'Caso Epstein', el escándalo que socava monarquías y tumba ministros en Europa pero no erosiona a Trump

Donald Trump, Jeffrey Epstein y el expríncipe Andrés sobre las banderas de Estados Unidos y la Unión Europea.

Aunque comparten sistema económico, organizaciones internacionales de todo tipo y en muchas ocasiones hasta un idioma, Europa y Estados Unidos siguen siendo dos sociedades con tradiciones políticas, estructuras sociales y culturas públicas notablemente distintas. 

El caso Epstein así lo demuestra. Mientras que en el viejo continente se sucede una dimisión tras otra si sale a la luz que algún alto cargo político ha estado involucrado en algún tipo de negocio con el pederasta, al otro lado del Atlántico, Donald Trump sigue siendo presidente de su país a pesar de conocerse, desde hace tiempo, que en un pasado fue amigo íntimo de Jeffrey Epstein. Su relación fue estrecha en la década de los 90 y a principios de los 2000. En un juicio de un asociado del pederasta se ofrecieron registros de que el actual presidente norteamericano había viajado en numerosas ocasiones en el avión privado de Epstein.

¿Por qué existe esta diferencia tan grande? Diego López Garrido, exsecretario de Estado para la Unión Europea y director de la Fundación Alternativas, tiene claro que en Europa “se lo toman mucho más en serio” que en el país americano y, en conversación con infoLibre, expone una de las razones: "Trump puso barreras que dificultan la investigación sobre él mismo. En Europa no existen estas barreras". Para López Garrido, los papeles revelados por el Departamento de Justicia de EEUU “han adquirido una categoría global”.

El país de la “conspiranoia” 

La realidad es que, en lo que respecta a este asunto, en el entorno de Trump reina la paz. No parece importarle que el movimiento MAGA (Make America Great Again), la idea xenófoba con la que llegó a la presidencia en 2016, le dé ahora la espalda por despreciar los papeles de Epstein. Y ha pasado página de los cruces de insultos y reproches entre Trump y Marjorie Taylor Greene, una de las grandes aliadas republicanas del movimiento, por no tratar estos nuevos archivos con la insistencia que había prometido durante la campaña electoral de las últimas elecciones de 2024.

Su Administración ha tenido que desvelar miles de documentos relacionados con la investigación sobre Epstein, en los que se cita a Trump, para cumplir una ley forzada por los demócratas y aprobada casi por unanimidad en el Congreso estadounidense. Pero el líder norteamericano continúa a lo suyo y no tiene intención de dar explicaciones sobre sus vínculos con el pederasta.

Esta manera de hacer frente a una crisis puede resultar extraña en Europa, pero en EEUU es una forma de actuar que viene de lejos. Jaime Caro, experto en alt-right e investigador en la Universidad Autónoma de Madrid, explica a infoLibre que todo está relacionado con la “conspiranoia” que envuelve a la sociedad estadounidense. “En EEUU hay una base cultural sobre las conspiranoias. Les encantan”, asegura Caro citando el conocido ejemplo del asesinato de Kennedy y el misterio que lo rodea. 

Estaríamos, por tanto, ante una cultura política en la que los escándalos se leen como parte de grandes tramas ocultas, lo que facilita que casos como el de Epstein se conviertan en terreno fértil para teorías de encubrimiento masivo, redes secretas y luchas entre élites. Y las responsabilidades quedan diluidas en medio de tanta conspiranoia. El caso Epstein incluye elementos que alimentan fácilmente ese imaginario: un millonario con conexiones con políticos, empresarios y celebridades; una red de abusos sexuales a menores; documentos judiciales parcialmente desclasificados; y una muerte en prisión oficialmente declarada como suicidio pero rodeada de irregularidades.

El investigador reconoce que esta sensación se ha venido haciendo más grande desde la entrada en el tablero de actores como el movimiento MAGA y polémicas como el Pizzagate, una teoría que venía a decir que el Partido Demócrata estaba conectado con una red de tráfico de personas y abuso sexual infantil. Todo esto ocurrió pocos meses antes de las elecciones presidenciales de 2016, las primeras que ganó Donald Trump.

Caro también alerta sobre la llegada de este pensamiento a España. El impacto de la ultraderecha, de la alt-right, “se está empezando a ver en España con algunos programas de televisión como Horizonte o Cuarto Milenio, de Iker Jiménez”. El experto insiste en lo peligroso de este discurso e identifica muchas similitudes entre lo que expone Jiménez actualmente en sus programas con “los marcos de la ultraderecha estadounidense de 2017 a 2018”, que ya hablaban del Caso Epstein y trataban temas como las vacunas o el cambio climático desde el punto de vista negacionista.

