evolución parecida. Entre 2014 y 2019 bajó 2,4 puntos porcentuales mientras la tasa de paro bajaba 12 puntos porcentuales. Dicho de otro modo: la privación material severa se redujo un punto por cada 5 puntos de disminución del paro. Sin embargo, su incremento había sido más acelerado durante el periodo de crisis, cuando sólo se necesitaron 3,8 puntos de incremento en el desempleo por cada punto de crecimiento de la privación material severa.

Sube el PIB... y la pobreza

El informe resalta que esta "incapacidad de recuperar las condiciones de vida anteriores a la crisis" se manifiesta "en un contexto de mejora macroeconómica, incluso con cifras del PIB nominalmente por encima de las registradas en 2008". Al detalle. Como hemos visto antes, entre 2013 y 2019 la tasa de pobreza pasó del 20,4% al 20,7%. Es decir, subió. ¿Qué hacía mientras el PIB per cápita? Crecer de forma "ininterrumpida y acelerada", pasando de 21.899 a 26.426 euros (+20,67%). Es, como dice el sociólogo Daniel Sorando, un resultado "contraintuitivo". Pero igualmente cierto. "PIB y empleo, entonces, son condiciones necesarias, pero no suficientes en la lucha contra la pobreza y la exclusión", señala el estudio de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, que aglutina a más de 8.000 entidades sociales sólo en España.

La tasa de riesgo de pobreza se mantiene todavía 1,2 puntos por encima de la registrada antes de la Gran Recesión, lo que se traduce en 880.000 personas que pasaron a ser pobres durante la crisis económica y no recobraron su condición previa con la recuperación posterior. "Los años de bonanza económica no trajeron como consecuencia una reducción de las tasas de pobreza, pues se mantuvieron en torno al 20% entre 2004 y 2008, a pesar de un incremento del PIB per cápita de casi 5.000 euros (25%) en el periodo correspondiente [2003-2007]", señala el informe. Sin embargo, la llegada de la crisis sí había impulsado antes una "elevación sustancial" de las tasas de pobreza, resaltan los investigadores Juan Carlos Llano, Aitana Alguacil, Encina Díaz, Natalia Jiménez, Juan Carlos Llano y Débora Quiroga.

Evolución del PIB per cápita.

Incluso en los años en se concentró el máximo incremento de la pobreza (2013-2016), el PIB per cápita creció en 2.080 euros (+9,5%). Sólo a partir de entonces, la pobreza comenzó un periodo de mejora –con una interrupción– que supuso una reducción total de 1,3 puntos, hasta llegar al 21% en 2020. "Sólo después de tres años de intenso crecimiento del PIB comenzaron a trasladarse los resultados macroeconómicos a la tasa de pobreza", recoge el informe. Y además, tímidamente. Hizo falta un crecimiento del PIB del 11,2% (2.447 euros entre 2016 y 2019) para conseguir una reducción de la tasa de pobreza del 7%.

El informe escudriña en la brecha de pobreza, es decir, un indicador que mide el dinero que necesita ingresar un pobre para dejar de serlo. Así se calcula: en 2020 el umbral de pobreza se fija 9.626 euros; si una persona ingresa sólo 6.798 le faltan 2.828 para dejar de ser pobre, con lo que su brecha de pobreza es el 29,4%. Ese mismo porcentaje puede obtenerse en términos agregados, es decir, no con individuos sino con poblaciones, una forma de Eurostat de medir la desigualdad.

Evolución de la brecha de pobreza.

En la salida de la crisis, el cierre de la brecha de pobreza fue "mucho más lento que su deterioro previo", recoge el informe, que basa la afirmación en el hecho de que en los cinco últimos años de crisis, la brecha se incrementó desde el 26,8% hasta el 33,8%, 7 puntos porcentuales, mientras en los primeros cinco años de recuperación la brecha sólo se redujo 4,4 puntos.

"Es mucho más sencillo entrar en la pobreza que salir de ella", señala el estudio, que añade un dato: aunque con poca intensidad, la brecha de pobreza subió en 2018 y 2019 a pesar subir el PIB per cápita de 24.969 a 26.426 euros (+5,8%).

