Rusia intensifica su guerra híbrida contra Europa con drones y sabotajes para erosionar el apoyo a Ucrania
Ante el estancamiento de la invasión rusa de Ucrania, Europa se enfrenta cada vez con más frecuencia a un desafío que no se libra con tropas cruzando sus fronteras. Drones sobre bases militares y aeropuertos, sabotajes contra infraestructuras críticas, ciberataques o incendios sospechosos forman parte de una sucesión de episodios que los gobiernos europeos y la OTAN observan con creciente preocupación y que atribuyen, en buena medida, a la estrategia de guerra híbrida de Rusia contra Occidente.
Los ataques en suelo europeo se han vuelto recurrentes en los últimos meses. Desde abril, el Sahaidachnyi Security Center, un centro ucraniano especializado en seguridad que recopila este tipo de operaciones, registra alrededor de 15 incidentes mensuales vinculados a operaciones híbridas, frente al máximo habitual de unos diez en numerosos meses desde 2024, lo que supone un incremento cercano al 50%. Solo en lo que va de año, el centro ha contabilizado 50 violaciones del espacio aéreo europeo mediante drones, aeronaves o misiles dentro de su registro de operaciones vinculadas con Rusia, frente a las 62 registradas en total entre 2022 y 2025. En algunos casos, sin embargo, la procedencia de los aparatos no ha podido determinarse con certeza.
La escalada coincide con la reciente visita a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe, que abordó con responsables rusos el riesgo de una posible agresión contra territorio de la OTAN. Por ahora, la Alianza asegura que no detecta indicios de un ataque militar ruso inminente contra alguno de sus miembros, aunque mantiene la vigilancia. El Kremlin apuesta por una estrategia mucho menos costosa con la que puede poner a prueba las defensas europeas, generar incertidumbre y elevar el precio político y económico del respaldo occidental a Kiev.
Leipzig marca un salto en la amenaza
El episodio que ha elevado todavía más la alerta europea ocurrió la noche del 4 al 5 de agosto en el aeropuerto alemán de Leipzig/Halle, uno de los grandes centros logísticos europeos y un punto utilizado para transportar material hacia Ucrania. Un dron equipado con explosivos penetró en una zona restringida y apareció junto a aeronaves de carga ucranianas. El artefacto no llegó a explotar debido a un fallo técnico.
Tras varias semanas de investigación, el Gobierno alemán atribuyó este martes el intento de ataque a Rusia. Berlín sostiene que las pesquisas policiales y de inteligencia apuntan a agentes vinculados al Estado ruso y considera el episodio parte de una campaña más amplia de sabotaje y desestabilización. Moscú ha rechazado las acusaciones y las ha calificado de provocación.
El incidente resulta especialmente relevante porque eleva un peldaño el riesgo asociado a los drones. Hasta ahora, buena parte de los episodios investigados en Europa consistían en sobrevuelos de instalaciones militares, aeropuertos o infraestructuras cuya finalidad podría ser el espionaje o poner a prueba la capacidad de reacción de las autoridades. En Leipzig, en cambio, el aparato transportaba explosivos.
Fuera de ser un caso aislado, Alemania ha registrado varios ataques en el último mes. Dos días después del incidente de Leipzig fueron detectados otros dos drones sobre una base de la Bundeswehr en Mechernich, en el oeste del país, donde se almacenan equipos militares y se reparan sistemas de defensa antiaérea Patriot. La Policía mantiene abierta la investigación y no ha atribuido públicamente esos vuelos a ningún país por el momento.
Además de las ofensivas contra las infraestructuras militares, Alemania también ha detectado un posible sabotaje contra la red eléctrica en Brandeburgo. Este martes, las autoridades localizaron varios artefactos junto a una subestación cercana a la central de Jänschwalde después de que proyectiles cargados con materiales conductores alcanzaran líneas de alta tensión y provocaran dos cortocircuitos. Uno de los bloques de la central quedó temporalmente fuera de servicio. La investigación sigue abierta y el Gobierno regional no descarta ni la participación extranjera ni la autoría de grupos extremistas internos.
El Báltico, primera línea de las incursiones
La presión es todavía más visible en el este del continente. Estonia activó en la madrugada de este martes sus alertas aéreas y la OTAN hizo despegar cazas después de detectar varios drones cerca de su frontera oriental. Uno de ellos llegó desde el espacio aéreo de Letonia hasta territorio estonio, mientras otros aparatos se desplazaban paralelos a las fronteras con Rusia. Letonia también elevó su nivel de alerta.
