Se cumplen veinte años de la devastadora ola de incendios en Galicia que vaticinó cómo sería el futuro

Incendio en Ponte Caldelas en agosto de 2006 e imagen satelital de Galicia durante la ola de aquel año.

Miguel Pardo (Praza.gal)

Hace ahora dos décadas, en agosto de 2006, una devastadora ola de incendios arrasó Galicia, sobre todo las provincias atlánticas de A Coruña y Pontevedra. En menos de 15 días, entre el 3 y el 15 de ese mes, unos 2.000 fuegos —casi 40 de ellos de grandes proporciones— quemaron 77.000 hectáreas según los datos de la Xunta, una cifra que el Estado elevó a más de 86.000 y el CSIC a 92.000.

Hace dos décadas, una ola de incendios arrasó 77.000 hectáreas en menos de 15 días; murieron cuatro personas en un episodio que aumentó el impacto social del fuego

El fuego de aquellos días de agosto provocó la muerte de cuatro personas y el balance final de aquel 2006 acabaría con más de 95.000 hectáreas ardidas, convirtiéndose en el peor año desde el catastrófico 1989 y el de mayor impacto del siglo hasta la histórica ola del pasado año. Supuso, además, un primer aviso del fuego que venía: más peligroso, incontrolable y voraz, con grandes extensiones arrasadas en muy pocos días, tal y como ocurriría después tantas veces, especialmente en 2017 y 2025. Una ola, no obstante, con datos detallados y sin las restricciones que aplica ahora la Xunta, que impiden conocer cuánto, cuándo y dónde está ardiendo exactamente el monte.

La ola de hace 20 años se convirtió, también, en un campo de batalla política y partidaria en el que era el primer año del gobierno de coalición entre PSdeG y BNG al frente de la Xunta. “Con nosotros no moría gente y con ustedes ya van cuatro”, le espetó Núñez Feijóo al conselleiro de Medio Rural, entonces Alfredo Suárez Canal, semanas después del fuego, en una frase recordada al nivel de la polémica foto del entonces líder de la oposición en Galicia: en zapatos náuticos y con una manguera doméstica, simulando apagar las llamas en un monte ya arrasado.

Entre los argumentos de Feijóo para, por ejemplo, exigir destituir al “calcinado” conselleiro figuraba que no había ardido tanto desde 1989: “Le pido lo que yo haría si estuviese en su lugar; tendríamos que cesar al conselleiro directamente responsable del mayor desastre ecológico de los últimos 16 años”, había resumido quien después fue presidente de la Xunta durante 13 años.

Con los incendios de 2006, Feijóo desplegó por primera vez su faceta más dura contra el gobierno de PSdeG y BNG: “Con nosotros no moría gente y con ustedes ya van cuatro”

En aquel año final de la década de los 80 habían ardido más de 198.000 hectáreas. El desastre forestal había golpeado los montes y también el Gobierno gallego de la época, el desbordado Ejecutivo tripartito liderado por el socialista Fernando González Laxe, que llegó a verse impotente mientras el fuego servía de argumento preelectoral en la carrera del exministro franquista Manuel Fraga para intentar lograr la Xunta en su primer intento en diciembre de aquel año.

Aquella cifra de casi 200.000 hectáreas ardidas en un año no fue aún superada teniendo en cuenta los registros oficiales, pero los incendios de 2006 —muchos en pocos días, cada vez más cercanos a núcleos de población o carreteras importantes, con consecuencias fatales y difundidos socialmente a través de diferentes medios— hicieron vislumbrar un nuevo tipo de fuego y aumentaron su impacto social.

Las llamas le habían servido a Feijóo, entonces líder de la oposición en Galicia, y a su equipo —liderado en el gabinete asesor por Mar Sánchez Sierra y en el organigrama del PP por Alfonso Ruedapara desplegar por primera vez su faceta más dura contra el gobierno de PSdeG y BNG. Incluso mencionando a los muertos, de los que culpó al ejecutivo de coalición.

Poco después de la vuelta del PP al poder en la Xunta en 2009, y con Feijóo como presidente, dos brigadistas fallecieron en los trabajos de extinción en Fornelos de Montes en agosto de 2010. Varios años después, el TSXG condenó al Gobierno gallego por aquellos fallecimientos, obligó a indemnizar a las familias y subrayó que en lo sucedido fue clave la excesiva tardanza del vehículo motobomba en llegar al lugar.

La tesis terrorista

En 2017, una gran ola de fuego quemó casi 50.000 hectáreas en menos de tres días. En aquellos incendios, que cambiaron la forma de mirar el fuego y advirtieron de lo que llegaba, murieron cuatro personas. Los restos de un huracán, la sequía extrema y la acumulación de combustible vegetal facilitaron unas condiciones idóneas para unas llamas voraces y muy rápidas. A estas alturas, la justicia investiga el origen del gran incendio de Oímbra del pasado año, en el que la Fiscalía ve “errores evidentes” de Xunta y Concello.

A los pocos días, la Xunta gastó 77.000 euros en contratos menores para que una docena de periódicos impresos, a página completa, publicasen una declaración institucional de Alberto Núñez Feijóo sobre los incendios forestales y el llamado “terrorismo incendiario”. Un informe posterior de la Fiscalía descartó la tesis terrorista, al igual que los estudios impulsados por el Parlamento o informes de la policía autonómica.

