Elecciones 20-D

Italia: los efectos del contrato único de Renzi que inspira a Ciudadanos

El Senado aprueba la reforma electoral promovida por Renzi

Belén Alarcón

El contrato único es una de las principales propuestas de Ciudadanos de cara a las elecciones generales del próximo 20 de diciembre y su apuesta más firme para intentar acabar con la precariedad laboral. Los nuevos contratos serían por definición indefinidos, con un sistema de indemnizaciones crecientes conforme a la antigüedad del trabajador en la empresa. Albert Rivera ha mencionado en más de una ocasión como ejemplo la reforma laboral, con el contrato único en el centro, del Gobierno de Matteo Renzi, líder del centroizquierda italiano.

En Italia, en medio de protestas y una dura oposición capitaneada por el principal sindicato, la CGIL (Confederación General Italiana del Trabajo), y por la vieja guardia del partido del propio Renzi, el Partido Democrático, se consiguió aprobar una reforma laboral –un conjunto de normas sobre el trabajo conocido como Jobs Act– destinada cambiar la tendencia de un mercado de trabajo rígido y a impulsar la creación de empleo.

Según Marco Proietti, abogado laborista del estudio Gfplaw y articulista del portal Diritto 24 del periódico económico Il Sole 24 Ore, “con la entrada en vigor de la reforma, el legislador ha cambiado de ruta respecto a los 40 últimos años de derecho del trabajo en Italia, proporcionando una protección blanda a los trabajadores y simplificando la salida de la empresa”. Para el responsable nacional del mercado de trabajo de la CGIL, Corrado Ezio Barachetti, “los contratos de trabajo, aunque sean a tiempo indeterminado, son ahora más precarios”. Y añade: “Esto comporta una mayor inseguridad y consecuentemente una menor calidad en la producción”.

El paro cae en Italia, pero ¿por qué?

Los números del Instituto de Estadística italiano (ISTAT) publicados en los últimos meses satisfacen al joven primer ministro italiano. A la luz de las cifras oficiales de los últimos meses, se puede afirmar que el mercado laboral del país transalpino ha empezado a despertar. Este viernes 30 de octubre los datos de empleo relativos al mes de septiembre mostraban una tasa de paro que volvía a decrecer hasta situarse en el 11,8 por ciento, el mejor dato desde enero de 2013. La tasa de desocupación ha disminuido en un punto porcentual en un año y es un 0,7 por ciento más baja desde marzo de 2015, momento en el que entra en vigor el contrato único.

Sin embargo, en la otra cara de la moneda están los datos de ocupación, que muestran cómo la recuperación del mercado de trabajo es todavía volátil. Después de tres meses de crecimiento de la cifra de ocupados (+166 mil entre junio y agosto), en septiembre el número de personas con un trabajo disminuyó un 0,2 por ciento (-36 mil personas). La caída de la ocupación y al mismo tiempo de la desocupación en el mes septiembre se debe al aumento del número de inactivos en un 0,4 por ciento (53 mil más). Es decir, personas que no tienen un trabajo pero tampoco lo buscan y, por lo tanto, no forman parte del grupo de parados. Este dato explicaría la caída del paro en septiembre. No obstante, la ocupación ha crecido en el último año en 192 mil personas y esto ha sido motivo suficiente para desencadenar la alegría de Renzi tras conocer los datos, que escribía en su perfil de Facebook: “El Jobs Act ha restaurado la credibilidad a nivel internacional y, sobre todo, ha creado oportunidades y puestos de trabajo estables”.

En cuanto a eso, a los contratos estables, los últimos datos de la Seguridad Social reforzaban al Gobierno italiano en la idea de que están haciendo bien las cosas. Las cifras muestran cómo en los ocho primeros meses de 2015 los contratos indefinidos han aumentado un 34,6 por ciento respecto a 2014, produciéndose alrededor de 300 mil contrataciones estables más. Pese a esto, el número de ceses de contratos indefinidos es un 2,2 por ciento más alto en 2015. Paralelamente, en ese periodo, se han realizado 465.408 contratos a tiempo determinado (2.288.543 nuevos - 1.823.135 ceses), mientras que el neto de contratos indefinidos ha sido de 91.663 (1.164.866 nuevos – 1.073.203 ceses).

Pero el aumento de las contrataciones estables no se explica sólo por el contrato único, que entró en vigor el pasado 7 de marzo. Desde enero, los empresarios italianos que realizan nuevos contratos indefinidos obtienen bonificaciones en las cotizaciones sociales durante los primeros 36 meses, con un límite de 8.060 euros al año. En los Presupuestos Generales para 2016 (recientemente aprobados por el Gobierno, firmados ya por el presidente de la República y listos para su discusión parlamentaria), se prevé de nuevo este alivio impositivo para las empresas, con un tope 3.250 euros al año para cada nuevo trabajador contratado y durante un máximo de dos años. Entre las propuestas de C's se contemplan también bonificaciones en las cotizaciones de la Seguridad Social, en este caso a las empresas que despidan menos.