Sin embargo, no todos estos episodios pueden atribuirse directamente a Moscú. Algunos de los drones detectados en Estonia y Letonia han sido identificados como aparatos ucranianos que se dirigían contra objetivos en territorio ruso. Las autoridades bálticas creen que, en varios casos, pudieron desviarse por las intensas interferencias de GPS y otros sistemas de guerra electrónica desplegados por Rusia en la zona.
Esa ambigüedad forma precisamente parte del problema. Los ejércitos deben decidir en cuestión de minutos si están ante un ataque deliberado, una aeronave desviada o una consecuencia indirecta de la guerra que se libra al otro lado de la frontera.
Los datos recopilados durante los últimos meses muestran, además, que las incursiones van mucho más allá del flanco oriental. Un estudio publicado en julio por el International Institute for Strategic Studies (IISS) recopiló 144 incidentes con drones en 13 países europeos entre agosto de 2024 y febrero de 2026. Cerca del 48% se produjo sobre instalaciones militares, un 26% sobre infraestructuras críticas como puertos o instalaciones energéticas e industriales y alrededor del 18% sobre aeropuertos civiles.
El instituto considera “altamente probable” que el Kremlin haya impulsado una campaña coordinada de vigilancia con drones y apunta incluso al posible uso de barcos vinculados a la denominada flota fantasma rusa como plataformas de lanzamiento, recuperación o transmisión de señales. El propio informe advierte, no obstante, de que eso no significa que cada uno de los avistamientos pueda atribuirse individualmente a Rusia.
Europa busca cómo responder
La acumulación de incidentes está obligando a la UE y a la OTAN a adaptar su respuesta. Kaja Kallas ha anunciado la creación de un grupo formado por antiguos responsables políticos y militares europeos, con participación también de Ucrania y Reino Unido, para elaborar nuevas propuestas frente a las amenazas convencionales e híbridas de Rusia.
Bruselas trabaja, además, en nuevas sanciones. La alta representante explicó este miércoles que hay 1.600 posibles nuevas medidas relacionadas con el complejo militar ruso en preparación, mientras varios países reclaman endurecer también las actuaciones contra quienes participan en este tipo de operaciones. La UE dispone desde 2024 de un régimen específico para castigarlas que actualmente afecta a 80 personas y 20 entidades.
Alemania ha decidido asimismo cerrar el consulado ruso en Bonn, rescindir el acuerdo que ampara la Casa Rusa de Berlín, endurecer los controles de entrada de ciudadanos rusos y promover nuevas sanciones europeas tras atribuir a Moscú el intento de ataque de Leipzig. Los países del Báltico también preparan junto a Alemania una fuerza conjunta para mejorar la defensa frente a drones y acelerar el intercambio de información, mientras la OTAN continúa reforzando su vigilancia del flanco oriental.
El Gobierno alemán responsabiliza a Rusia del ataque híbrido con drones en Leipzig
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El gran desafío sigue siendo responder con suficiente contundencia sin alimentar precisamente la escalada que se pretende evitar. Los servicios europeos temen que el aumento de las operaciones vaya acompañado de una mayor tolerancia al riesgo por parte de Moscú. Un sabotaje fallido o un dron que hasta ahora provoca únicamente una alerta podría terminar causando víctimas y hacer mucho más difícil mantener esa frontera difusa entre la presión híbrida y una confrontación abierta.
Golpear sin cruzar el umbral de la guerra
Estas acciones permiten debilitar y tensionar a un adversario sin recurrir a una ofensiva militar convencional. Bruselas considera que Moscú busca sembrar inseguridad, obligar a los gobiernos europeos a dedicar más recursos a proteger su territorio y erosionar su respaldo a Ucrania. Kallas aseguró este martes que Rusia pretende amedrentar a los europeos para que reduzcan su apoyo a Kiev.
La estrategia ofrece además una ventaja económica y política. Lanzar un dron o preparar un sabotaje resulta mucho más barato que proteger miles de kilómetros de fronteras, bases militares o infraestructuras críticas, mientras las dificultades para determinar rápidamente la autoría permiten mantener estas operaciones en una zona gris entre la paz y la guerra. Con buena parte de sus recursos militares todavía concentrados en Ucrania y sin señales de una ofensiva convencional inminente contra la OTAN, este tipo de acciones capacita a Moscú para aumentar la presión sobre Europa sin cruzar el umbral de una confrontación directa.