Esa tesis había sido defendida por la derecha desde los 80, pero también por parte del gobierno bipartito cuando la ola de 2006. Aunque ni el presidente Touriño ni el conselleiro Suárez Canal se sumaron abiertamente a esta tesis —al ser cuestionados al respecto se limitaron a animar a investigar su eventual existencia—, cargos de sus formaciones sí dieron la “trama” como real y, días antes de la manifestación del PP, la plataforma Nunca Máis había recorrido las calles de Santiago clamando contra el “terrorismo incendiario”.

Un informe de la Fiscalía de 2006 había dejado en evidencia la tesis del terrorismo incendiario, como sucedería después en otras olas

El informe de la Fiscalía de 2006 dejó en evidencia aquellas suposiciones, como sucedería en otras olas posteriormente: no hubo pruebas de tramas o de terrorismo incendiario ni se pudo comprobar que se pretendiese causar alarma social. Como se destacaba, el número de incendios fue semejante al de otros años, con la diferencia de que hubo “condiciones climatológicas extremas” que no se dieron en otros periodos, más allá de posibles errores en los dispositivos de extinción o en la prevención.

El impacto del cambio climático provoca que esas condiciones extremas se repitan cada vez con mayor frecuencia. Condiciones favorables que se mantienen “durante mucho tiempo”, como advierten los expertos. Así ocurrió en la ola de fuego de agosto, la peor que se recuerda en Galicia, con algunos de los mayores incendios de la historia. Aunque ahora bastan menos focos para quemar más.

Una devastadora ola que dejó tras de sí cifras nunca vistas: cuatro fuegos superiores a las 20.000 hectáreas, uno de ellos próximo a las 40.000, para un mes con 144.000 hectáreas perdidas en un balance anual de más de 148.000, según las mediciones de los satélites Sentinel 2 del programa europeo Copernicus, que la Xunta rebajó a unas 120.000.

Las restricciones informativas sobre los incendios se aplican desde 2009; en 2006, con el bipartito, la Xunta informaba con partes diarios del lugar exacto y la superficie de todos los focos

Las cifras, que bailan, reflejan el impacto del fuego, que es evidente en los grandes incendios, con kilómetros de perímetro, pero que va más allá de lo que informa la Xunta, que no informa de aquellos focos de menos de 20 hectáreas a no ser que afecten a áreas protegidas. Un cambio que sí es evidente respecto a aquella ola de 2006 de la que ahora se cumplen dos décadas.

La actual política de restricciones informativas sobre los incendios forestales se aplica desde el año 2009. Cuando el PP regresó a la Xunta puso fin al modelo instaurado por la Consellería de Medio Rural del gobierno de coalición de PSdeG y BNG. En aquella etapa, bajo la dirección del exconselleiro Alfredo Suárez Canal, el departamento autonómico informaba a los medios de comunicación y a la ciudadanía en general de todos los incendios forestales con partes diarios que detallaban el lugar exacto del foco y la superficie afectada, entre otros datos.

En plena ola de fuego forestal del verano de 2025, la conselleira de Medio Rural admitió en una entrevista que hasta ese momento, el 18 de agosto, el Gobierno gallego había registrado 492 incendios. Pero la Xunta solo había divulgado hasta ese momento información sobre 45.

Praza.gal liberó los datos de todos los incendios de 2025, unos 1.500 que incluyen los alrededor de 1.300 de los que la Xunta no informó mientras sucedían

Ante esas declaraciones, Praza.gal formuló una petición oficial al amparo de la Ley de Transparencia para conocer el detalle de todos los incendios hasta que, tras la negativa de la Xunta y un recurso, logró liberar los datos, con el detalle de los 447 incendios ocultados previamente por la Xunta en aquellos 18 días de agosto.

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Una vez concluido el año 2025, y ante la falta de datos anuales y de detalles relevantes, en los primeros días de 2026 Praza.gal formuló una segunda petición de transparencia para obtener el detalle de todos los incendios registrados en Galicia durante todo el año anterior. Datos que fueron ahora liberados.

Cada vez más destructivos

Fueron, según el cómputo técnico de Medio Rural para 2025, un total de 1.475 incendios en los que ardieron 118.763 hectáreas, 111.000 de ellas en dieciocho grandes incendios forestales, consideración que alcanza formalmente un foco cuando supera las 500 hectáreas. Como venían señalando múltiples alertas expertas: muchos menos incendios que décadas atrás, pero mucho más destructivos.

Esa cifra de más de 1.500 incendios contrasta con que, durante 2025, la Xunta informase en comunicados oficiales o en sus redes sociales sobre apenas un centenar. Los ocultados, entonces, rondan los 1.300. Esa ocultación responde a la política informativa aplicada por el PP desde su retorno a la Xunta en 2009. La gran diferencia entre las olas sufridas en los últimos años y aquella de hace 20 años. La gravedad del fuego, sus consecuencias y el agravamiento por las condiciones climáticas se vislumbraban ya entonces. Se cumplieron, por desgracia. La transparencia informativa también fue a peor.

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