GUERRA EN EUROPA Economía de guerra

Cuando el trigo se convierte en oro: el pan sube un 4,4% en España en abril y el hambre amenaza a África

Campo de trigo en Franquesas del Vallés (Barcelona).

Comienza la cosecha del trigo en Andalucía, pero los precios de los cereales, contraviniendo la lógica capitalista que debería bajarlos al crecer la oferta, siguen en máximos históricos. La escalada en la que están inmersos desde hace dos años, y que se recrudeció con la guerra en Ucrania, no frena. Este último mes, la cotización del trigo blando –el utilizado para hacer pan y alimentar al ganado– en España subió casi un 6% y llegó a alcanzar un máximo esta misma semana de 406,35 euros la tonelada, según los registros de la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (Accoe). La cebada se apreció casi un 5% –386,5 euros– y la avena, un 4,4%. El maíz rozó los 384 euros la tonelada tras encarecerse casi un 2,5%.

La salida de las cosechadoras en el hemisferio norte no consigue sosegar un mercado “muy nervioso” y abonado al miedo, pero también “muy dispuesto a utilizar cada noticia [sobre la guerra y los problemas de producción] como razón, o excusa, para mantener los precios altos”, advierte Jorge de Saja, director general de la Confederación Española de Fabricantes de Alimentos Compuestos para Animales (Cesfac). Hay confusión, subraya, pero también especulación.

Ambos factores explican que desde julio 2019 los precios del trigo, el maíz, la cebada y la avena se hayan duplicado en España. Desde julio de 2021, han aumentado más de un 77%. Y casi la mitad de esa subida se ha producido desde enero.

El 24 de febrero, Rusia bloqueó las exportaciones de cereales de Ucrania en los puertos del Mar Negro, hasta ahora uno de los principales productores y exportadores mundiales: el quinto de trigo, el cuarto de maíz, el primero de girasol… La mitad del maíz que exporta el país eslavo se lo compra la Unión Europea. Junto con Rusia, Ucrania suministra el 38% de las exportaciones mundiales de trigo.

El temor a la falta de materia prima y a la consiguiente subida de los precios forzó la búsqueda de proveedores alternativos. España, que consume más cereales de los que produce, empezó enseguida a comprar maíz en Estados Unidos, un millón de toneladas, y un poco menos en Argentina y Brasil. El Gobierno también permitió la siembra de girasol, necesario para la alimentación del ganado, en terrenos hasta ahora obligados al barbecho por las normas de la UE. Los precios empezaron entonces a relajarse “un poco”, admite Jorge de Saja, pero no todo lo que debían, en parte por culpa de la huelga del transporte en marzo. Finalmente, con la cosecha a las puertas, irrumpió una prematura ola de calor que mermará la producción. “Perderemos entre un 10% y un 15% de la cosecha”, lamenta José Manuel Álvarez, secretario general de Accoe. Ahora el mercado está pendiente de los termómetros en Castilla y León, la principal región productora española, que no debería sacar las cosechadoras al campo hasta julio, pero que ya piensa en adelantar la siega por las altas temperaturas. La cosecha de cereal en España va a ser mala, y en Castilla y León también, y no va a cubrir los elevadísimos costes de producción que tenemos, especialmente en las provincias más castigadas y que peor cosecha tienen como León, Zamora y Salamanca”, alertó este viernes el responsable de la patronal agraria Asaja en Castilla y León, Donaciano Dujo, informa Europa Press. “La sequía de mayo”, abundó, “se ha llevado por delante las expectativas”.

Con todo, el escenario puede oscurecerse aún más. Francia sufre la peor sequía de su historia, advierte José Manuel Álvarez. En Marruecos se ha perdido el 70% de la cosecha de trigo. El Gobierno de EEUU prevé que la producción nacional de trigo caiga por primera vez en cuatro años. Mientras, en Ucrania, la guerra echará a perder el 35% de la suya. Según el Consejo Internacional de Cereales (IGC), la de China también va a recortarse un 1,4%. En resumen, la producción mundial de cereales va a caer un 1,75% este año: un 1,54% la de trigo y un 2,47% la de maíz. Con una menor oferta, los precios seguirán subiendo. Y el consumo se reducirá. El IGC calcula que sufrirá su primer descenso desde 2015. Las exportaciones se recortarán casi un 3%.

