Aznar, Moreno y hasta Juan Carlos I: ¿por qué los políticos siguen escribiendo libros en la era TikTok?
Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Tres objetivos simples para dejar un legado que trascienda nuestra vida. Una tradición que viene de largo, pero que algunos se toman más en serio que otros. Y últimamente, los políticos se la están tomando particularmente en serio. Y no, no nos referimos a las dos primeras, que quedan al libre albedrío de la vida privada, sino al último de los objetivos, el poner negro sobre blanco las vivencias, ideas o proyectos que han marcado sus vidas. Porque si en muchos países la inflación está al alza, en las librerías lo que no para de aumentar son los libros firmados por políticos. Al lado del ampliamente celebrado y bendecido por la crítica Sira, una historia de amor, de Juan del Val, se colocan otros libros como Orden y Libertad, Manual de Convivencia o El arte de gobernar. Los secretos y fundamentos humanos de la sabiduría política, firmados respectivamente por José María Aznar, Juanma Moreno Bonilla y Mariano Rajoy.
No han sido los únicos que se han sumado este 2025 a la fiebre de los libros. Otros como el exministro de Defensa Federico Trillo (Memorias de anteayer), la exalcaldesa de Madrid Esperanza Aguirre (Una liberal en política: Por qué lo que funciona es el liberalismo), la exministra de Economía y ahora presidenta del BEI, Nadia Calviño (Dos mil días en el gobierno) y el exvicepresidente del Gobierno y exlíder de Podemos Pablo Iglesias (Enemigos íntimos), entre muchos otros, también se han animado a escribir. Incluso, aunque quizás no cuente como un político tradicional, el rey emérito Juan Carlos I ha colocado su Reconciliación entre los títulos más vendidos.
El fenómeno no es solo español. En EEUU, la excandidata presidencial Kamala Harris publicó 107 days, en el que rendía cuentas con Joe Biden y los demócratas para culparlos de su fracaso electoral. También Gavin Newsom, gobernador de California y uno de los favoritos para ser candidato del Partido Demócrata en las próximas elecciones, ha anunciado que este enero podremos leer Young Man in a Hurry, sus memorias. En Francia, el libro que Nicolás Sarkozy escribió durante las semanas que estuvo en prisión, Le Journal d’un prisonnier, ya está entre los más vendidos del país. Todo este fenómeno nos hace preguntarnos: ¿por qué los políticos escriben libros? ¿Cuál es la razón por la que les interesa tanto? Y, sobre todo, ¿tiene sentido seguir haciéndolo en la era de las redes sociales?
Ana Salazar, consultora política y directora de Idus3 Estrategia, lo tiene claro: “Rotundamente, sí. De hecho, ahora más que nunca tiene un impacto y un sentido. En unos tiempos de velocidad, de un contenido sin cesar y con unos formatos de redes sociales cada vez más breves, el hecho de publicar un libro es cambiar completamente el enfoque, ya que da al político un espacio de reflexión donde puede profundizar, lo que es muy raro actualmente en otros formatos”. Mientras en redes sociales los contenidos caducan rápido, y son para un momento muy concreto, la tinta, comenta la experta, permanece y es para siempre. “El libro requiere una especie de pacto, es una promesa, porque no puede cambiarse, y eso, en los tiempos que corren, es muy importante”, argumenta Salazar.
El beneficio de los libros no se queda ahí, también amplía el público al que puede llegar el político. “En TikTok y en redes sociales se encuentra un target muy concreto, pero ni mucho menos es el único que existe. Hay un nicho de personas lectoras que está ahí y al que hay que llegar de forma diferente al habitual. Solo el hecho de tener tu imagen en la estantería de una librería ya significa mucho. Es comparable a lo que hizo Pedro Sánchez con su entrevista en Radio 3, abrirse hueco entre nichos más concretos pero que también votan”, explica Aner Ansorena, consultor político y CEO de Hauda Comunicación.
Eso sí, hay limitaciones. Es muy difícil, sostiene Juan Manuel Barrios, politólogo e integrante del podcast El Patio Político, que, por mucho que venda un libro, este pueda cambiar un solo voto. “Se escribe para los convencidos, los libros tratan de reforzar a los que ya te apoyan, no cambiar la opinión de los que no. Permiten, eso sí, que se acerquen de una forma diferente a ti, y que con eso se mantenga ese sentimiento positivo. Por ejemplo, un momento en el que los libros pueden tener utilidad electoral es cuando se producen pérdidas de voto”, afirma Barrios. Pone de ejemplo en este sentido el libro de Juanma Moreno, cuya salida coincidió con la crisis de los cribados del cáncer: “Ahí combate un escándalo mayúsculo con el hecho de contar tu historia. Significa tratar de parar esa bola de nieve mostrándote de una forma más personal e íntima de cara a tu votante”, continúa.