La brecha en el laborismo británico

No estaba siendo el mejor momento de Keir Starmer políticamente y el caso Epstein aún lo ha hundido más. Tras varios meses a la deriva –ganó las elecciones en julio de 2024 con un 34% de apoyo y ahora apenas sumaría un 19% y podría ser hasta cuarta fuerza según las últimas encuestas–, el Gobierno laborista británico ha sufrido un revés más. 

Tres personas cercanas al primer ministro han dimitido o sido destituidas tras conocerse sus vínculos con Jeffrey Epstein. Chris Wormald, secretario de gabinete del primer ministro británico; Morgan McSweeney, principal asesor de Starmer; y Peter Mandelson, exministro laborista.

Tras estas salidas, el líder de los laboristas en Escocia, Anas Sarwar, ha ido un poco más allá y ha pedido también la dimisión del propio Keir Starmer. Esta iniciativa se puede leer en clave electoral, ya que los escoceses deberán votar el próximo 7 de mayo en los comicios parlamentarios y la previsión indica que el partido de Sarwar no mejorará su ya escaso 18% obtenido en 2021, cuando se celebraron las últimas elecciones para el Parlamento de Escocia.

Quien va a recoger el voto protesta de los laboristas es el Reform UK, de Nigel Farage. “Un partido populista en la estrategia, que nunca ha gobernado y que utiliza el discurso antielitista de la ultraderecha”, asegura Jaime Caro. Un partido que copia los patrones políticos de Donald Trump y que recibirá votos tras destaparse que políticos laboristas se juntaban con Epstein, íntimo amigo del líder estadounidense.

Un caso que afecta hasta a las monarquías 

También en Reino Unido, el escándalo ha llegado hasta el órgano más poderoso del país: la familia real británica. El expríncipe Andrés, hermano del actual rey Carlos III, fue detenido esta semana durante más de 11 horas por la policía por facilitar al pederasta americano documentos sensibles cuando el expríncipe era enviado especial del Reino. 

Ya en los últimos meses se habían filtrado fotografías de Andrés con mujeres y mensajes con el empresario sobre “enviar” a jóvenes a pasar la noche con él. "Tras una evaluación exhaustiva, hemos abierto una investigación sobre esta acusación de mala conducta en un cargo público", puntualizó la policía británica en una nota.

Carlos III, que ya había apartado a su hermano de algunos cargos y lo había obligado a abandonar la mansión de Royal Lodge, estableció tras conocer la detención del expríncipe que “la ley debe seguir su curso" y que la continuación de la investigación es un "proceso completo, justo y adecuado mediante el cual este asunto será investigado de la manera apropiada y por las autoridades competentes".

Y de una familia monárquica a otra. En Noruega también ha tenido que salir a dar explicaciones la princesa heredera, Mette-Marit. En este caso no para condenar la aparición de un familiar en el Archivo Epstein, sino porque era ella misma la que aparecía en más de mil ocasiones en los papeles publicados. “Lamento profundamente haber tenido cualquier tipo de contacto con Epstein. Es simplemente vergonzoso”, ha expresado la heredera al trono noruego.

En el país escandinavo las polémicas relacionadas con el empresario estadounidense no se quedan solo en el entorno de la monarquía. La hasta ahora embajadora del país en Jordania e Irak, Mona Juul, ha dejado su puesto tras conocerse su vinculación con Epstein. El ministro de Exteriores, Espen Barth Eide, es quien le ha pedido que abandone el cargo al considerar los hechos como “una grave falta de juicio".

El rechazo general de la comunidad europea ante los vínculos con Epstein

Francia, Eslovaquia o España son algunos de los países que también han sido salpicados por el caso Epstein. La desclasificación de los documentos ha señalado a diplomáticos, asesores de políticos e incluso expresidentes de Gobierno.

Fabrice Aidan es un francés que aparece en más de 200 archivos relacionados con el financiero americano y que ya había sido investigado en Estados Unidos en 2013 por haber visto pornografía infantil. La polémica ha llegado a tal punto que hasta el jefe del Estado francés, Emmanuel Macron, salió a expresar su enfado por no conocer “antes” y con “claridad” lo que había ocurrido con este diplomático.

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En el país galo también se ha señalado a la familia Lang. Mediapart reveló que la hija de Jack Lang, ex ministro de Educación y Cultura en gobiernos socialistas y hasta hace nada responsable del Instituto del Mundo Árabe, fundó una sociedad en las Islas Vírgenes con Jeffrey Epstein.

Mientras que en Eslovaquia, un asesor de seguridad nacional del primer ministro, Robert Fico, tuvo que dimitir, en España se ha vinculado, y se han pedido explicaciones, al expresidente del Gobierno Jose María Aznar al aparecer un pago de Epstein a su nombre. 

La desclasificación de los papeles de Epstein ha supuesto un terremoto político y social en los países europeos por la implicación de distintas personalidades con el pederasta. Entre tanto, en Estados Unidos, Trump sigue con su agenda como si nada hubiera ocurrido, mirando por encima del hombro lo que sucede en Europa.

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