'Menina a mi pesar': un retrato satírico sobre la polarización en la que vivimos en la sociedad actual
Tras sufrir la undécima crisis económica y la promulgación de la Ley de Memoria Democrática, los marqueses de Cervina pugnan por mantener su statu quo en el Madrid de los Austrias.
Receptora de los descartes genéticos de la familia, la heredera de los Cervina recibirá el sobrenombre de La Menina. Y, tal como le ocurriera a Mariabárbola, su destino quedará ligado a un cuadro: un lienzo de valor incalculable convertido en tabla de salvación para los descendientes de una saga familiar en vías de extinción.
Diestra en descubrir secretos, la Menina no dudará en utilizar las debilidades ajenas, asegurándose su propia supervivencia. Los intereses creados, la lucha de clases y el relevo intergeneracional dan lugar en Menina a mi pesar (Durii, 2026), a través de la pluma de Juan Loste, a un retrato satírico y divertido sobre la polarización en la que vivimos en la sociedad actual.
A continuación publicamos dos fragmentos de este libro, que está ya disponible en las librerías
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Fragmento 1
Hubiese entregado mi alma al diablo para conseguir convertirme en una joven esbelta y bonita. Nunca lo deseé tanto como aquella noche. Jamás me hubiera atrevido a soñar lo que pasó después. No pude impedir que ciertos sentimientos se adueñaran de mí.
Desde entonces os dirán que me he radicalizado; que ya no creo en fábulas, sino en fabulaciones; que se me agotó la paciencia; que además de estrábica, soy daltónica y no distingo colores; que para mí todo es blanco o negro. Se trata de gente envidiosa, temerosa, tal vez, de que sus secretos acaben aflorando, manchando reputaciones inmaculadas a base de lavados de cara y blanqueos de pecunios de dudosa procedencia.
Quizás me falte el talante orgulloso y despótico de la alta aristocracia. Sin embargo, de ardides y triquiñuelas ando sobrada, lo que me ha permitido sobrevivir en una pecera repleta de pirañas mimadas y hambrientas. ¡Y no ha sido fácil!
(...)
Para bien o para mal, nací llamando la atención. Simplemente... ¡destacaba!
Mi aspecto físico parecía una broma pesada. Pudiendo haber heredado el donaire caribeño de mamá o la fina estampa de caballero español de papá, salí tirando a feíta, bajita y regordeta. Era como si el azar genético se hubiera cebado conmigo otorgándome los descartes de mis ancestros.
¡Como cuando me diagnosticaron la enfermedad de Blount! Llevo toda la vida luchando contra ello. El anormal crecimiento de mis huesos hizo que las piernas se volteasen hacia adentro. A pesar de los correctores ortopédicos y las dosis extras de calcio y vitamina D, no quedó otra que acudir a la cirugía. Dejé que cortaran huesos, enderezaran tibias y sujetaran el conjunto con placas y tornillos. Esto recibe el nombre de osteotomía y, no os mentiré, es un procedimiento doloroso del que me estoy recuperando.
A los problemas óseos se unieron otras menudencias. Como diastema, ahora en boga. Así que he dejado de despotricar contra el hecho de que mis paletas estén ligeramente separadas. Igual que tampoco me quejo por tener un ojo más vago que la chaqueta de un guarda.
Sentirse atrapada en un cuerpo, determina la forma de interaccionar. En mi caso, infiriendo juramentos y palabras mal sonantes. La deformidad me empujaba a ser desafiante; quizás, algo más de lo normal.
Encerrada en mí misma, solo quería que me dejaran en paz. No sabéis cuánto aborrezco ser objeto de lástima o compasión. Llegué a sentir que, por culpa de mis imperfecciones, no recibía el amor y afecto que merecía.
Sin ser experta en cálculo diferencial, la derivada de mi insatisfacción crónica se traducía en pequeños cortes y quemaduras para aliviar la tensión que sentía. ¡No quedaba otra! Como un tahúr, recurrí a trampas y engaños mientras voy aprendiendo a gestionar mejor mis emociones. Empecé con trucos sencillos. Una banda elástica en la muñeca. Un lápiz rojo con la punta blanda. Apretar de más las ortesis mortificando la carne con una versión 2.0 del cilicio de toda la vida. Además, las cinchas compresoras resultan más prácticas y discretas que la cadenilla con púas que porta mamá durante las seis semanas que dura la cuaresma.
Fragmento 2
Fue a raíz de tuit que había recibido de un seguidor de Imperial Hixpania, el partido de extrema derecha de padre. Tras releerlo un par de veces, a mi padre no le quedó otra que acudir a mí para entender el significado de aquel vocablo que parecía estar de moda entre los más conservadores del planeta.
—Estoy convencido de que es un simple error —me dijo padre —. Seguro que se le ha ido el dedo y lo que quería poner era: “Ewoks”.
—¿Te refieres a esos ositos peludos que aparecen en la guerra de las galaxias en medio de un bosque y que apoyan a los rebeldes en su lucha contra el malvado Imperio? —le contesté mofándome de él.
—Si ya decía yo que no me encajaba que aquellos seres tan entrañables pudieran ser los responsables últimos de posturas consideradas como “políticamente correctas” por unos y tan incorrectas para nosotros —contestó, intentando justificar su ignorancia.
—“Woke” —le dije — es la palabra de moda entre los más conservadores del mundo, iglesia incluida, y se usa como un sinónimo despectivo de lo que viene a ser el “progre” de toda la vida.
—Ahora ya me encaja todo—respondió, explayándose más, para dejar claro que lo había entendido —. Los “wokes” representaban el lado oscuro de la fuerza mientras que los conservadores somos ahora los rebeldes que luchan con denuedo contra la tiranía del imperio de lo políticamente correcto…
—También conocido como Nuevo Orden Mundial…—apostillé.
—O Estrella de la Muerte, si lo extrapolamos a la galaxia —proclamó sonriendo para quitarle hierro a la cosa.
Todo resultaba demasiado confuso para alguien de su edad, así que no le quedaba otra que acudir a los clásicos en busca de referentes conocidos.
—“Woke", en sus orígenes —le expliqué a padre — era un término utilizado por las comunidades negras de los Estados Unidos para describir a las personas que habían despertado a las cuestiones progresistas y que se mantenían alerta ante las injusticias.
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—Entonces, ¿viene del verbo “despertar” en inglés? —quiso cerciorarse.
—Exacto, “wake up”, despertar o estar despierto: “...consciente y alerta ante los hechos y cuestiones importantes” —le dije parafraseando no sé qué diccionario, que no era el de la RAE —. En principio, ¡no tendría por qué ser algo peyorativo!
—Entonces, dependiendo de cómo se use, puede ser algo bueno o no. ¡Como la “fuerza”! — atajó, contento con el filón de analogías que había encontrado en Star Wars.