Juan Luis Cano: "Los medios de derechas lo tienen claro y se han asociado con el único fin de derrocar al Gobierno”
Considera Juan Luis Cano (Madrid, 1960) que la autocensura es la forma más peligrosa de censura hoy en día. Algo que no sorprende, pues cualquiera que le siga en las redes sociales sabe perfectamente que no se corta, dice siempre lo que piensa y responde sin morderse la lengua a quienes le atacan (que no son pocos). Pero es que lo tiene claro: “La situación ha llegado a tal extremo que hay cosas que mucha gente deja de decir, posicionamientos que hay quien deja de tomar o pensamientos que deja de hacer públicos, por el miedo a dejar de trabajar, a ser estigmatizado o a ser agredido de alguna forma”.
Ese miedo no lo tiene el periodista, humorista, escritor —su última novela, Yo fui santa (Menoscuarto, 2023), fue finalista en la 70 edición del Premio de novela Ateneo - Ciudad de Valladolid— y promotor junto a Guillermo Fesser de la Fundación Gomaespuma, que desarrolla proyectos para mejorar la vida de miles de personas en todo el mundo. Muy al contrario, Cano tiene el aplomo firme de plantar bien los zapatos sobre el suelo que pisa y el arrojo decidido de tomar partido en la batalla cultural que se libra cada día y sin descanso a través de nuestros teléfonos móviles.
Es por ello que afirma que un buen periodista debe resistirse con solidez contra la mentira, pues la desinformación y los bulos son dos de los grandes problemas que afrontamos todos como sociedad. “Hay que hacer un esfuerzo mayor por ocupar territorio en aquellas demarcaciones comunicativas donde la derecha lo ha copado todo”, plantea, antes de lanzar otra propuesta relacionada: “Hay que desenmascarar a los falsos periodistas sin descanso e intentar dejar en evidencia a los creadores de bulos que detrás de una cabecera tratan de disfrazar de veracidad sus mentiras”.
La desinformación cuenta con la ventaja de que siempre dice a sus interlocutores lo que quieren oír, pero no hay que ceder, ni hay que apuntarse a ese carro de indignidad
Esto, en su opinión, hay que hacerlo “sin vergüenza y con descaro”, no poniéndose a su mismo nivel, sino “haciéndoles frente sin complejos, con nombres y apellidos”. “Naturalmente, sé que se intentan desmontar sus falacias habitualmente, pero ellos juegan con ventaja porque saben que tienen un público cautivo que compra sus mensajes”, apunta, para acto seguido avisar de uno de los errores más comunes cometidos por los periodistas: “Creer que el mundo es nuestro entorno. Porque eso no es así”.
Y todavía continúa argumentando: “Intentar luchar contra la simpleza del mensaje es difícil, lo sé, porque es la tendencia hacia la que nos están llevando los nuevos modos digitales, pero aunque en la actualidad la tendencia comunicativa favorezca eso, que un mensaje sea directo y corto no nos debe llevar a pensar que siempre es simple. Es ahí donde hay que hacer hincapié: en lanzar mensajes cortos, pero llenos de contenido y claros, porque hay un gran número de personas que ya no lee editoriales, no escucha programas de radio enteros ni ve tertulias televisivas de cuatro horas”.
Hay que desenmascarar a los falsos periodistas sin descanso e intentar dejar en evidencia a los creadores de bulos
En este contexto ruidoso, insiste en que el buen periodismo tiene una “gran responsabilidad” en favor de la veracidad, aunque reconoce que lo tiene complicado porque el oficio periodístico “ya forma parte de un mar revuelto en el que convergen engendros comunicativos como los canales de creadores de redes sociales, medios digitales sin oficio pero con beneficio que no son más que aparatos de propaganda, contenedores de bulos, esparcidores de calumnias con apariencia de periódico…”. Un ecosistema en el que “la gente ya confunde el periodismo riguroso con todas esas aberraciones informativas”.
“Contra esa realidad es muy difícil luchar”, reconoce y lanza como posible solución “inundar las redes y las calles con verdad y hacer el mismo esfuerzo que hace el mal, pero en sentido contrario”. “La lástima es que en este lado no hay el mismo dinero que lo pueda sufragar”, denuncia, aprovechando para poner negro sobre blanco el ecosistema mediático en el que vivimos: “Los medios de derechas lo tienen muy claro, se han asociado con un único fin, que es derrocar al Gobierno. Todos reman en la misma dirección hasta tal punto que algunos medios a los que, a pesar de su tendencia, podríamos considerar serios y rigurosos, están pasando por alto en muchos casos la veracidad de sus informaciones con tal de no salirse del renglón marcado”.
La gente ya confunde el periodismo riguroso con las aberraciones informativas
Ante semejante panorama, destaca Cano que un buen periódico tiene que ser para sus lectores un “faro” que “te avisa de los peligros, te orienta y te facilita la información que desde tu posición no puedes alcanzar a ver”. Precisamente por eso, un diario tiene que ser, tal y como remarca, “totalmente fiable”, y “no debe temer decirles cosas a sus lectores aún cuando vayan en contra de sus propios convencimientos, aún sabiendo que eso implica correr el riesgo de perder su fidelidad”.
Esa es, en definitiva, otra manera de luchar contra esa desinformación que campa a sus anchas por nuestras vidas y que “nos puede llevar al mismo camino que están siguiendo ya muchos países", que no es otro que "la llegada al poder de tiranos cuya única obsesión y meta es el enriquecimiento propio y el de sus aledaños a costa del abandono de la dignidad, la justicia y los servicios públicos”.
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“La desinformación nos puede llevar a un lugar ya conocido del que siempre cuesta mucho sufrimiento salir. Lo extraño es que viendo hacia dónde llevan estos caminos haya gente que crea aún que quienes les conducen por ellos les van a librar de sus penurias o van a solucionar sus problemas, teniendo el ejemplo tan cercano y tan patente. La desinformación cuenta con la ventaja de que siempre dice a sus interlocutores lo que quieren oír, pero no hay que ceder, ni hay que apuntarse a ese carro de indignidad”, plantea.
Hilando con estas últimas ideas, recuerda Cano que la ultraderecha ataca a los buenos periodistas porque son “la salvaguarda de la verdad, porque dejan al descubierto los verdaderos intereses de los tiranos y sus adláteres", y porque "el buen periodismo es una roca en el camino hacia la ignominia difícil de sortear”. Por eso, subraya, ante los retrocesos democráticos el oficio periodístico debe jugar un papel de “denuncia” y de “referente” para la ciudadanía: “Ha de ser el transmisor de buenos ideales, de verdad y honestidad. El buen periodismo debe de ser el fiscalizador de quienes gestionan la vida de un pueblo”.
Para terminar, se muestra de acuerdo con el camino de resistencia que transita infoLibre, ajeno a las prisas en un intento por ofrecer a los lectores herramientas para comprender e interpretar lo que sucede, pero aprovecha esta conversación para recomendar a este diario —y tomamos buena nota— tener “mucha más presencia en las redes sociales”. Algo que nos lleva a la beligerancia de la que hablábamos al principio: “La batalla se está dando ahí, especialmente entre la gente joven y creo que se debería ser incisivo en los mensajes y las informaciones que se cuelgan, crear más sinergias con influencers, otros medios y comunicadores independientes para intentar crear red y que los mensajes tengan mayor repercusión”.