Violencia género

Una mujer a la semana, en el domicilio y con julio como mes negro: retrato robot de la violencia machista

Violencia machista

El 20 de abril de 2019 la violencia de género alcanzó una cifra más que simbólica: mil mujeres asesinadas desde que existe un registro oficial. El dato recordaba que detrás de los números hay personas, un millar, que han quedado por el camino por el simple hecho de ser mujeres. El Observatorio Contra la Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) publica este miércoles un informe en el que analiza los detalles de esas vidas segadas a manos de sus parejas o exparejas masculinas. Las estadísticas son claras: cada semana una mujer ha sido asesinada de media en los últimos dieciséis años, habitualmente en su domicilio y con julio como mes más dañino.

María Ángeles Carmona, presidenta del observatoria, incide en que "más allá de la fría cifra", los datos ponen "ante los ojos de la sociedad de forma clara e irrefutable la voracidad de una lacra social que antes y después ya había segado y seguiría segando muchas vidas". A día de hoy, son ya 1.055 las mujeres asesinadas.

Aunque el promedio anual entre 2003 y 2018 (el año 2019 sólo se recoge hasta abril) es de 61,3 víctimas mortales, lo cierto es que la evolución de los crímenes machistas evidencia una serie temporal marcada por dos periodos. El primero, de ocho años, fue el más dañino para las mujeres (68,3 asesinatos al año de media), mientras que el segundo experimentó algunas mejoras (54,4 asesinatos al año). La tendencia de esos más de dieciséis años muestra que una mujer ha sido asesinada, como promedio, cada semana como consecuencia de la violencia de género, siendo 2008 el año con más casos (76) y 2016 el que menos registró (49). Desde el inicio de la serie, sólo un único mes transcurrió libre de asesinatos machistas: enero de 2009.

La convivencia como factor de riesgo

El estudio determina que la mayoría de las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas masculinas (el 60,5%) mantenía la convivencia con sus agresores. Es habitual, de hecho, que víctima y maltratador compartieran espacio después de la formalización del divorcio o separación, e incluso en supuestos de denuncia previa u orden de protección en vigor. Un extremo del que vienen advirtiendo organismos internacionales como las Naciones Unidas. En cien de los mil casos analizados continuaba la convivencia después de haber presentado una denuncia y en 29 lo hacía pese a existir medidas de protección activas.

Precisamente julio se entreteje como el peor mes para las víctimas de violencia machista (98 feminicidios) y el domingo como el día más peligroso (172), ambos símbolo de una mayor convivencia en pareja (periodo estival y jornada de descanso laboral). Siguiendo el mismo razonamiento, el domicilio es el lugar que registra mayor número de asesinatos machistas: el 75% de ellos tuvieron lugar en el hogar. Muy por detrás, el 7% se origina en la vía pública, el 5% en un espacio abierto, el 4% en un vehículo y el 3% en el lugar de trabajo.

La edad de las mujeres abarca todas las etapas vitales: la más joven tenía trece años y la mayor alcanzaba los 95. Carmona insiste, respecto al perfil de las víctimas, en que la violencia machista es "un fenómeno que afecta a mujeres de todos los ámbitos y orígenes, sea cual sea la clase social, nacionalidad, grupo étnico, edad o nivel de estudios". No obstante, el promedio de los últimos dieciséis años indica que la media de edad es de 42 años y que en torno a la mitad de las mujeres asesinadas pertenecen a la franja de edad comprendida entre los 26 y los 45 años, "cuando esa franja representa solo la tercera parte de la población de mujeres mayores de quince años".

Silencio, maternidad y víctimas colaterales

El silencio de las mujeres (sólo el 26,1% había denunciado) se explica, en parte, como reacción lógica a una agresión mayor. "Esta razón ha llevado a nuestro Alto Tribunal a determinar que el silencio inicial que se produce cuando una mujer decide denunciar meses o años después de la primera agresión no puede penalizar a la víctima. Es decir, no puede hacer recaer automáticamente sobre ella la sospecha de que está mintiendo", enfatiza la presidenta del organismo.

Los motivos que explican el silencio, además, se hacen más fuertes con la maternidad. "El miedo a que el agresor haga daño a los hijos como venganza o represalia contra la madre frena a las mujeres a la hora de denunciar su situación", expresa el estudio. En el 75,1% de los casos analizados, la víctima tenía al menos un hijo y en el 49% los niños eran menores de edad. La consecuencia inmediata es que un total de 765 menores quedaron en situación de orfandad por el asesinato de sus madres. Los hijos son considerados, desde el año 2015, víctimas directas de la violencia de género.

Pero no son las únicas víctimas colaterales. De los mil casos analizados, en un total de 38 la violencia fue extensiva a otras personas cercanas: 23 menores también fueron asesinados, cuatro hijos mayores de edad, cuatro padres y madres de las víctimas, un hermano, seis parejas actuales y otras seis personas del entorno.

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