Lo que se vende y lo que se defiende

España toma las calles, felicísima noticia. ¡Viva la participación ciudadana en la acción política! La preocupación, un tanto sobrevenida. "Ceuta no se vende, Ceuta se defiende", qué manía con los pareados. La vida está llena de sobresaltos; y un señor de Pamplona puede descubrir una mañana que nada le importa tanto como la verja del Tarajal.

¿Las ciudades autónomas? ¡Verdadera devoción! Como la historieta la atizan como tragedia (ciento cuarenta y un muertos) antes de regurgitártela como farsa ("viva España, Pedro Sánchez hijo de puta"), las tentaciones se me suliveyan. Por ejemplo, la de comparar movilizaciones.

En Madrid, fíjense, hay más concernidos por la frontera sur que por la situación inmobiliaria (datos de la Delegación del Gobierno). La gente no tendrá techo, pero más sufren los contornos de la nación. ¡Esto no se le hace a la tierra de María Santísima! ¿Qué pensarán Isabel y Fernando? La treta tiene sus ventajas, porque uno puede defender la patria sin que le importe un bledo la vida de sus compatriotas. Ay, cuánto excitan los grandes ideales a los que ya no tienen con qué excitarse.

Un señor de Pamplona puede descubrir una mañana que nada le importa tanto como la verja del Tarajal

Conste, que medio país se nos haya llenado de legionarios de braguero y rapaditos con cruces raras no quita que el Gobierno esté para que lo demuelan. Los ministros a navajazos, los espías a por uvas, los socios parlamentarios llamando al árbitro y el presidente diciendo que él también tiene derecho a descansar. ¿Y Marruecos? Nuestro más mejor amigo. A partir un piñón con el bueno de Mohamed; que será un sátrapa, pero tiene buen corazón.

Si la maniobra pretendía que la vuelta al cole fuese un sindiós, mi enhorabuena al Mosad (o quien corresponda, que de servicios secretos sé lo justo). También a los del corro de la patata, que lo mismo se ponen estupendos contra las maquinaciones de los rifeños (hola, Alberto) como declaran que en cuanto se decidan a ser presidentes… Lo primerito, té con pastas en Rabat. ¿Santiago? Que lo que diga Israel. La internacional derechosa coteja sus argumentarios: extra, extra, el socialismo alienta las invasiones bárbaras. En pocas coyunturas históricas el espantajo cotizaba tanto.

Mientras, los ceutíes se preguntarán cuántos de esos peninsulares solidarios sabrán ponerlos en el mapa. La ciudad —atestada de migrantes que no tienen dónde guarecerse, ciudadanos entre el cabreo y el pánico y más enviados especiales que los que viajaron a Sarajevo— enfila su enésima semana de instrumentalización. Esta mañana nos desayunábamos con una de esas perlas del periodismo con rostro humano. "La muerte de un invasor con diabetes y la huida de otro con varicela, últimos síntomas de la crisis sanitaria en Ceuta". Contenido exclusivo para suscriptores, me pierdo los detalles. Vuelve el belicismo, la mochila de Vallecas y la cinta de la Orquesta Mondragón. Iker, el de los marcianos, dijo anoche que orinan en botellas porque son sus costumbres; raro será que el doctor Cabrera no se presente en plató con un busto frenológico y nos explique cómo tal bollito que los negros tienen en el occipital les hace incivilizables. Yo iría poniendo guardias jurados en Covadonga, no sea que alguno quiera darle con el desfibrilador a don Pelayo. Majestad, ¡que le necesitamos!

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