Empezar de nuevo

María San Miguel y Alba Muñoz en la obra 'Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva'.

Termina agosto y empieza lo que para muchas de nosotras es el verdadero año nuevo.

En las artes escénicas, como en la educación, las temporadas comienzan en septiembre y terminan, depende del tipo de espectáculos que realices y la suerte en las contrataciones que hayas tenido, en junio, julio o agosto.

En Proyecto 43-2, mi compañía, hacemos lo que hace la españolita media: cerrar el chiringuito unos días en agosto.

Guardamos los ordenadores en un armario, desconectamos las aplicaciones del móvil que usamos para organizarnos en la oficina, intentamos apagar el cerebro y aprovechamos para mirar en silencio al horizonte y bañarnos en el mar.

Cuando lideras un proyecto independiente, como es mi caso, es bastante complicado olvidarlo todo.

En el momento de descanso y relajación siempre aparece alguna idea relacionada con los nuevos proyectos, un correo electrónico que se te olvidó contestar o algún pensamiento intrusivo relacionado, casi siempre, con la precariedad o el miedo al fracaso (sea lo que sea esto que nos han vendido como fracasar).

Como escribió Stefan Zweig en 'El misterio de la creación artística': “El arte es una lucha eterna. Nunca es un fin, siempre es un comienzo”

Comenzamos la temporada con hambre de escenario y muchísima ilusión.

Somos conscientes de nuestro privilegio.

Sabemos que por delante tendremos la suerte de compartir historias que nos conmueven con personas que nunca han visto nuestro trabajo. Con otras que nos siguen desde hace tiempo. Y, probablemente, con alguna a la que admiramos y que nunca pensamos que pudiera sentarse en nuestro patio de butacas.

Viajaremos a ciudades a las que nunca antes habíamos ido a trabajar con la compañía. Y eso es un reto enorme, porque queremos que esta sea la primera vez de muchas. No solo por el deseo de viajar, sino pensando también en nuestra supervivencia en el futuro. Aunque sepamos, y nos recordemos cada día para batallar contra la ansiedad, que eso, el futuro, no existe.

Volveremos a teatros en los que hace temporadas que no nos programan, con la alegría que eso supone. Volver, siempre volver.

Entraremos una y mil veces por las puertas de las que son algunas de nuestras casas favoritas, el Teatro del Barrio en Madrid y el Teatro Calderón de Valladolid. Conversaremos y nos reiremos con los equipos que hacen posible allí la magia. Que nos cuidan y acompañan.

Se vienen horas de carretera y furgoneta en las que escucharemos obsesivamente algún disco de nuestras bandas y cantantes favoritas. Horas en las que reflexionaremos sobre alguna cuestión que haya salido a relucir en un coloquio post función con adolescentes, y que nos hace volver a pensar sobre nuestra historia como país de (des)memoria y violencia. Que nos recuerda la responsabilidad que conlleva compartir historias encima de un escenario.

Buscaremos desde los asientos de las copilotos un sitio rico y a buen precio para comer o para cenar. Y, siempre, aprovecharemos para seguir haciendo oficina, intentando no marearnos, hasta que la batería del ordenador aguante o hasta que se nos entumezcan los brazos. Porque el espacio que hay para las personas en una furgoneta de alquiler con carga de 12 metros cúbicos no es precisamente un lugar para quedarse a vivir.

Una nueva temporada es también una nueva oportunidad de generar vínculos con personas, instituciones, compañeras y compañeros con los que hasta ahora no hemos podido colaborar. Saber que eso va a ocurrir, pero desconocer qué es lo que pasará y con quién, es convivir con la única incertidumbre que sí se lleva bien.

Continuaremos profundizando en las relaciones profesionales y personales con nuestros cómplices, que nos darán la mano en los próximos proyectos y que, ojalá y por favor, no nos la suelten en mucho tiempo.

Entre tanta diversión habrá algún momento para el pánico, cómo no.

Porque nos hemos dejado algo en el almacén durante la carga. Porque algún ayuntamiento tarda en pagar la factura. Porque, otra vez, los números no salen. O porque se vislumbra un nuevo semestre en el que "cómo coño vamos a mantener esto si no hay casi bolos".

Aún así, sabiendo que el momento del agobio cósmico va a llegar, apuesto por la esperanza.

Una historia romántica de vida

Una historia romántica de vida

Es lo único que nos puede salvar en estos tiempos de neofascismo y reaccionarios.

Siempre hay alegría en los principios.

Y como escribió Stefan Zweig en El misterio de la creación artística: El arte es una lucha eterna. Nunca es un fin, siempre es un comienzo”.

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