Jesús Cintora: "El caso del rey emérito es la gran vergüenza nacional de España"

El periodista Jesús Cintora.

No quieren que lo sepas (Espasa, 2022) es el nuevo libro del periodista Jesús Cintora (Ágreda, 1977). Se trata de un libro de denuncia, tal y como explica el autor en entrevista con infoLibre. "Denuncia fundamentalmente que hay un poder concentrado en determinados grupos económicos y políticos. Ocurre en la justicia, en los medios de comunicación. Tienen una serie de vínculos que hacen que se protejan, que estén relacionados", explica. Él lo define con una palabra: oligocracia. "Lo más cómodo es mirar hacia otro lado pero hay una responsabilidad para un periodista de ser testigo y de contarlo".

El soriano sigue creyendo en esa función de fiscalización que debe ejercer el periodismo, a pesar de su última experiencia. En julio del pasado año Televisión Española puso fin al magazine que el propio Cintora presentaba en la cadena, Las Cosas Claras, que provocó su abrupta salida junto con la de parte del equipo que le acompañaba. Cintora reivindica que el programa "gozaba de buena salud" por los datos de audiencia y lamenta que "algunas personas se movieran para que el programa no saliera adelante".

El último capítulo de su libro se titula ‘Qué vida llevas’ y es precisamente mi primera pregunta. ¿Qué vida lleva? ¿Cómo está?

Estoy con salud, eso es lo más importante. Ese capítulo de mi libro habla de mi abuelo Vidal, que era peón de albañil, y después de la guerra se tuvo que ir a trabajar a Francia. Me parece una bonita reivindicación de la gente que siendo de pueblo hemos trabajado mucho para salir adelante. Sí que es cierto que la experiencia que yo he tenido es que, a pesar de esforzarme mucho, hay obstáculos y codazos que son tremendos y que te impiden o te hacen muy difícil poner en práctica tu trabajo. Tú puedes haber tenido un buen expediente académico, haber trabajado en la radio o en la tele, que hay factores, influencias, gente poderosa que puede hacerte muy difícil desempeñar ese trabajo que has demostrado que puedes hacer.

Habla precisamente de los codazos y las dificultades con las que se ha encontrado, ¿sigue teniendo ganas de hacer periodismo?

Siempre. Creo que la vida es un maratón y yo me la tomo así. Reivindico otra vez mis orígenes. Vengo de una tierra de fondistas y maratonianos. En la vida puede haber momentos duros pero siempre hay que tirar hacia delante. En los últimos meses he vivido experiencias tristes como la muerte de mi abuela en mitad de la pandemia o el fallecimiento de David Beriain (el periodista español que murió asesinado el pasado año en Burkina Faso a manos del terrorismo yihadista), que casi me emociono cada vez que me acuerdo y me estoy acordando prácticamente todos los días de él. Fue compañero de clase del que tantísimas veces hablamos de hacer un periodismo de denuncia. Él fue más allá, hizo un periodismo mucho más valioso que el mío y fue durísimo que te dijeran por un pinganillo que había muerto y contarlo en directo.

David me hizo la primera foto en un estudio, en radio Pamplona, vino con una cámara, cosas que a él se le ocurrían hacer para (se emociona y llora) para la posteridad. Muchas veces hablábamos de un tipo de periodismo de entrar donde otros no quieren entrar y él lo llevó mucho más allá y yo hacía bromas con él de sitios donde se metía. Con esto te quiero decir que por supuesto que tengo ganas de seguir en el periodismo y los obstáculos que pueda tener son piedrecitas en comparación con lo que otros como David han hecho. 

En el último programa de Las Cosas Claras dijo eso de "aquí hacemos periodismo, hay quien hace otras cosas". ¿Tenía a alguien en mente cuando dijo esas palabras?

Hay gente poderosa que hace más que periodismo y yo creo que la competencia es muy sana. Y de la misma forma que estoy hablando con un periódico digital y me encanta que tengamos una oferta de medios digitales muy variada en España, una pluralidad y una competencia que ahí está, ojalá esto ocurriera con los canales de televisión. Ojalá hubiera más competencia, más pluralidad. Yo eso lo dije en el primer programa: queremos ser simplemente una voz más, pero fue una voz que se calló, que se silenció. Y no solo la mía, sino la de los colaboradores y la del equipo, que son personas muy respetables, y que dejaron de estar.

Usted confiesa que algunos políticos imponen a sus tertulianos de cabecera, ¿quién lo ha hecho y qué nombres han salido a la palestra?