De eso van muchas veces los libros de los políticos, de lograr mostrar todo lo que no se ve en los medios y en las redes sociales, su día a día, sus costumbres… “Humanizan mucho, muestran, si realmente el que lo escribe lo hace suyo, a la persona detrás del político. Moreno, por ejemplo, habla de su perro. Puede parecer una tontería, pero es muy difícil hablar de ese tipo de cosas, de aficiones, de temas más personales… en los tiempos de polarización tan fuertes que vivimos. Eso solo te lo permite el libro”, insiste Barrios.
Esto es algo que entendió perfectamente el expresidente francés Nicolas Sarkozy cuando, después de su condena, anunció que plasmaría sobre papel sus vivencias mientras estaba en prisión. El exmandatario vivía (y vive) una crisis de reputación tremenda, y vio que la forma más potente para tratar de capear el temporal era escribir. “Sarkozy se dio cuenta de que el formato audiovisual no era suficiente para lo que quería hacer. Solo con acudir a las televisiones o hacer entrevistas no iba a cambiar nada, quería algo más”, indica Salazar.
El resultado fue espectacular. Unos 100.000 ejemplares vendidos en menos de una semana, todo un éxito que cambió el foco mediático. “Es muy complicado que con un libro un político pueda cambiar la percepción que se tiene de él, pero al menos tiene un control total sobre esa historia. A Sarkozy le da igual si el lector le cree o no, pero lo que está claro es que está escuchando su historia, la que él quiere contar. Impone ese relato la persona que está leyendo. Tanto es así que, cuando el expresidente salió de la cárcel, la noticia fue más que había escrito un libro mientras estaba encarcelado y lo que decía en ese libro, que el propio hecho de que abandonara prisión”, explica Barrios.
Ese relato impuesto no solo sirve para políticos en activo, también lo hace para aquellos que están retirados y quieren legitimar su estancia en el poder o dar su propia visión. Es el caso del libro de Aznar o los superventas de Barack y Michelle Obama. “En este caso quieren dejar claro su legado y un relato de su biografía personal, aunque en ocasiones también tienen otros objetivos. Por ejemplo, está claro que el libro del expresidente del Gobierno y exlíder del PP persigue igualmente influir políticamente en el panorama actual pese a que él ya se ha retirado, teóricamente, de todo”, comenta Salazar.
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Y es que publicar un libro es mucho más que sacarlo a la venta, especialmente para aquellos que ya no están en activo. “El libro da a los políticos la oportunidad de estar en la palestra, de sentirse importante. La sociedad entiende que al escribir tienes algo que contar, que eres o todavía sigues siendo importante e incluso que has hecho un ejercicio intelectual. A todo ello hay que sumar la promoción, el estar en los periódicos, que se debata el contenido, las entrevistas… todo eso que se monta alrededor del libro es importantísimo”, señala Ansorena.
Precisamente, en toda esa parafernalia, los políticos en activo buscan notoriedad y los retirados volver a saborear el sentirse importantes, aunque sea solo por unas pocas semanas. Eso sí, estos últimos tienen una gran ventaja: “En todo el mundo se tiende a mitificar al político que ya no está, se les escucha mucho más y con más atención. Cuando se retiran, las personas comienzan a sentir por ellos más simpatía, aunque en el pasado no les gustara nada. Por todo eso, para ellos es mucho más fácil ser efectivos a la hora de escribir un libro, ya que los políticos en activo todavía llevan la mochila de la actualidad a cuestas”, zanja Ansorena.
Además, tienen un problema añadido y es que, al estar gobernando, rara vez tienen tiempo de escribir. “Creo que nadie se cree que los políticos escriben sus propios libros, y menos mal, porque si no, qué estarían dejando de hacer. Casi siempre recurren a alguien para escribirlo después de muchas entrevistas y conversaciones”, afirma Salazar. Pero, para Ansorena, en la mayoría de las veces esto no está del todo bien contado: “Si no se es transparente, se puede generar una desconfianza en la ciudadanía y acabar teniendo un impacto negativo, porque al final el nombre que sale en la portada es el tuyo”. Por eso, escriban o no ellos mismos los libros, sea por ego o por buscar una relevancia perdida, sean un superventas o no lleguen más que a frikis de la política, todo indica que, al contrario que en Video Killed the Radio Star, TikTok no matará a los libros de los políticos, sino que, más bien, hará que cada vez haya más.