Fatima Hamed: "Las fronteras tienen dos lados y de poco o nada sirve proteger uno de ellos"

La vicepresidenta segunda de la asamblea y portavoz del Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía, Fatima Hamed, en la Asamblea de Ceuta, a 23 de julio de 2024.

Sonia Moreno

Cinco años después de la crisis fronteriza de 2021, Fatima Hamed, vicepresidenta segunda de la Asamblea de Ceuta y secretaria general del Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC), considera que los acontecimientos de este verano han vuelto a evidenciar el “abandono institucional” de la ciudad y que las lecciones de entonces no se aprendieron. Reclama una mayor implicación del Gobierno central, Marruecos y la Unión Europea y un protocolo permanente que permita responder a futuras contingencias migratorias sin desbordar los recursos de Ceuta. Al mismo tiempo, alerta de que estas crisis puedan alimentar discursos xenófobos y reivindica una convivencia basada en una identidad plural: “Se puede ser español y muchas cosas más, como, por ejemplo, español y musulmán”.

En 2021, usted ya advirtió de que Ceuta no podía volver a encontrarse sola ante una crisis fronteriza. Cinco años después ha vuelto a ocurrir. ¿Quién ha fallado: España, Marruecos o ambos?

España no ha fallado. A la ciudadanía ceutí en particular y a todo el pueblo español en general nos ha fallado el Gobierno de la nación, que es el máximo responsable de la gestión de nuestro país y, en este caso, de sus fronteras. Pero es que resulta que las fronteras tienen dos lados y de poco o nada sirve proteger físicamente uno de ellos, si después no se garantiza la implicación de Marruecos en esa salvaguarda. Creo que ahí es donde se ha fallado. Por supuesto, a la Unión Europea también le correspondía dar la cara por esta frontera que, evidentemente, también es suya. 

Parece que poco duró el compromiso con Ceuta después de lo ocurrido en 2021, a la vista de que muchas de las medidas que se prometieron en ese momento nunca llegaron a ponerse en marcha. Esta semana, el presidente del Gobierno, volvía a prometer lo mismo. Por ejemplo, la integración en la Unión Aduanera, la silla permanente en el Comité de las Regiones o el estatus de región ultraperiférica.

¿España debería haber detectado antes que se estaba preparando una movilización de esta magnitud?

Creo que la cuestión no es si España debería haberlo detectado o no, aunque todo parece indicar que sí. Lo realmente preocupante es que, en el caso de saberse, no se haya actuado. Ni antes, ni durante, ni después. De ahí la sensación constante de abandono institucional del pueblo ceutí por parte del Gobierno de la nación.

Pero es que, si me apuras, hay algo muchísimo más grave aún: las discrepancias que existen entre las declaraciones de la ministra de Defensa, Margarita Robles, que defiende que sí se informó previamente de esta entrada masiva, y las del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y todos aquellos que se han posicionado a favor de esta teoría, entre los que están el presidente del Gobierno, que niegan y desmienten cualquier tipo de preaviso. Esto abre una grave crisis de confianza entre los españoles. Si ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo nuestros gobernantes en una cuestión de defensa de la integridad territorial, ¿cómo pretenden que la ciudadanía confíe en ellos?

¿Qué deberían haber hecho el Gobierno central y Ceuta entre 2021 y 2026 que no hicieron?

Que Ceuta es una ciudad fronteriza no es una cuestión de actualidad, con esto llevamos viviendo los ceutíes toda nuestra vida. Quiero decir, somos plenamente conscientes, de hecho, convivimos con el fenómeno migratorio durante todo el año. Pero tanto el episodio de 2021 como el de 2026 trascienden los límites de lo que se puede considerar una crisis migratoria y humanitaria, o también sanitaria o de seguridad, como se la denomina ahora. 

Lo que no podemos hacer los ceutíes es estar pidiendo auxilio cada vez que se supera la capacidad de los recursos asistenciales de los que dispone Ceuta, de acuerdo con su población y su tamaño, para atender a personas migrantes, ya sean adultos o menores. Por eso, desde el MDyC (Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía), como formación localista conocedora de la realidad ceutí, llevamos años reivindicando un Protocolo para Contingencias Migratorias Extraordinarias que esté vigente todo el año y que se active en periodos críticos.

¿Considera que Marruecos sabe que puede presionar a España a través de Ceuta sin pagar prácticamente ningún coste político? 

La defensa que el Gobierno de la Nación está haciendo de su concepto de colaboración y cooperación con Marruecos es algo que comienza a molestar, y mucho, a la población española. Es más, somos conscientes de la necesidad de tener buenas relaciones con el país vecino y de que es posible mantenerlas a través del entendimiento entre ambos gobiernos. 

Sin embargo, que el presidente del Gobierno, en su primera comparecencia en el Congreso, haya destacado el papel clave de Marruecos en la gestión de la cuestión migratoria, es una respuesta que no satisface a la opinión pública de nuestro país, que necesita y reclama más información y transparencia con respecto a este tipo de afirmaciones. 

¿Puede España tener una política migratoria soberana mientras dependa de Marruecos para controlar buena parte de su frontera sur? ¿Qué debería cambiar?

Si se refiere a si puede tener una política migratoria unilateral, es evidente que no. De ahí la necesidad de colaboración y de buen entendimiento entre ambos países. Hay que recordar que el fenómeno migratorio siempre ha estado latente y que su papel se acentúa en zonas fronterizas como la nuestra o la de la ciudad hermana de Melilla. Una vez comprendido esto, lo que debería de cambiar es la sensación de que se actúa a golpe de improvisación, sobre la marcha, como si después de cada periodo crítico olvidáramos que algo así puede volver a ocurrir. 

