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Elecciones en Francia

Francia descoloca a Feijóo: atado a Vox, sin referentes en Europa y sin discurso sobre la lista más votada

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en una rueda de prensa en el Parlament.

El resultado de las elecciones francesas ha dejado a la ultraderecha de Marine Le Pen fuera de juego tras la alianza estratégica de la izquierda y la formación del actual presidente, Emmanuel Macron, lo que ha acabado con Agrupación Nacional (RN) en la tercera plaza después de haberse impuesto en la primera vuelta hace solo una semana. Desde España se mira de cerca a nuestro vecino galo. Mientras que el Gobierno de Pedro Sánchez y sus aliados parlamentarios han celebrado el cordón sanitario y Vox ha felicitado a Le Pen pese al duro golpe, el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo se ha quedado en tierra de nadie. 

La primera reacción del líder conservador llegó a través de X y consistió en pedir la unión del "centro político" —sin explicitar qué formaciones lo componen— para "evitar a los extremistas" pese a que bajo su liderazgo se han ratificado más de un centenar de alianzas con la extrema derecha, tanto en corporaciones locales como autonómicas, en las que Vox gobierna junto al PP. "Francia es uno de los principales motores democráticos de la Unión. Europa siempre se ha construido desde la moderación. El centro político debe unirse para evitar que los extremistas dirijan su futuro", escribió Feijóo tras conocerse las primeras estimaciones.

Un mensaje que volvió a repetir este lunes tras su visita al Parlament de Cataluña. "Los extremos de un lado y otro no forman parte de las prioridades que necesita Europa", afirmó en declaraciones ante la prensa, equiparando a la coalición de izquierdas en la que participan la Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon, el Partido Socialista (PS) y los ecologistas, entre otros, con la extrema derecha francesa. "Los extremos no resuelven problemas, espero que Macron tenga la posibilidad de conformar un gobierno en el que se excluya los extremos,", zanjó.

Más optimista se mostró el portavoz del PP, Borja Sémper, que definió el resultado del domingo como "una ventana de esperanza": "El vuelco que se ha producido en las elecciones francesas casi nadie lo esperaba, pero analizando y viendo los datos de una manera somera esta madrugada la primera información que tenemos es que hay una ventana de esperanza", afirmó. Aunque al igual que Feijóo se posicionó en contra de "las opciones populistas y extremistas", dejó fuera a formaciones del Nuevo Frente Popular como los socialistas. "La suma entre liberales, socialistas y la derecha clásica daría para dar [sic] la estabilidad desde los espacios templados", dijo antes de participar en un curso de verano de la Universidad de Almería.

La respuesta del vicesecretario de Cultura del PP no concuerda con las alianzas que tiene su formación en diversas autonomías y ayuntamientos con la extrema derecha, pero Sémper la justifica alegando que "allí donde el PP gobierna en coalición" lo que ellos aportan es "estabilidad y es moderación". Dos máximas que esta misma semana están saltando por los aires, ya que el líder de Vox, Santiago Abascal, ha vuelto a amagar con romper los Ejecutivos de los que forman parte si los conservadores aceptan el reparto de menores migrantes no acompañados vinculando su llegada a España con el falso mantra de la delincuencia e inseguridad. Para Sémper, sin embargo, el problema lo tiene el Gobierno de Pedro Sánchez porque sus socios "son todo menos la moderación y la estabilidad".

A juicio de FAES, el laboratorio de ideas del PP de José María Aznar, la extrema derecha de Le Pen no es tan mala como el Frente Popular de Mélenchon. "Cada vez que dudemos sobre la ubicación del Mal, basta con seguir a la izquierda", señala el think tank del expresidente del Gobierno. Para FAES el "muro republicano" organizado para frenar a Le Pen "ha funcionado demasiado bien" porque se ha saldado con la victoria a una "alianza de partidos de extrema izquierda". Así, el editorial achaca a la "polarización" que haya "dos frentes": "Ojalá Francia sepa evitar esa pendiente. Hay espejos en los que nadie debería mirarse", concluyen.