Crisis de precios en España, hambre en África

En cualquier caso, España, apunta Jorge de Saja, no va a dejar de fabricar alimentos ni de alimentar al ganado. “Pero, ¿a qué precios?”, se pregunta. El problema, y muy serio, lo tendrán en el norte de África. Egipto, el mayor comprador de cereales del mundo, depende al 100% del trigo que les suministraban Ucrania y Rusia, resalta José Manuel Álvarez. A Marruecos también le vendía Francia, pero la sequía gala puede mermar su capacidad exportadora a la antigua colonia. “La crisis alimentaria que se avecina, y que en algunos países africanos ya está presente, tendrá proporciones gigantescas y unas consecuencias humanitarias terribles”, advirtió el presidente italiano, Mario Draghi, tras llamar al líder ruso, Vladímir Putin, este jueves. Le pidió que liberara el cereal bloqueado en Ucrania. Putin contestó que lo hará si Occidente levanta las sanciones a Rusia. En ese país, las condiciones meteorológicas han sido buenas y la cosecha será excelente, de acuerdo con las previsiones de la FAO. Los intentos de Ucrania para exportar parte de su grano a través de Polonia, por ferrocarril, no le han permitido más que sacar cantidades pequeñas.

Draghi, dice Jorge de Saja, está mirando con el rabillo del ojo hacia Libia, que vive instalada en el caos político desde la caída de Muamar el Gadafi en 2011. Y nadie olvida que el alza de los precios de los alimentos fue uno de los detonantes de la primavera árabe, las protestas que entre 2010 y 2012 se extendieron por el norte de África y Oriente Próximo y expulsaron del poder a los dirigentes de Túnez, Libia, Egipto y Yemen.

En España, pese a los suministradores alternativos, los precios de los cereales no han dado tregua. “La situación no justifica unos precios tan altos”, protesta Jorge de Saja. Javier Alejandre, técnico de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), concede que las medidas se tomaron quizá “demasiado tarde” y que el efecto de las siembras adicionales permitidas no se verá hasta la próxima campaña. De forma que sólo en abril el pan y los cereales han subido un 4,4%. Un 7,9% desde enero. Y un 12,1% en los últimos 12 meses, según las estadísticas con las que el INE elabora el Índice de Precios al Consumo. Desglosado ese aumento de precio, resulta que la harina ha subido mucho más: un 9,12% en abril y un 17,2% desde enero. En un año, nada menos que el 23,2%. En abril, se han encarecido más los bollos, un 6,5%, que el humilde pan, un 3,8%. Pero la pasta, que se elabora con trigo duro, más escaso y más caro, ha aumentado un 25% en el último año.

El director general de la asociación que agrupa a los fabricantes de piensos reconoce que no les ha quedado más remedio que trasladar el alza del precio de los cereales a sus productos. “No todo, pero sí una buena parte, lo que se puede”, apunta sin precisar más. La subida del alimento para los animales es un coste más para el ganadero que éste, a su vez, repercute en la leche o la carne. Según las últimas cifras publicadas por el Ministerio de Agricultura, los piensos compuestos se han encarecido entre un 19% y un 25% en lo que va de año. Así que, en abril, la carne de vacuno ha subido un 3,6% de precio, la de cerdo y pollo –consumidores intensivos de pienso–, aún más, un 5,9% y un 6,7%, respectivamente, mientras que la leche se ha encarecido un 2,4%.

Pugna entre soberanía y calidad alimentarias

Cómo evolucionen los precios dependerá no sólo de la meteorología y la inminente cosecha, sino también de si Putin desbloquea el cereal ucranio. Aunque parece poco probable que Occidente acceda a aflojar las sanciones mientras intenta liberarse de su dependencia de la energía rusa. “Los consumidores hemos dado por sentado que la cadena alimentaria funciona a precios razonables y es inmune a todo, pero deberíamos reflexionar si no hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades alimentarias y si podemos permitirnos un sistema de alimentación maravilloso, que responda a las más altas exigencias de sostenibilidad y, además, barato”, se plantea Jorge de Saja.

José Manuel Álvarez cree que la capacidad de acción de España y Europa es limitada porque no tienen muchas posibilidades de producción. “No hay más tierra, a diferencia de Brasil, que está extendiendo los cultivos por la Amazonia”, explica. A su juicio, la única solución es investigar en producciones transgénicas para conseguir variedades de cereal con mayores rendimientos. Una dura pugna, pues, entre soberanía y calidad alimentarias.

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