Medidas "redistributivas"

El sociólogo Daniel Sorando, profesor en la Universidad de Zaragoza, señala que el hecho de que el crecimiento del PIB y el empleo no conduce directamente a una rebaja de la pobreza y la desigualdad, mucho menos de carácter simétrico, sólo resulta "contraintuitivo" por el "machacón" discurso a favor del llamado "efecto derrame" o "efecto goteo". Según esta visión de la economía, las políticas centradas en incrementar el PIB, a menudo a través de ventajas fiscales para los inversores, acaban beneficiando a los de abajo. Se trata, afirma, de una idea seriamente cuestionada en el ámbito académico.

"A partir de un determinado nivel de PIB, el aumento del mismo no supone un aumento del bienestar colectivo medido en sus principales indicadores", señala Sorando, que sí recalca que es necesario pasar un determinado umbral de PIB para que dicha afirmación sea cierta. "Es decir –ejemplifica el autor de First we take Manhattan. La destrucción creativa de las ciudades–, no es lo mismo ser Angola que España". Pero España, en cualquier caso, ya habría superado ese umbral a partir del cual "lo que realmente aumenta el bienestar social es la igualdad", en palabras de Sorando.

"Es paradigmático el caso de Estados Unidos, con un PIB muy alto y una desigualdad muy alta, con índices peores que los países europeos", expone el investigador, que cita el ensayo Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva, de Richard Wilkinson y Kate Pickett, fundamental en el cuestionamiento de la "correlación entre crecimiento y bienestar colectivo".

"Es necesario crear empleo, por supuesto, pero no es la solución al problema, sobre todo si es precario", resume Aitana Alguacil, profesora en la Universidad Carlos III y una de las autoras del informe de la Red contra la Pobreza. Sorando coincide. Y cita un sector concreto como ejemplo: el turismo: "Siempre oímos que hay que facilitar la inversión para fomentar el turismo, pero al analizar este sector económico en concreto, observamos que la distribución de los beneficios que acaba generando la actividad es muy desigual. Por un lado, están las multinacionales hoteleras, fondos y plataformas como Airbnb, que se llevan gran parte del pastel. Por otro, está el resto de la población, que apenas se beneficia, porque los contratos son parciales y los salarios bajos. Es decir, el PIB crece, pero no llega a todo el mundo. Esto es producto del precariado y el fenómeno de los trabajadores pobres".

"La relación entre crecimiento y bajada de la riqueza tiende a ser magnificada por grupos de interés, pero la realidad dice otra cosa. Sólo hay que recordar los años anteriores a la crisis [de 2008], cuando hubo un gran crecimiento con la pobreza en torno al 19%. La tasa de pobreza es muy inelástica con respecto al crecimiento, pero elástica respecto al decrecimiento", explica Juan Carlos Llano, director del informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, que añade que en España se habla mucho más de "creación de empleo" que de "condiciones del empleo", lo cual dificulta encarar el problema de la precariedad. Al igual que Sorando, pone el ejemplo en el turismo. Y concluye: "La mejor política contra la pobreza es multiplicar el número de inspectores de Trabajo".

El IMV y sus lagunas

A la hora de afrontar el problema de la pobreza, la Red Europea pone el énfasis en la necesidad de una "fiscalidad justa" [ver aquí informe en detalle] y en "políticas redistributivas", en especial el Ingreso Mínimo Vital (IMV) [ver aquí informe en detalle]. "El Escudo Social [...] está contribuyendo a que las consecuencias de la pandemia para los hogares en pobreza severa se hayan visto disminuidas [...]. Sin embargo, hay que mantenerse alerta", señala la Red en su informe El mapa de la pobreza severa en España, que añade: "Hay estrategia; otra cosa es que marche bien. El consenso sobre la necesidad de aplicar políticas de protección social es amplio y las medidas económicas, laborales y sociales implementadas (ERTE, IMV, medidas para autónomos y otras) limitan las consecuencias de la pandemia [...]. Sin embargo, en general, el sistema actual de rentas mínimas es complejo, con escasa cobertura e insuficiente cuantía [...] Además, se verifican grandes disparidades territoriales". 

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