Las muertes causadas por las olas de calor, el precio a pagar del negacionismo climático y la inadaptación

Varios parisinos se refrescan a orillas del Sena en París, el 23 de junio, cuando Francia vivió la madrugada más calurosa desde que empezaron los registros a nivel nacional en 1947, con una mínima de 21,6 grados de media.

Caroline Coq-Chodorge (Mediapart)

”Falso”, “escandaloso”, exclamó el primer ministro Sébastien Lecornu el 30 de junio en la Asamblea Nacional. Respondía así a la líder de los Ecologistas, Cyrielle Chatelain, quien había mencionado la cifra de 10.000 fallecidos a causa de la ola de calor que azotó Francia en el mes de junio. Desde entonces, las cifras se van conociendo poco a poco y muestran que, a la larga, no estaremos lejos de esa cifra, o incluso la superaremos.

La agencia Santé publique France acaba de comunicar este miércoles un balance de “5.764 muertes de más por todas las causas”, durante el periodo comprendido entre el 17 de junio y el 2 de julio de 2026. Estos datos aún no están del todo “consolidados”, pero “el cálculo es bastante fiable”, según el Ministerio de Sanidad. Sin embargo, ya se sabe que estos primeros datos solo representan una parte de las muertes causadas por la ola de calor.

Aunque en este momento se han registrado más de 5.000 fallecimientos, a medida que se realice un análisis más preciso de las causas de las demás muertes ocurridas durante ese periodo, se irán sumando más. Por ejemplo, en el verano de 2025, que fue el tercero más caluroso desde 1900, Santé publique France registró 1.000 muertes de más, pero la agencia estima que “más de 5.700 fallecimientos son atribuibles a la exposición de la población al calor”.

Una catástrofe natural y desigual

Una cosa es segura, según Kévin Jean, epidemiólogo de la Escuela Nacional Superior y especialista en los vínculos entre salud, medio ambiente y clima: “Esta ola de calor de junio ha sido un fenómeno excepcional, todo el mundo se ha dado cuenta. Las cifras permiten medir su magnitud y reconocer que ha habido víctimas. Si otra catástrofe natural hubiera causado más de 5.000 fallecimientos, se habría guardado un minuto de silencio o se habría declarado luto nacional”.

Por otra parte, dado que las olas de calor vienen una tras otra, también tienen efectos acumulativos que “debilitan a las personas que ya están enfermas, especialmente a los enfermos crónicos”, explica Kévin Jean.

El aumento de muertes es especialmente acusado en las viviendas (ver el gráfico a continuación), mucho más que en los centros sanitarios. Las residencias de ancianos parecen haber logrado proteger a sus residentes. “Como mínimo, el 70 % de la mortalidad durante las olas de calor podría atribuirse a la exposición al calor en las viviendas”, estima Basile Chaix, epidemiólogo del Inserm y especialista en los efectos del medio ambiente sobre la salud. “Esto explica la magnitud de la mortalidad a pesar de los esfuerzos de reverdecimiento en las ciudades, la apertura de salas climatizadas, etc. Es un aspecto sobre el que tenemos menos control y que es desigual en todos los sentidos: el aislamiento o la orientación de la vivienda, la capacidad de equiparse para protegerse de los rayos del sol, la presencia de aire acondicionado…”

La región más afectada es Isla de Francia (+81,2 % de fallecimientos), por delante de Centro-Valle del Loira (+62,6 %) y País del Loira (+55,2 %). Y es que París y sus alrededores constituyen una inmensa isla de calor urbano, subraya de nuevo Basile Chaix: “Un estudio publicado en The Lancet comparó los efectos del calor sobre la mortalidad en 854 ciudades de 30 países. París es la ciudad donde estos efectos son más importantes. En los momentos de mayor calor, en París hay 8 °C más.”

De 15 a 75 años y más

Otro dato llamativo: se ha registrado un exceso de muertes en todos los grupos de edad, a partir de los 15 años. Es del 29,6 % entre los 15 y los 44 años, y llega incluso al 55,4 % entre los 45 y los 64 años. Este aumento es, sorprendentemente, menos acusado entre los mayores de 75 años (+33,3 %). Pero en cifras absolutas, se han registrado 3.719 muertes adicionales entre los mayores de 75 años, lo que supone dos tercios del balance provisional total de fallecidos por la ola de calor de junio.

Para Kévin Jean, este episodio ha puesto de manifiesto “la falta de adaptación de los edificios al calor, en particular de los hospitales y los centros educativos. Al igual que durante la pandemia del covid-19, se cerraron colegios y se vieron afectados los exámenes. Nos damos cuenta de que incluso los jóvenes son vulnerables”.

En términos más generales, el epidemiólogo considera “indecentes” los mensajes de salud pública difundidos por el Gobierno: “Prácticamente el único mensaje era ‘Hidrátense’. En la comunidad científica, también nos escandalizaron las declaraciones de Emmanuel Macron, que defendió ‘el gran trabajo’ del Gobierno en materia de adaptación”.

Más de 20.000 muertes por calor en un mes impulsan la propuesta de una cumbre europea de emergencia

Más de 20.000 muertes por calor en un mes impulsan la propuesta de una cumbre europea de emergencia

Las personas aisladas en sus hogares han sido las más afectadas. Kévin Jean lamenta la insuficiente comunicación por parte de las autoridades: “Habría sido necesario hacer ingeniería social: trabajar en eslóganes y campañas que animaran de verdad a preguntar por los vecinos.”

Santé publique France tiene esas competencias en materia de “promoción de la salud”, para transmitir los mensajes adecuados a través de los canales adecuados a las personas adecuadas. Sin embargo, la agencia está en proceso de desmantelamiento y el Gobierno quiere precisamente privarla de sus funciones de comunicación. En junio, incluso se le impidió poner en marcha su campaña de prevención ante las olas de calor.

Traducción de Miguel López

Más sobre este tema
stats