Trump prorroga la prórroga tras bloquear el bloqueo en Irán

Las negociaciones no arrancan en Pakistán. A pesar de que el gobierno de Islamabad apostaba por retomar el formato entre Irán y Estados Unidos, las posiciones siguen distantes. Y profundizando en los términos de paz, no sería tan complicado acercar demandas de mínimos.

En medio de todo el bloqueo de las negociaciones de paz se encuentra el otro bloqueo, el del Golfo pérsico. El alto el fuego sirvió para que Irán relajase ligeramente el paso que, a cuentagotas, abría bajo sus condiciones. Pero Donald Trump no puede permitirse que Irán juegue con una baza tan poderosa como es el Estrecho de Ormuz.

En ese punto aparece el bloqueo del bloqueo. Pero cabe matizar las palabras de Trump. Estados Unidos no buscaba simplemente taponar Ormuz como parecía según declaraba el presidente republicano en sus redes. El objetivo era presionar a Irán para que se rindiera.

El bloqueo del bloqueo de Ormuz 

No obstante, si Irán ganaba peso global a través del bloqueo de Ormuz, ¿cómo iba Estados Unidos a ganar ventaja reforzando la medida iraní? La respuesta la da el nivel operativo, menos imbuido por la retórica política del neoyorquino. El Comando Central de Estados Unidos señaló que el objetivo sería Irán en sí mismo, a través de un bloqueo de sus puertos.

Así que desde el mar Arábigo se puso en vigilancia la costa iraní y se dio un golpe sobre la mesa. Uno que pilló a Irán con el pie cambiado por primera vez en toda la guerra. Washington necesitaba parar las consecuencias que sus ataques propiciaban en las monarquías del Golfo y en la energía global, manteniendo al mismo tiempo la máxima presión sobre Irán para que cediese ante un acuerdo.

Haber aceptado el alto el fuego desde Teherán sin un acuerdo de paz de por medio conllevaba riesgos estratégicos. Estados Unidos podía imponer ese bloqueo para evitar por un lado la viabilidad del peaje que Irán había logrado establecer al tránsito y, por otro, la normalidad de las exportaciones persas hacia el Índico.

Y todo sin su anunciado ataque contra infraestructura civil esencial, sin la invasión de las islas del Golfo Pérsico, ni la entrada de buques a desbloquear Ormuz por la fuerza. Un golpe silencioso.

La prórroga de la prórroga del alto el fuego

Sin embargo, un bloqueo es un acto de guerra. Si se lanza dicha acción durante un alto el fuego, especialmente cuando Irán parecía relajar el cierre de Ormuz, la parte afectada puede interpretar que no existe tal tregua. Porque en la práctica esta acción supone una escalada.

Irán no puede permitirse perder la carta de Ormuz, ya que le había situado en una posición más ventajosa a la que tenía al principio de la guerra. Por ese motivo Trump ha apostado por la prórroga definitiva de la tregua, para situar el tiempo de su lado

De hecho Estados Unidos le ha robado a Irán la carta de Ormuz. Es ahí donde se ve la verdadera naturaleza del alto el fuego, la prórroga que Trump anunció para dar aire a las conversaciones de Pakistán ha sido prolongada indefinidamente. Y esto también tiene explicación.

Las fechas impuestas por Trump para alcanzar un acuerdo, que era imposible sin concesiones, solo suponían un daño político autoinfligido. Por ese motivo el nuevo plazo no tiene un límite temporal conocido. Se trata de forzar que Irán sea el que rompa el alto el fuego o se niegue a negociar, dándole la vuelta al relato.

Pero el bloqueo es una parte inalienable de la dinámica negociadora. Irán no puede permitirse perder la carta de Ormuz, ya que le había situado en una posición más ventajosa a la que tenía al principio de la guerra. Por ese motivo Trump ha apostado por la prórroga definitiva de la tregua, para situar el tiempo de su lado.

Sin ataques iraníes sobre el Golfo pérsico, sin misiles contra las instalaciones estadounidenses y sin impactos en Israel pero con el daño prometido sobre la economía iraní en vigor. Así, Trump traslada la presión a Teherán para que acuda a Islamabad en peores condiciones.

Las opciones sobre la mesa

A pesar de todo, Irán no parece proclive a renunciar a la política de firmeza con la que ha sorprendido a muchos en 2026. La negativa para acudir a Pakistán demuestra que el bloqueo es más serio de lo que se decía en un inicio.

Irán puede sentir más presión sobre sí pero aquí caben dos opciones destacadas. Que en Teherán valoren continuar con la estrategia de socialización de daños. Si Trump bloquea Irán, Ormuz podría quedar cerrado por completo y se trataría de ver quién puede sostener su bloqueo más tiempo. Tanto Teherán como Washington necesitan que su rival levante su respectivo bloqueo, así que pueden apostar por lanzar el órdago de mantenerlos sine die.

La segunda opción es que Irán finalmente interprete intolerable el bloqueo y retome la acción armada para reequilibrar los daños. Así se forzaría a Trump a volver a escalar y a situarse en la trampa donde se encontraba antes de la tregua. Pero en ese escenario Irán corre el riesgo de perder el relato, un coste potencialmente asumible para sus autoridades.

Lejos queda la opción de un acuerdo, que hoy sería menos favorable para Irán que hace unas semanas pero aún podría ser mejor que lo esperado al principio de la guerra. En ese tipo de equilibrios donde todos pueden vender victorias mientras se hallan compromisos es donde reside la ventana de oportunidad para la diplomacia. Pero para eso ambos tendrían que ceder notablemente. Y existe un disruptor. El gran disruptor regional y global: Israel.

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Alejandro López Canorea dirige el medio Descifrando la Guerra. Antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.

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