Blas Infante traicionado

La eurodiputada socialista andaluza Lina Gálvez en una fotografía de F. J. Olmo sobre un fondo con la imagen de Blas Infante

El pasado 6 de julio, el presidente de la Junta de Andalucía presidió en el Parlamento el homenaje institucional a Blas Infante. Apenas cuatro días antes había firmado un pacto de gobierno exprés con Vox. Entre los nombramientos derivados de ese acuerdo figura Rafael Sánchez Saus, un falangista, como viceconsejero de Presidencia.

Moreno Bonilla no es el único dirigente del Partido Popular que ha pactado con Vox, pero sí es el único que gobierna bajo la sombra de una figura como la de Blas Infante y el único que, durante ocho años, ha construido una parte importante de su identidad política alrededor del andalucismo institucional.

Ha convivido cómodamente con un Blas Infante reducido a la bandera, al himno y a las ceremonias oficiales, mientras dejaba en un segundo plano al pensador político que el Estatuto de Autonomía reconoce como "Padre de la Patria Andaluza e ilustre precursor de la lucha por la consecución del autogobierno".

No es moderado quien reduce a Blas Infante a una fotografía institucional mientras gobierna con quienes cuestionan la memoria democrática, el autogobierno y la igualdad que él defendió

La gran ambición de Blas Infante fue el proyecto de transformación social para hacer posible la construcción del autogobierno andaluz. La pregunta que atravesó toda su obra era tan sencilla como incómoda: ¿cómo podía una tierra extraordinariamente rica producir una sociedad extraordinariamente pobre? Desde muy joven quedó marcado por la miseria de los jornaleros frente al poder de los terratenientes. De ahí nació un pensamiento político que situó la cuestión social en el centro del problema andaluz.

Cuando publicó Ideal Andaluz en 1915, identificó con claridad los grandes obstáculos para el desarrollo de Andalucía: el latifundismo, el caciquismo, la falta de educación, la debilidad de su clase media y un centralismo político incapaz de comprender la realidad andaluza. Su andalucismo era inseparable de la justicia social y del autogobierno.

A Blas Infante lo asesinaron y lo arrojaron a una fosa común por defender una Andalucía libre, justa y democrática

Influido por el federalismo de Pi i Margall, imaginó un Estado español formado por pueblos capaces de gobernarse a sí mismos sin romper la solidaridad entre ellos. Blas Infante admiró el impulso del autogobierno catalán y consideró que Andalucía debía alcanzar un nivel semejante desde su propia realidad social. Su andalucismo no nació contra Cataluña ni contra ningún otro pueblo de España, sino contra el centralismo, que consideraba responsable del atraso andaluz. Por eso chirría tanto el intento de Moreno Bonilla de presentar su andalucismo enfrentado al catalanismo como si se tratara de un juego de suma cero.

Además, el acuerdo de gobierno de Moreno Bonilla con Vox incluye el compromiso de sustituir la Ley andaluza de Memoria Democrática por una Ley de Concordia. También deja las competencias sobre violencia de género en manos de Vox, quien la niega. En 1931, Blas Infante denunciaba que la mujer seguía siendo "esclava civil del marido" y defendía una profunda reforma de las relaciones familiares, incluido el reconocimiento efectivo de la libertad dentro del matrimonio.

Así que, con el pacto de Moreno Bonilla con Vox aún fresco, es necesario insistir que Blas Infante fue mucho más que el creador de una bandera o inspirador de un himno. Fue un republicano federal, un reformista social, un crítico del latifundismo, un defensor del autogobierno y un pensador que incorporó la igualdad de las mujeres a su idea de emancipación de Andalucía.

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Por eso, no es moderado quien reduce a Blas Infante a una fotografía institucional mientras gobierna con quienes cuestionan la memoria democrática, el autogobierno y la igualdad que él defendió. El PP de Moreno Bonilla y Vox están reescribiendo la historia de Andalucía, intentando borrar la conquista que los andaluces y andaluzas logramos en las calles un 4 de Diciembre.

Preservar el legado de Blas Infante exige la obligación moral de ser coherente. A Infante lo asesinaron y lo arrojaron a una fosa común por defender una Andalucía libre, justa y democrática. Quien utiliza su memoria mientras pacta contra sus principios, e invita a dirigir la comunidad a los herederos ideológicos de sus verdugos, no honra la figura de Infante ni la memoria de un pueblo que tuvo que ganar su autonomía en la calle: la traiciona.

*Lina Gálvez es catedrática de Historia y eurodiputada socialista.

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