Precariedad y capitalismo
Hablar de precariedad es agotador. Sobre todo, en verano, que apetece salir de la rutina, dejarse llevar y olvidar las cargas diarias.
Es agotador porque es hacer presente la fragilidad e incertidumbre con la que convivimos la mayor parte de las personas que nos dedicamos a la cultura en nuestro país.
A medida que vas cumpliendo años, y aún siendo plenamente consciente de que has dedicado tu vida a una vocación que te hace feliz, que está estrechamente ligada a desequilibrios económicos, sabes que todas las decisiones del ámbito profesional y del personal han orbitado, orbitan y, seguramente, en mayor o menor medida, seguirán orbitando en torno a ella.
Hablar de precariedad termina convirtiéndose en un raca-raca lleno de lugares comunes que escuchamos repetidamente y que desearíamos dejar de escuchar.
Pero, al mismo tiempo, y pese al cansancio que supone la repetición, ¿cómo no nombrar la precariedad que nos atraviesa cuando hay oportunidad de hacerlo?
Una parte importante de la financiación del sector artístico no proviene de subvenciones ni de inversión privada. Proviene del trabajo no remunerado de los propios artistas
Según el último estudio de la Fundación AISGE, de enero de 2024, el 77% de las personas que se dedican a las artes escénicas en España ingresan menos de 12.000 euros anuales. Y solo el 7% de las personas que se dedican a la actuación cobran más de 30.000 euros anuales. Con brecha de género de por medio, para sorpresa de nadie. También en las artes escénicas, los ingresos anuales de los hombres son un 40% más elevados que los de las mujeres.
Recuerdo perfectamente el día que se hizo público este estudio. En el grupo de chat de mis amigas de la universidad me preguntaron si esta noticia era real. Me sorprendió que la primera cuestión que saliera a relucir fuera esa, la realidad.
Supongo que la cotidianeidad consigue que la afectación que tiene la precariedad sobre nuestras vidas no esté tan presente en quienes nos rodean. Se desconocen los datos que, por ejemplo, aportaba en 2022 un estudio de la UNESCO: una parte importante de la financiación del sector artístico no proviene de subvenciones ni de inversión privada. Proviene del trabajo no remunerado de los propios artistas.
'Hasta aquí hemos llegado, para qué han servido tantos años de trabajo como burras', es un mantra que aparece en algún momento de la temporada. Cada año
Sé que hablo desde el privilegio, porque a pesar de la precariedad, el lugar del que proceden todos mis ingresos es el de mi oficio. Pero sigo estando muy lejos de ese 7% de artistas que gana más de 30.000 euros anuales. Y cada temporada, en mi compañía, como en otros proyectos independientes, pasamos unas semanas en el abismo pensando que esto que hacemos y como lo hacemos no tiene continuidad. "Hasta aquí hemos llegado, para qué han servido tantos años de trabajo como burras", es un mantra que aparece en algún momento de la temporada. Cada año.
Esta sensación se acentuó con la pandemia. Nos vimos obligadas a parar. Muchas producciones se quedaron por el camino. Con los teatros cerrados se acumularon los espectáculos por estrenar y girar y el sector cambió, probablemente, para siempre.
Cuando fue volviendo la normalidad, las compañías independientes (las de reciente creación y las históricas) vimos como nuestros espacios de exhibición se habían acotado.
Obviamente, esto no responde solo a lo que ocurrió durante la pandemia con los teatros cerrados, es mucho más complejo y hay que tener en cuenta otras cuestiones relacionadas con el funcionamiento del mercado. Pero la realidad es que, desde ese momento, se acentuaron las desigualdades entre las grandes producciones y las demás.
Hace poco más de un año conocimos que varios festivales de música en España estaban sostenidos por el fondo proisraelí KKR.
La llegada de este grupo de inversión y de otros al mundo de la música y del audiovisual está relacionada con el artículo 39.7 de la Ley del Impuesto sobre Sociedades que permite a las empresas inversoras de cualquier sector beneficiarse de una desgravación de hasta el 120% de la cantidad que aporten a proyectos culturales.
Este artículo sustituye a una ley de mecenazgo que parece ser nunca va a llegar.
Muchos proyectos audiovisuales y festivales de música se están beneficiando y también, en cierto modo, está alimentando una burbuja que, como estamos viendo este verano en la música, está empezando a reventar.
Las artes escénicas, como marginales que son, van a la cola en las inversiones de capital riesgo. Pero desde hace un par de temporadas, en las programaciones de los teatros públicos, se pueden observar cómo aumentan las UTEs (Unión Temporal de Empresas) o las productoras de nueva creación con espectáculos taquilleros de caras conocidas.
Una historia romántica de vida
Ver más
¿Crecerá una burbuja en las artes escénicas gracias a la rentabilidad fiscal de estas empresas? ¿Seguirá creciendo la desigualdad en el sector entre los proyectos condenados a la precariedad y los que inician una gira anual a riesgo casi cero?
No lo sé. Pero por si acaso yo ya he pedido cita a mi terapeuta.
*María San Miguel es una actriz, dramaturga, directora de escena, productora de teatro y empresaria teatral española, galardonada con el Premio El Ojo Crítico en 2025.