Entiendo que haya líneas editoriales en los medios de comunicación. Lo que cuento en el libro es cómo se intenta imponer que las voces sean siempre las mismas y lo que eso puede suponer. En el primer programa de las Mañanas de Cuatro que presenté yo estuvo Pedro Sánchez, que ahora es presidente del Gobierno, estuvo Pablo Casado, estuvo Albert Rivera y también, más adelante, Pablo Iglesias, que vino en calidad de politólogo. 

Hay presiones económicas y políticas para que determinadas personas no estén en los medios

Pues tras ese primer programa hubo quejas desde las direcciones oficiales de los partidos porque esas personas que vinieron no eran los participantes en las tertulias que la dirección quería. Si yo no hubiera hecho una apuesta sobre determinada gente en ese momento no hubieran estado en el programa, aunque igual hubieran encontrado hueco en algún otro. Hay gente que ha sido considerada inapropiada por decir cosas que entran dentro del sentido común, Hay que romper una lanza porque haya nuevas caras, nuevas voces. Los que están en el machito no pueden pretender estar siempre ahí y que no haya otros. Hay presiones económicas y políticas para que determinadas personas no estén en los medios de comunicación. 

¿Crees que es su caso?

Yo hablo en general, esto ocurre. 

Me consta que hubo gente que se movió para que el programa no saliera adelante

¿Percibió una mayor reticencia por parte del PP o de Vox para acudir al programa?

Me consta que hubo gente que se movió para que el programa no saliera adelante o no fuera bien. Y tocó las teclas. Pero insisto: la vida es un maratón y en un maratón hay codazos. Te intentan sacar de la carrera pero mientras haya salud y piernas. hay que seguir adelante.

¿Considera que algún partido del Gobierno ha tratado lo del emérito con la gravedad que merece? ¿Y los medios?

El caso del rey emérito es la gran vergüenza nacional de España. Durante muchos años se ha ocultado su corrupción, se ha mirado hacia otro lado y es curioso cómo están mal vistos periodistas que se han atrevido a contar estas cosas mientras que ha sido premiado aquel que ha ocultado los escándalos. Ha habido una clara complicidad con Juan Carlos I. El deber de un periodista es contar las cosas pero a un señor que ha cometido abusos con el dinero de todos se le ha permitido. Se ha sido complaciente con esa actitud. Por eso digo que es la gran vergüenza nacional. 

Ha sido un tema tabú, un monumento a la hipocresía, de cómo se estaba reconociendo como emérito a un tipo del que se sabía perfectamente que estaba cometiendo irregularidades. Y los que dicen que es para proteger la estabilidad de la nación, yo les digo que no hay mayor inestabilidad para una democracia que ser condescendiente con la corrupción de alguien y en vez de proteger la igualdad de todos ante la ley.

El rey emérito ha sido un tema tabú, un monumento a la hipocresía de los medios

En cuanto se menciona alguna crítica, la derecha, junto con el PSOE, suele recurrir a su papel en la transición…

No está reñido reconocer que en este país ha habido una transición, con sus cosas positivas y negativas, con el hecho de que este señor ha cometido tropelías con testaferros, con dinero en el extranjero, ha reconocido un fraude y ha salido impune. Este señor ante la Justicia y ante la Agencia Tributaria no ha sido igual que cualquier otro ciudadano. Por eso cuando digo lo de que ‘no quieren que lo sepas’, este es uno de los grandes temas. El corpus del libro son esos grupos de poder que se protegen entre ellos, una pieza clave, una piedra de bóveda, es el rey emérito. Ha sido intocable y no se hablaba de ello. Y todavía ocurre. Esto no es sano para una democracia, no puede serlo. ¿Con qué cara le dices a la gente que todos somos iguales ante la ley si luego estás permitiendo que haga lo que ha hecho?

En el libro habla de las redes clientelares, que califica como “el colesterol” de nuestra sociedad. ¿Sigue habiendo caciques en 2022? 

Claro. Hay grupos que están abusando. Tu piensa en ese grupo empresarial o en esa empresa energética que está alcanzando beneficios récord, que está subiendo el recibo de la luz, y al mismo tiempo tenemos a ese ciudadano medio que con 1.000 y pico euros que en una ciudad como Madrid tiene que pagarse una vivienda, afrontar una factura de la luz que superan los 100 euros mensuales, que tiene que repostar a precios disparados y lo necesita para ir a trabajar. 

Ese contraste nos lleva a que hay grupos económicos que están abusando de esa posición y cuando se ve que esto se alimenta de las puertas giratorias, de cómo se compran a políticos que tienen una buena agenda de contactos, no por su experiencia en el sector sino por el acceso que tienen a aquellos que pueden legislar. En este país se ha visto cómo una eléctrica fichaba a quien había dirigido el servicio de espionaje nacional, Félix San Roldán, exdirector del CNI, que al mismo tiempo es protector del rey emérito. Esto es un escándalo tremendo. 