Ni evitar a los "extremos" ni dejar gobernar a "la lista más votada": Feijóo se enmienda a sí mismo

La estrategia de equiparar a ambos "extremos" ―partiendo de la base de que Le Pen defiende tesis racistas y el Frente Popular es antiracista― y dejarlos fuera de la gobernabilidad del país no concuerda con las decisiones de Alberto Núñez Feijóo desde que llegó a la presidencia del PP. El conservador ha priorizado siempre la alianza con Vox y en ningún momento ha planteado ― ni él ni ninguna voz con autoridad dentro de la formación― establecer un cordón sanitario a la extrema derecha e intentar pactar con los socialistas. Es más, recientemente rechazaron un acuerdo del PSOE en Baleares para expulsar a Vox de la presidencia del Parlament.

Desde el PP justifican la posición sobre la gobernabilidad en Francia remitiéndose a que allí rige el sistema de doble vuelta mientras que en España gobierna quien consigue mayoría a través de los apoyos parlamentarios. Una máxima que el propio Feijóo ha desafiado desde que llegó al PP, subrayando que debería gobernar la lista más votada aunque no tuviera mayoría parlamentaria. La elección directa, que el jefe de Gobierno sea automáticamente el candidato de la lista que obtenga más votos, es lo que el conservador ha defendido siempre que ha podido contradiciendo abiertamente lo dispuesto en la Constitución y que no existe en ningún país de Europa. 

Es más, bajo esa tesis debería gobernar el Nuevo Frente Popular, ya que ha sido la fuerza más votada. Sin embargo, ahora esa fórmula ya no le vale al líder del PP y defiende que sea el partido de Macron, que ha quedado en segundo lugar, el que intente armar las mayorías excluyendo tanto a los de Mélenchon como a la extrema derecha, que ha sido la que más votos ha conseguido en total ―porque la izquierda y los macronistas decidieron no presentarse en determinadas circunscripciones si el otro había vencido para lograr más apoyos―.

En la práctica la tesis del PP se resume en que si ellos son la lista más votada el resto tiene que dejarles gobernar, pero si no lo son están obligados a buscar alianzas en los "extremos" derechos que tanto quieren orillar ahora. Además, esto implicaría no tener en cuenta si el porcentaje de voto es muy pequeño ―en un sistema político muy fragmentado es posible ganar las elecciones con un porcentaje del 20% o menos― ni si existen mayorías alternativas a partir de acuerdos poselectorales entre partidos, lo que garantiza mayor representatividad.

Sin referentes en Francia, Reino Unido, Italia...

En Francia, el partido hermano del PP español, Los Republicanos, que en el pasado lideró la política gala y europea de la mano de figuras tan relevantes como Jacques Chirac o Nicolas Sarkozy, es actualmente una fuerza casi residual con el 5,41% de los votos. En las presidenciales de 2022 ni siquiera alcanzaron el 5% de los votos y en las legislativas de junio de ese mismo año se quedaron en segunda vuelta en un paupérrimo 8,4%. Ahora han vuelto a bajar en votos y escaños respecto a hace dos años, dejándose 16 actas por el camino.

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"Mi partido no ha sacado un buen resultado y lo lamento, habrá que reconstruir, como hemos hecho en Alemania, Polonia y España, donde somos la primera fuerza", admitió este lunes Feijóo. Lo cierto es que el conservador apenas cuenta con referentes en otros países y por ello siempre pone de ejemplo a los germanos, aunque allí gobierna el canciller socialdemócrata Olaf Scholz. y a los polacos, cuyo presidente, Donald Tusk, llegó al poder sin ganar las elecciones pero pudo lograr una alianza con otras fuerzas, al igual que hizo Sánchez en España.

El Partido Popular tampoco puede presumir de que en Reino Unido las cosas le vayan demasiado bien a sus homólogos. La pasada semana el Partido Conservador se dio un auténtico batacazo que se saldó con la dimisión del ya exprimer ministro Rishi Sunak. Los tories obtuvieron 121 escaños —244 menos que en la pasada legislatura— y perdieron 20 puntos de voto. Cuando la antecesora de Sunak, Liz Truss, llegó al cargo, la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso defendió su anunciada masiva bajada de impuestos que casi lleva al país a la ruina.

Más al sur, las cosas tampoco pintan bien para los aliados italianos de Feijóo. Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, la versión italiana del PP, obtuvo el 8,11% de los votos en las últimas elecciones de 2022 y entró en el gobierno de coalición con Hermanos de Italia, el partido liderado por la neofascista Georgia Meloni en compañía del también ultraderechista Matteo Salvini, jefe de filas de La Liga.

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