“Cuando la derecha agita el avispero, salen los ultras”: las claves tras los ataques a periodistas y migrantes

Panorámica de la manifestación en apoyo a Ceuta en Madrid y un miembro de Núcleo Nacional haciendo el saludo nazi.

Aunque las protestas de este 2 de septiembre en defensa de Ceuta fueron mayoritariamente pacíficas, dejaron episodios en los que se vieron símbolos fascistas, saludos nazis y cánticos de “Cara al sol”. Sin embargo, los sucesos más graves fueron los ataques a periodistas. En Madrid, donde una concentración convocada por el grupo ultra Núcleo Nacional se desarrolló frente al Congreso, varios profesionales de RTVE fueron increpados, empujados y golpeados mientras intentaban informar entre gritos de “televisión, manipulación”. 

En Pamplona también fueron identificadas varias personas por acosar a periodistas que cubrían la concentración, entre ellas el responsable de Juventud de Vox en Navarra, Óscar Téllez; en Ceuta, varios manifestantes increparon a una mujer que intentó defender al periodista de RTVE que estaba cubriendo la manifestación.

Los incidentes de este miércoles no son más que una continuación de lo vivido en el último mes, desde que estalló la crisis humanitaria de Ceuta. En la ciudad autónoma, periodistas de La Sexta o RTVE han sido rodeados, perseguidos e increpados durante la cobertura de las protestas. A esto se suman ataques a los propios migrantes, con turbas destrozando sus precarias viviendas y pertenencias, y contra las asociaciones que les prestan ayuda, con intentos de bloquear convoyes de ayuda humanitaria y alimentos, además de insultos y amenazas por hacer su trabajo.

“La violencia de la extrema derecha no es nueva”, sostiene en conversación con infoLibre Miquel Ramos, periodista especializado en delitos de odio, que describe la pandemia de covid-19 como un “catalizador absoluto”. El confinamiento convirtió las redes en una ventana permanente hacia el exterior y permitió a la extrema derecha multiplicar la difusión de teorías conspirativas y mensajes de odio.

Después llegó Ferraz. Durante las protestas contra la amnistía de noviembre de 2023, periodistas de distintos medios sufrieron insultos, amenazas, empujones y agresiones mientras cubrían las concentraciones. Algunos tuvieron que interrumpir sus conexiones en directo y un equipo de La Sexta llegó a ser agredido durante una marcha hacia la sede socialista.

Sin embargo, el mayor punto de inflexión fue Torre Pacheco, que en julio de 2025 sirvió como un “ensayo” de lo que se está viviendo ahora, asegura Ramos. Tras la agresión a un vecino, los disturbios derivaron en ataques contra población migrante y en llamamientos ultras a una “cacería”

El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE) contabilizó 138.204 mensajes de odio entre el 6 y el 22 de julio de aquel año. El 91% de los mensajes detectados estaban dirigidos contra personas del norte de África y solo el 22% fue retirado por las plataformas. El propio informe alertó de que bulos, imágenes manipuladas y falsos comunicados fueron utilizados para promover y organizar “patrullas ciudadanas violentas”.

Según Ramos, este episodio también sirvió como una muestra de la impunidad de quienes participan en este tipo de acciones. “La gente del entorno racista, fascista y nazi tiene la sensación de que no pasa nada, de que se puede volver a intentar”, afirma. 

El relato político y las redes

Estas acciones no surgen de la nada y los expertos coinciden en que el discurso político es uno de los principales catalizadores. “Cuando la derecha agita el avispero, salen los ultras”, defiende Ramos. 

Daniel Canales, responsable de Investigación de Violaciones de Derechos Humanos de Amnistía Internacional, señala que los políticos que utilizan expresiones como “invasión” y presentan a los migrantes como una amenaza contribuyen a su deshumanización y crean un contexto en el que aumentan las posibilidades de violencia, discriminación y acoso. Lo mismo ocurre, explica, cuando se acusa a periodistas o medios de manipular o mentir: “Se convierten en otro posible chivo expiatorio”.

La otra pata en la que se sustenta esta evolución es la proliferación de los mensajes de odio y bulos en las redes sociales. Desde Amnistía Internacional advierten de que en Ceuta han circulado numerosas imágenes falsas atribuidas a la ciudad con una intención desinformativa que alimentan la tensión.

“En las redes, donde uno se oculta bajo pseudónimos o de forma anónima, se dicen cosas que, de tener que responder ante los tribunales, no se dirían”, denuncia a este periódico la presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), Carmen Riego. Sin embargo, el foco está también en los propios periodistas. “Los medios que estaban perdiendo credibilidad han dado un pasito hacia la utilización de palabras gruesas y de exageración de la situación para ser más atractivos, y yo creo que es un error”, destaca.

La consecuencia más directa de esta escalada es que quienes intentan contar lo que está ocurriendo pueden acabar convertidos en parte del conflicto. El informe de Mapping Media Freedom registró en España 53 violaciones de la libertad de prensa en 2025 que afectaron a 89 personas o entidades vinculadas a medios. Al menos 17 periodistas o cámaras sufrieron agresiones físicas y siete de los diez casos documentados de ataques físicos provocaron lesiones.

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Riego insiste en que el problema trasciende a los propios profesionales. “Me parece muy grave que los propios ciudadanos atenten contra los periodistas, porque es lo mismo que decir que no quieren que se cuente lo que está pasando”, asegura y recuerda que “a los ciudadanos les puede no gustar lo que dice un periodista, pero no lo pueden impedir. Estamos sujetos a crítica, nos equivocamos y mucho, pero somos imprescindibles”.

Frenar esta dinámica exige, según la presidenta de la FAPE, responsabilidad compartida: que las fuerzas de seguridad garanticen el trabajo de los periodistas, que los partidos rebajen el tono y que la sociedad escuche también aquello que contradice sus propias convicciones. A los medios les reclama unidad y rigor.

Porque el problema que vuelve a aflorar en Ceuta no termina en una manifestación ni empieza con una crisis humanitaria. Es una cadena en la que se cruzan polarización, discursos de odio, desinformación y violencia contra quienes son señalados como enemigos. “Estamos jugando con el derecho a la información de los ciudadanos”, concluye Riego.

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