¿Y por qué cree que la sociedad no protesta masivamente por esto? ¿O no castiga a quienes se sirven de estas puertas giratorias? ¿No estamos incidiendo lo suficiente en ello?

Evidentemente que hay un vínculo mediático y hay cosas que no se cuentan porque se protege a los privilegiados y no interesa. Estamos hablando de que hay grupos que se protegen entre ellos y se consideran intocables. Bien porque tienen la capacidad de levantar un teléfono y ponerte en la calle o bien porque tienen un presupuesto para levantarte una campaña de publicidad o, directamente, las dos cosas.

En el libro también habla de que la sociedad se está ‘futbolizando’, que cava trincheras. ¿Qué se puede hacer para revertir este proceso que parece que va a más?

Se intenta aborregar a la sociedad. A veces los partidos políticos quieren palmeros, no quieren a gente con sentido crítico. Y una sociedad viva tiene que tener sentido crítico y poder criticar el partido al que han llegado a votar. Pero algunos parece que quieren soldados o borregos,  no quieren gente crítica. Yo sí creo que una sociedad reivindicativa, que si tiene que salir a la calle a protestar lo hace, mejora una democracia. Pero esta simplificación nos lleva a la polarización. Hay gente que quisiera reducir la pandemia a si la culpa fue de Sánchez o de Ayuso. O de Iglesias. ¿Y si hubo responsabilidad en varios partidos? ¿Y si nos ponemos a analizar lo ocurrido y a intentar mejorarlo en vez de simplificarlo en que la culpa fue de una persona? 

Siempre buscamos culpables para explicar lo que se ha hecho mal…

Siempre buscamos un único culpable, que a veces lo hay, pero hay que intentar huir de la simplificación. Cuando hay una protesta lo que más debería preocuparnos es si hay razones para esa protesta. Si hay una protesta de transportistas o de sanitarios, habrá que preguntarse: ¿Hay una razón para esto? Me interesa fundamentalmente eso porque luego, cuando gobierna la izquierda, la queja es que hay partidos de la derecha que están intentando capitalizar el malestar de los manifestantes. Pero esto también lo ha hecho la izquierda. La izquierda ha salido a las calles cuando ha habido motivos. Es fundamental escuchar y tener empatía,  no criminalizarlos, e intentar estar con esa gente que tiene un problema, porque si no lo haces otros van a intentar ocupar ese espacio aunque sea de forma falsa. 

Yo no soy comunista, pero creo que estamos en un tiempo de capitalismo salvaje

A los transportistas les han bajado el precio de los portes, están pagando más por el combustible, más por sus herramientas de trabajo. Esto está ocurriendo en general. Yo no soy comunista pero sí creo que estamos en un tiempo de un capitalismo salvaje y si los partidos públicos y el Gobierno no se dan cuenta, va a acabar siendo insostenible. Hay que intentar ponerle coto a este capitalismo salvaje. 

¿Cree que la izquierda está perdiendo las calles?

Es momento de que los poderes públicos reaccionen, aunque es cierto que estamos en una situación muy complicada, agravada por la guerra y por la pandemia. Pero el poder político tiene que demostrar que es capaz de meter en cintura intereses económicos salvajes y abusivos. Es un desafío para la política de nuestro tiempo, y no solo en España, encauzar con medidas públicas abusos que se comenten en sectores como el de las energías o el de la sanidad. Ahora tardamos semanas en que nos atiendan sólo en atención primaria. Si eso ocurre es porque alguien nos está robando, porque es un servicio público fundamental. Nos roban a plena luz del día sin pasamontañas y sin pistola. 

Por último…¿ si el periodismo no es crítico, no es periodismo?

Me parece una pregunta bonita. En mi forma de pensar cabe el periodismo deportivo, el periodismo cultural e incluso la prensa rosa. También el periodismo de denuncia. Y se puede hacer denuncia dentro del periodismo deportivo. Yo defiendo que podemos estar todos y que no hay que silenciar algunas voces. Ese es el principal problema, que hay gente poderosa que calla a algunos porque molestan. Y la molestia es contar lo que pasa. Por eso digo en el libro que solo contar las cosas es revolucionario, porque hay quien tiene poder que actúa para que no lo cuentes. Pero con el paso del tiempo he visto que te lo pueden hacer imposible.

Cómo lo ve... Jesús Cintora

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