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Arte

No todos los genios son hombres blancos

Una de las integrantes de Guerrilla Girls, en la presentación de la exposición en Bilbao.

Tres jóvenes activistas de Femen irrumpían ayer en el Congreso al grito de “aborto es sagrado”. Son uno de los muchos exponentes de un movimiento, el feminista, que en sus múltiples vertientes lleva décadas luchando por la igualdad de derechos de las mujeres. Frente a esta reivindicación a pecho descubierto, las Guerrilla Girls, un grupo de creadoras y activistas estadounidenses que se formó a mediados de los años ochenta, han instalado sus reclamaciones, y su arte, en la Alhóndiga de Bilbao personificadas tras sus distintivas máscaras de gorila.

El derecho al aborto, sí, pero también la denuncia de la pobreza, la inequidad, los abusos y las violaciones, la discriminación y otras tantas formas de opresión al género femenino, así como el racismo, forman parte de su lista de demandas para un mundo más justo, plasmadas casi siempre en carteles que ya han entrado en muchos de los grandes museos del mundo. En la que es la mayor retrospectiva de este colectivo realizada en España, todos se podrán ver en el centro cultural vasco hasta el 6 de enero. 

Xabier Arakistain, el comisario, flanqueado por dos Guerrilla Girls | EFE

“Las Guerrilla Girls surgen como reacción ante la nueva vitalidad de la noción machista del artista genio”, explica Xabier Arakistain, el comisario de la exposición. “Se levantan contra el resurgir de esta idea, que coincide con el auge del neoliberalismo”. Retomando las diferentes prácticas del feminismo desde los años sesenta, estas artistas –que siempre se han mantenido en el anonimato- empezaron por condensarlas y ampliar su enfoque para denunciar el sexismo en el mundo del arte, un campo, como señala Arakistain, “muy complejo, con relaciones muy complejas”.

“Ellas interactúan con otros ámbitos de la sociedad: esta es la ventana por la que miran las Guerrilla Girls, y en la que se han mantenido constantes”, agrega. La evolución en estos años, siempre sobre la misma base feminista, ha pasado por ampliar su radio de acción: del mundo del arte, han saltado a la política y el cine.

Una Guerrilla Girl ante una de las creaciones del colectivo | EFE

¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el Met? Menos del 5% de las artistas de las secciones de arte contemporáneo son mujeres, pero el 85% de los desnudos son femeninos, reza una de sus más conocidas creaciones, datada en 1989 e ilustrada con la Odalisca de Ingres con cabeza de gorila. Ejemplo de su metodología –frases directas, incisivas y fundamentadas en datos medibles-, la afirmación es también un claro exponente de cómo la sociedad no ha avanzado ostensiblemente hacia la consecución de las reivindicaciones feministas.

Guerrilla Girls: “Femen juega con las reacciones puritanas de la gente”

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“Ellas trabajan con las estadísticas para reflejar la difícil posición de las mujeres y enfrentarla a las promesas de la sociedad democrática para mostrar el estrepitoso fracaso para conseguir la igualdad”, dice Arakistain. El famoso cartel es la muestra: actualizado en 2005 y 2012, las cifras que recoge, en vez de mejorar, se han vuelto aún más preocupantes. En esos años, contabilizaron un 3 y un 4% de mujeres artistas respectivamente, y un 83 y un 76% de desnudos femeninos. “El Met no es una prueba definitiva”, apunta el comisario, “pero sí da una idea de que el arte es un bastión donde se conserva el sexismo”.

Escondidas siempre tras sus caretas, algunas de las más de medio centenar de artistas que han pasado a lo largo de estos años por el colectivo son también reconocidas creadoras a cara descubierta. “La estrategia del anonimato es parte del éxito del colectivo: ellas mismas dicen que te sorprenderías de las cosas que puedes llegar a decir tras una máscara”. Que estas reproduzcan la imagen de un gorila (una palabra que, en inglés, se pronuncia casi igual que guerrilla), les sirve también para aportar un toque de ironía ante esa noción del artista como genio, para alejarse de ella.

“Las Guerrilla Girls destacan por unir el humor con la estadística”, concluye el comisario. “Y lo hacen sabiendo que se han embarcado en una larga carrera de fondo: para el sufragismo hicieron falta tres generaciones, ochenta años. La complejidad es algo a lo que se está acostumbrado en el feminismo”.

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