CENTROS DE DATOS
La llegada descontrolada de centros de datos a Portugal pone en riesgo la estabilidad de su sistema eléctrico
La llegada silenciosa de una ola de centros de datos en Portugal amenaza su sistema eléctrico. Al igual que en otros países del mundo, las grandes tecnológicas estadounidense, asociadas con promotoras locales, han logrado hacerse con permisos de conexión a la red portuguesa para instalarse en la próxima década, pero su demanda de energía es de tal calibre que provocarán un déficit de generación eléctrica, poniendo en riesgo la estabilidad de su sistema eléctrico, cuya única conexión exterior es con España.
La advertencia ha llegado este lunes de la agencia de reguladores europeos ACER, entre los que se encuentra la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) española. Subrayan que, hasta ahora, el operador del sistema eléctrico portugués ha concedido permisos de conexión a grandes consumidores de energía por valor de 9,2 GW de potencia, de los que la gran mayoría se dedican a los centros de datos. Otros 4,8 GW tienen esos permisos preconcedidos y están ligados a garantías económicas. Juntos sumarían 13,8 GW.
Esa cifra es incluso superior a los 12 GW de permisos que han recibido los centros de datos en España, pero en un país cuya capacidad de generación de electricidad es casi siete veces menor. De hecho, esos 13,8 GW equivalen a la mitad de la capacidad instalada en Portugal, 23,4 GW. En España, con menos previsión de instalación, el Gobierno acaba de iniciar un proceso para reducir drásticamente esa cifra hasta una tercera parte (hasta alrededor de 4 GW) para evitar un consumo desmesurado de energía y agua, y reducir la oposición social.
La medida que utiliza ACER en toda Europa para medir la tensión a la que se somete la oferta y la demanda en cada país se denomina capacidad de pérdida de carga (LOLE, por sus siglas en inglés), que mide las horas del año en las que se espera que, en el peor de los casos, la producción de luz sea inferior al consumo.
Si la regulación europea marca que el LOLE sea de 1,46 días al año para que la red sea fiable, Portugal se situará en 1,71 en 2028; 8,29 en 2030; y 68,30 en 2035. Multiplicará por 50 el máximo permitido a mediados de la próxima década. ACER calcula también que, en 2035, el pico de consumo eléctrico portugués anual superará en 3,4 GW el máximo que habría ese año si no entrasen en funcionamiento estos grandes polos industriales.
El informe estima que el incremento de la demanda coincidirá con un despliegue de energías renovables "menor de lo esperado", la falta de un mecanismo de respuesta activa de la demanda, un despliegue lento de las baterías y la indisponibilidad de la central de ciclo combinado de gas de Tapada de Outeiro.
"En conjunto, estas hipótesis dan lugar a unos recursos disponibles inferiores a la demanda prevista [de energía]", resumen los autores. A continuación, no obstante, añaden que esta expectativa "debería, por lo general, crear las condiciones para que nuevos recursos entren en el mercado". Es decir, que esa previsión de mayor necesidad de electricidad debería incentivar que se construyan nuevas plantas de generación o que se pongan en marcha mecanismos de cortafuegos.
Sin riesgo de apagón
Casar la oferta y la demanda eléctrica es imprescindible para evitar problemas en la red, aunque los expertos descartan por ahora que ese desequilibrio pueda desembocar en un apagón en el país, pero sí que podría obligar a desconectar de manera forzosa a grandes consumidores eléctricos.
"El LOLE no es un indicador del riesgo de apagón porque existen herramientas para compensar el déficit de energía. Cuando ya sabes que vas a tener un desajuste fuerte, lo que haces es desarrollar un mercado de deslastre para poder compensarlo o incrementas la generación", señala un experto del sector.
Con mercado de deslastre se refiere a que, en momentos de desajuste, se puede pagar a grandes consumidores a cambio de que se desconecten de la red o a generadores de electricidad para que mantengan operativas centrales que ya se han quedado obsoletas, una práctica habitual en Europa conocida como mercado de capacidad.
Luis Badesa, experto en redes eléctricas de la Universidad Politécnica de Madrid, ahonda en esa idea. "El LOLE no es una medida del riesgo de apagón, es una estadística. Si esa métrica aumenta mucho, quiere decir que puede haber problemas si los centros de datos proliferan sin que aumente la producción de energía. No significa un apagón generalizado, sino que se producirían desconexiones controladas por el operador del sistema", explica.
Sin embargo, otra de las críticas que hacen los reguladores europeos es que Portugal no ha desarrollado por ahora este mercado de capacidad. "No lo tenemos en cuenta [el mercado de capacidad] porque no es una tecnología lo suficientemente madura y porque que no se ha establecido ninguna política ni objetivo para su desarrollo en el país", resumen. No obstante, sí recogen que el Gobierno tiene un plan para poner en marcha uno de estos mercados en 2035, de 700 MW, que podría compensar una parte del déficit.
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Por su parte, España, que también afronta la llegada de centros de datos y de otros polos de demanda de energía, lleva desde 2023 preparándose para poner en marcha su mercado de capacidad y cumplir así con las exigencias del LOLE. Precisamente, en mayo obtuvo permiso de la Comisión Europea para que entre en funcionamiento y estará financiado con 9.000 millones de euros que pagarán los consumidores.
Portugal, un oasis de centros de datos
Portugal es uno de los principales objetivos de los inversores tecnológicos para construir sus grandes campus de datos debido a su ubicación, la puerta de entrada a Europa de los cables de fibra óptica que llegan desde Estados Unidos. El informe de los reguladores recuerda también que, hasta febrero, habían solicitado permiso para conectarse a la red eléctrica portuguesa 41 GW de grandes consumidores de energía, casi el doble de toda la capacidad de producción nacional.
Es cierto que muchas de estas solicitudes, como ocurre en España, son especulativas, ya que los promotores compiten en diferentes nodos energéticos de la geografía para decidir más tarde con cuál se quedan. También es probable que, de los 13,8 GW concedidos o preconcedidos, una parte se caigan en los próximos meses, pero podrían ser sustituidos por nuevas propuestas.