Los incentivos a la contratación fija han tenido un efecto positivo y algunos empresarios, sobre todo los pequeños, se preguntan si podrán mantener las contrataciones una vez se hayan terminado estas deducciones. De hecho, según datos de agosto de la Seguridad Social italiana, el 56,1 por ciento de los contratos indefinidos realizados son fruto de las exenciones previstas en los Presupuestos. “Hay que tener presente que los nuevos puestos de trabajo estables creados a día de hoy son 90.000, esto significa que los restantes son fruto de transformaciones de contratos realizados gracias a copiosos incentivos”, sostiene el responsable de mercado de trabajo de la CGIL, que añade: “Si por simplificación y flexibilidad entendemos haber concedido a los empleadores menos obligaciones contractuales y menos normas que protegen a los trabajadores, por desgracia sí se ha cumplido el objetivo de flexibilizar el mercado”.

¿Cómo funciona este tipo de contrato?

En el caso italiano, los nuevos contratos indefinidos con indemnizaciones crecientes establecen una reparación en caso de despido, no sujeta a cotizaciones sociales, de dos meses por año trabajado. Y fija dos límites: la cuantía no puede ser inferior a cuatro meses y superior a 24 mensualidades. O lo que es lo mismo, si te despiden durante el primer o el segundo año la reparación será como máximo de cuatro mensualidades, si te despiden después del tercero, serán seis y así hasta llegar a 12 o más años trabajados y a la indemnización máxima de 24 meses. Todos los años trabajados por encima de 12 no contarán en el marcador de un hipotético resarcimiento económico.

Hay que destacar además que en el modelo italiano no se han eliminado por completo los contratos a tiempo determinado, aunque sí se han modificado y limitado: nunca podrán ser superiores a 36 meses y no se podrá contratar a más del 20 por ciento del personal de manera temporal (excepto en pequeñas empresas con menos de cinco empleados).

La reforma laboral trajo además bajo el brazo la eliminación del artículo 18 del Estatuto de los Trabajadores, que hacía prácticamente imposible el despido improcedente. Un artículo que ya intentó suprimir Silvio Berlusconi en 2002 y que fue contestado con una gran manifestación organizada por la CGIL a la que acudieron cerca de tres millones de personas.

A través de este artículo, en caso de cese por causa justa o causa objetiva (una empresa en crisis, por ejemplo), si el juez determinaba la ilegitimidad del despido –y hay que subrayar que el juez fallaba en la mayoría de los casos a favor del empleado– el trabajador tenía derecho al pago de una compensación por valor de todas las mensualidades desde la fecha del despido hasta la reincorporación. Un proceso que, según el abogado Proietti, podía durar de media cinco años. “Obviamente se trataba de un defecto que va ligado a la lentitud de los procesos en la justicia italiana”, asegura el experto. Por su parte, en caso de despido disciplinario ilegítimo, la indemnización era de 12 meses como mínimo y 24 como máximo, sin reincorporación.

Actualmente, con la reforma del Gobierno Renzi, solo se aplica la tutela real, es decir, la readmisión del trabajador en su puesto de trabajo, en los casos de despido por discriminación y despido verbal. El resto de situaciones tuteladas anteriormente por el mencionado artículo 18 se rigen ahora por las reglas del Jobs Act, por lo que el trabajador obtendrá como máximo 24 meses de resarcimiento. Si se compara la situación precedente con la actual puede verse que ahora un empresario, liberado de las cadenas del artículo 18, puede despedir con mayor facilidad, consiguiéndose una mayor flexibilidad de salida.

Con este nuevo marco, las coberturas sociales por desempleo deben jugar un papel más importante para acompañar al trabajador hasta su próximo trabajo o hasta la jubilación. La reforma laboral italiana es más generosa respecto a las reglas anteriores en cuanto a duración y máxima cantidad percibida. La cosa se simplifica empezando por los requisitos de acceso al subsidio: mientras antes era necesario un año de contribución durante el último bienio, ahora hay que demostrar 13 semanas de trabajo durante los últimos cuatro años y 30 días durante los 12 meses precedentes. Desde mayo, la ayuda se percibe durante un máximo de 24 meses, aunque se reducirá a partir de 2017 en 78 semanas (18 meses). Antes, con la llamada reforma Fornero (recordaremos a la ministra que le da nombre por sus lágrimas tras anunciar el aumento de la edad de jubilación), un desocupado menor de 50 años podía percibir la ayuda del Estado durante 10 meses (12 para los mayores de 50 años y 16 para aquellos con más de 55). Además, con el nuevo subsidio, la cantidad máxima asciende a 1.300 euros al mes, mientras que antes el tope era de 1.195 euros (cifra de 2014).

Los expertos aseguran que para crear empleo de manera sostenida no bastará con esta reforma laboral o, especialmente, con unos incentivos fiscales a las empresas para contratar que algún día finalizarán, sino que es necesario un plan industrial y una estrategia de mercado bien definida. Sostienen que la verdadera creación de empleo tendrá lugar cuando la economía crezca a buen ritmo (el FMI estima que el PIB italiano será del 0,8% en 2015 después cerrar 2014 con un -0,4%) y las pequeñas y medianas empresas que forman la mayor parte del tejido industrial italiano (al igual que el español) tengan la capacidad económica suficiente y real de contratar a más empleados.

La caída de la ocupación en septiembre después de una tendencia positiva en los últimos tres meses invita a la prudencia a la hora de valorar los efectos de la reforma laboral y del modelo de contrato único tras siete meses después de su implantación.

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