PERFIL

Alejandro Betancourt, el protegido de Trump para hacerse con el petróleo de Caracas

Alejandro Betancourt.

Donald Trump y Alejandro Betancourt estaban llamados a unir sus destinos. Dos magnates sin escrúpulos asociados en el gigantesco negocio del petróleo. Si el mandatario estadounidense buscaba un hombre de paja criollo para hacerse con las reservas de crudo de Caracas, parece haber encontrado al empresario apropiado. Betancourt ha sido elegido por la Casa Blanca para explotar los 17 yacimientos petrolíferos que el diligente Gobierno de Delcy Rodríguez le ha cedido a Estados Unidos en una opaca transacción que confirma la condición de Venezuela como protectorado de Washington.

North American Blue Energy Partners (Nabep), la próspera empresa de Betancourt, con sede en Barbados, ha logrado en sólo un par de años pisarle los talones al gigante Chevron en Venezuela. Es ya la segunda productora de petróleo, con unos 200.000 barriles diarios. Esa es una de las razones esgrimidas por el Departamento de Estado para fichar a su director ejecutivo como intermediario de lujo en la gran operación comercial que le asegura a Estados Unidos la concesión de la quinta parte de las reservas petroleras del país caribeño durante cien años.

En un comunicado de Nabep publicado en su página web, Betancourt celebraba así el pacto: “Venezuela cuenta con abundantes recursos naturales, gente trabajadora y un potencial sin explotar. Esta transacción liberará ese potencial para gran beneficio tanto de venezolanos como de estadounidenses (…) Esperamos con entusiasmo ser pioneros en un camino nuevo y prometedor”.

Betancourt está bajo investigación judicial en Suiza y España por un presunto delito de blanqueo de capitales procedentes de PDVSA, la petrolera estatal venezolana, de la que se habrían desviado 4.850 millones de dólares gracias al soborno de varios funcionarios. La respuesta de Marco Rubio, canciller plenipotenciario de Trump, cuando se le preguntó por las sospechosas credenciales del empresario, fue antológica: “No tiene procesos abiertos en Estados Unidos”. Algo parecido ha dicho Delcy Rodríguez al recordar que los cargos que pesaban sobre él en Venezuela fueron sobreseídos hace años.

“Muchas veces una persona es juzgada en los medios antes que en los tribunales”, sentenció la presidenta encargada en una comparecencia celebrada hace unos días en Caracas junto al secretario de Energía estadounidense, Christopher Wright, quien también elogió a Betancourt: “En los negocios, cuando escoges un socio, no se trata de quién dice lo correcto. Se trata de quién ha demostrado su habilidad para dar resultados. Nabep ha demostrado una trayectoria muy exitosa de producción de grandes volúmenes de petróleo en Venezuela”. Pero no hace tanto tiempo en 2020 el hermano de Delcy, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, lo describió como un corrupto al servicio de los intereses de la oposición.

El pelotazo eléctrico

Nacido en Caracas en 1980 en el seno de una familia acomodada, Alejandro Betancourt López estudió en el instituto Cumbres de la capital venezolana, un colegio privado religioso donde conoció a jóvenes de familias adineradas con los que luego emprendería sus primeros negocios. Tras cursar estudios de Economía en la Universidad de Suffolk, en Boston, su ascenso social llegó de la mano de uno de sus compañeros del instituto, Javier Alvarado, hijo del presidente de la compañía eléctrica estatal.

Alejandro se vio pronto cegado por una luz, pero no divina sino puramente crematística. Ambos amigos y algunos socios más se presentaron en sociedad y obtuvieron jugosos contratos entre 2009 y 2011 para construir una docena de plantas eléctricas en plena crisis. Formaban parte del grupo de los denominados bolichicoslos aprendices de empresarios que hicieron fortuna durante los gobiernos bolivarianos de Chávez y Maduro. Según Transparencia Venezuela, los contratos firmados por su empresa, Derwick Associates, registraron un sobreprecio de 2.900 millones de dólares. Más tarde, Betancourt se embarcaría en el negocio petrolero al hacerse con parte del accionariado de la compañía Petrozamora para explotar yacimientos en el lago Maracaibo.

Tras el pelotazo energético, Betancourt diversificó sus negocios y probó suerte en Europa. En España se haría en 2016 con la compañía de gafas de sol Hawkers. Cuenta también con inversiones en los sectores inmobiliario, tecnológico y bancario. Entre sus propiedades en España se encuentra la finca de El Alamín, en la provincia de Toledo, con castillo incorporado. Según Transparencia Venezuela, posee un entramado societario de una veintena de empresas activas en varios países.

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Pero entre las razones de la Casa Blanca para elegir al empresario caraqueño como socio preferente en Venezuela no figura sólo su pretendida habilidad para los negocios. Rubio recordó recientemente cómo Betancourt, que nunca tuvo afinidad política con el chavismo, “apoyó mucho a la oposición”, y mencionó la estrecha relación entre el magnate y el exdirigente político Juan Guaidó, quien en su día fue reconocido por Washington y la Unión Europea como presidente legítimo de Venezuela. El líder opositor protagonizó en 2019 un intento de golpe de Estado fallido contra Maduro. Betancourt, primo de otro de los instigadores de ese golpe, Leopoldo López, habría financiado a este sector radical de la oposición.

Gracias a esa apuesta política por la derecha venezolana más recalcitrante, Betancourt fue tejiendo contactos en Washington, donde se le abrieron las puertas de la mano de Mauricio Claver-Carone, miembro del Consejo de Seguridad Nacional durante el primer mandato de Trump y asesor presidencial sobre Venezuela hasta hace poco. Sus nuevos protectores del entorno de la Casa Blanca le han ayudado a sortear las investigaciones judiciales que todavía siguen vivas en Suiza y España. Según una investigación de The Washington Post, funcionarios estadounidenses, entre ellos la entonces fiscal general Pam Bondi, habrían presionado hace unos meses a Suiza para que congelara la solicitud de extradición al Reino Unido, donde tiene residencia Betancourt, en el marco de las investigaciones. La orden quedó revocada en mayo. De ese modo, Betancourt pudo viajar a Estados Unidos y cerrar los flecos del acuerdo petrolero con Trump.

Este tycoon caribeño ha sabido caminar siempre por arenas movedizas. Caracas lo amnistió por sus pecados del pasado y le permitió explotar yacimientos petrolíferos. Y Washington pensó en él para que representara el papel de mediador entre la Casa Blanca y Delcy Rodríguez durante el ataque armado del 3 de enero y el secuestro de Maduro. Según el portal Axios, muy próximo a la Administración Trump, Betancourt habría convencido a Delcy ese mismo día para que hablara con Rubio y aceptara el nuevo statu quo bajo el que ella sería ungida presidenta interina.

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