Los libros

El negrero confeso

Portada de 'Mongo Blanco', de Carlos Bardem.

Mongo BlancoCarlos BardemPlaza&JanésBarcelona2019Mongo Blanco

 

Siempre es un compromiso cuando alguien a quien conoces te envía su libro para ver qué opinas. Si ese alguien te resulta indiferente, te da igual, pero cuando no es así, sientes el temor a que la historia escrita te decepcione. Por eso, cuando avanzas en esta novela de más de 600 páginas y ves que está muy bien escrita, mejor documentada, que plantea un arduo e infame capítulo de nuestra historia y que puedes leerla desde varios puntos de vista, como una novela de aventuras y/o como una crítica a la colonización y esclavitud con las conclusiones que todos deberíamos sacar sobre cómo se han hecho algunas o muchas de las grandes fortunas de este país, la lectora, en este caso yo, respira aliviada para seguir inmersa entre las páginas de lo que Carlos Bardem nos propone.

No es la primera novela de Bardem (Madrid, 1963), licenciado en Historia y actor perteneciente a una larga estirpe de cómicos. Con su segundo libro, Buziana o el peso del alma, consiguió el Premio Destino–guion en 2002. En 2005 escribió las memorias de su madre, bajo el título de La Bardem, y en 2009, Alacrán enamorado, llevada al cine en 2013. Con esta novela, Mongo Blanco, se consolida como escritor. Narrada en primera persona, cuenta la vida del español Pedro Blanco, el Mongo Blanco, uno de los mayores tratantes de esclavos de la época.

Pedro Blanco cuenta sus memorias, ya mayor y acabado, al doctor Castells, que le trata en el manicomio donde su hija le ha encerrado: dos personajes contrapuestos; el doctor Castells, que enarbola los principios de la Ilustración, personaje mitad rousseauniano mitad ingenuo dispuesto a ahondar en los abismos del alma del negrero, y Pedro Blanco, que le cuenta parte de lo que hizo, lo que quiere, jugando con la memoria, siempre traicionera, y con el encantamiento que producen las historias, el enganche a ellas, como si fuera un Scherezade en masculino y en el horror. Los personajes malvados, en literatura, son mucho más atractivos que los bondadosos, o al menos más fáciles de retratar, de conseguir que el lector sienta atracción o rechazo hacia él, y por tanto que atrape, como pasa con Mongo Blanco. El dominio con el que utiliza el tiempo de narración y el tiempo de ficción, es uno de los aciertos de la novela, que hace seguirla con interés. Al estar situada la historia en los últimos años del protagonista, desde su decadencia, nos hace sentir algo de conmiseración hacia un ser odioso. Pero los sentimientos no forman parte de la literatura, sí del lector.

 

Yo. Un loco.Pedro Joaquín Benedicto Blanco y Fernández de Trava.Don Pedro Blanco y Fernández de Trava.Don Pedro Blanco, negrero.Pedro Blanco, gigante o monstruo. El Mongo Blanco. El Gran Mago-Espejo-Sol.El Rey de Gallinas.El Patriota y Colonizador español.El Sodomita pregonado.El Pirata. El Padre.El hermano.Lo pago, abandonado de todos, en este manicomio de Barcelona.Una pistola. Si tuviera una pistola mancharía una pared con mis sesos.

Pese a esta declaración de principios al inicio de la novela, nos presenta a un personaje más bien psicópata, que no tiene remordimientos por las atrocidades cometidas, que se convierten en la única posibilidad que tiene de salir de la celda, por eso mantiene la intriga de Castells y el lector, usando esos argumentos de “lo hacía todo el mundo”, “yo no era el único”, “estaba normalizado”, que nos acerca mucho a la teoría de Hanna Arendt sobre la banalidad del mal. No obstante, toda su vida, de un modo u otro, le pasa factura en su atormentada mente, aunque él lo niegue.

Para que no se quede en la crítica a un solo personaje, como si solo él fuera el tratante, cada capítulo se inicia con distintos artículos del Reglamento de Esclavos promulgado por el capitán general don Jerónimo Valdés, en Cuba, en 1842. Así reza en el artículo 1:

 

Todo dueño de esclavos deberá instruirlos en los principios de la Religión Católica Apostólica romana, para que puedan ser bautizados, si ya no lo estuvieren; y en caso de necesidad les auxiliará con el agua de socorro, por ser constante que cualquiera puede hacerlo en tales circunstancias.

Poco a poco, capítulo a capítulo, va plasmando el funcionamiento de la sociedad esclavista de la época, de la que Mongo Blanco era un ejecutor, la punta de un iceberg que ocultaba su parte más profunda, todo un sistema económico basado en la esclavitud, que dio paso luego, precisamente por la acumulación de capital y de mercancías, al sistema capitalista, con los nuevos esclavos, el proletariado, la mano de obra, en teoría libre para decidir su sustento, su vivienda y su vestimenta, porque resultaba ya más rentable que seguir manteniendo y alimentando a ejércitos enteros de esclavos. Es la historia. Y también la Historia.

Esta es la apuesta del autor, para el que, como él mismo ha dicho en las entrevistas, la literatura es la única máquina que nos permite viajar a través del tiempo, acercarnos a una etapa oscura de nuestra historia occidental, no solo la de este país, y que nos ayude a reflexionar. También estaría bien que estos capítulos se estudiaran en los institutos, en las universidades, para que no se vuelvan a repetir algo de lo que no estamos muy lejos cuando hay políticos que se atreven a pontificar y alabar los contratos basura.

Por último, decir que, en cuanto al estilo, es una novela épica y una novela de aventuras, con descripciones explícitas sobre lo que ocurrió, sin miramientos, tal vez pensando en su proyección cinematográfica, pues hay bastantes probabilidades de que se convierta en una serie. Algo que, independientemente del resultado, favorecerá la venta del libro.

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Carmen Peire es escritora. Su último libro es Cuestión de tiempo (Menoscuarto, 2017).

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