La Unión Europea debería tener una política migratoria común en todos los Estados miembros. Sin embargo, vemos cómo el giro hacia la extrema derecha, o hacia la derecha extrema, en muchos países de la UE, con los que España no sintoniza en ese aspecto en este momento, afortunadamente, está influyendo en la sensación de que se deja a España sola con su modelo migratorio.

En 2021 su principal preocupación era que la crisis migratoria alimentara el discurso xenófobo. En 2026 reclama más seguridad y control fronterizo. ¿Qué ha cambiado?

El discurso del odio, el racismo y la xenofobia es algo que nos preocupa los 365 días del año. Pedir seguridad para la ciudadanía ceutí y control fronterizo es perfectamente compatible con seguir defendiendo los derechos humanos. Creo que en ningún momento se ha demonizado a la población migrante, de hecho, desde el MDyC elevamos a la Mesa de la Asamblea la celebración de una Junta de Portavoces urgente para abordar los últimos episodios que estaban teniendo lugar en la ciudad, hacer un llamamiento a la calma y condenar cualquier tipo de agresión. 

La realidad es que, en una ciudad de poco más de 83.000 habitantes y menos de 20 kilómetros cuadrados, la población se ha visto incrementada por más de 10.000 personas para las que no hay capacidad en los recursos asistenciales, por no hablar de miles de menores vulnerables que necesitan una protección especial. La vida de la población ceutí se ha visto atravesada por este suceso. Es más, muchas barriadas se han visto obligadas a asumir un papel mucho más activo que las propias administraciones —tanto la nacional como la local— en la atención al colectivo migrante. Aunque debían prestar esa asistencia, las administraciones no fueron capaces de hacerlo en un primer momento, pese a que no correspondía a los vecinos asumirla. Si alguien ha sostenido esta situación ha sido parte del pueblo ceutí.

¿El Gobierno central ha entendido realmente lo que ocurrió en Ceuta o sigue viendo la ciudad fundamentalmente como un problema de frontera exterior?

Un gobierno que tarda 26 días en atender la petición del mando único, solicitada el primer día por toda la Asamblea de Ceuta junto a otras medidas que también fueron rechazadas, es un gobierno que no ha entendido la magnitud del asunto, al menos hasta ahora. Ceuta no puede entenderse como un problema de frontera exterior. Si se le hubiera dado la prioridad que merece desde el primer día, hoy seguramente estaríamos en otra fase. No hay que olvidar que el denominado problema debe entenderse como uno que afecta a toda España y que es extensible a la Unión Europea.

Usted dijo en 2021 que “Europa debe poner la lupa en la frontera sur”. ¿Qué papel ha desempeñado la Unión Europea en la actual crisis?

Hasta el momento, podemos observar que su papel ha sido apenas testimonial, cuando sería necesario una actuación mucho más activa de facto, no solo a través de recursos humanos y materiales, sino también explorando una vía diplomática que haga ver la importancia que toda Europa concede a las políticas migratorias, de manera consensuada con España.

¿Hay un antes y un después del verano de 2026 en la convivencia entre musulmanes y cristianos en Ceuta? ¿Qué señales le hacen pensar que la convivencia ha resistido? ¿Qué se ha roto?

Ceuta dio una lección de unidad en la manifestación del 2 de septiembre en nuestra ciudad. Sin embargo, nos encontramos con algunas reivindicaciones en otros puntos del territorio español que están muy alejadas de la convivencia y coexistencia que existe en nuestra ciudad. Consignas como “Musulmán el que no bote” o “España es cristiana y no musulmana”, entre otras, nos hacen preguntarnos si tenemos que seguir explicando que se puede ser español y muchas cosas más como, por ejemplo, español y musulmán.

No creo que se haya roto nada; tal vez se haya resquebrajado un poco. Pero, sin duda alguna, hemos visto que la ultraderecha está en activo, preparada para colarse en cualquier grieta de la desinformación. Y a eso es a lo que tenemos que prestar especial atención y es donde los políticos tenemos que demostrar una gran altura de miras. 

Ha defendido siempre que se puede ser musulmana, española y profundamente ceutí. ¿Ha habido algún momento durante esta crisis en el que haya sentido que tenía que demostrar más que otros su lealtad a España?

Siempre ha habido personas que no entienden que el hecho de ser español no tiene nada que ver con las creencias religiosas de cada uno. Es cansino tener que estar explicándolo porque el hecho de que se cuestione ya es de por sí ofensivo. Dudo que en otros países se cuestione a sus representantes políticos por su credo religioso. Si así fuera, Londres o Nueva York no tendrían un alcalde musulmán, por poner un pequeño ejemplo. En ese sentido, nos queda mucho por avanzar.

La experiencia me ha enseñado que yo no tengo que demostrar absolutamente nada a nadie, menos aún lealtad porque es incuestionable, porque al final quien quiera cuestionarte si no es por una cosa, lo hará por otra. Si algo ha conseguido todo lo que estamos viviendo es que los ceutíes nos sintamos aún más españoles, si cabe. Lo que es inaceptable es que muchas veces pretendan cuestionarme algunos que van de patriotas cuando apoyan a superpotencias extranjeras en contra de los intereses del país. 

Si mañana Marruecos volviera a abrir la frontera, ¿estaría España preparada para impedir que se repitiera lo ocurrido?

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Esa cuestión ha sido contestada recientemente tanto por Pedro Sánchez como por Margarita Robles: ambos han manifestado que lo ocurrido el pasado 30 y 31 de julio no debe volver a repetirse. Creo que se estará tomando buena nota de las deficiencias detectadas en cuanto a la atención al perímetro fronterizo y a las relaciones bilaterales entre ambos países, que, nos guste o no, están condenados a entenderse.

Si dentro de diez años vuelve a producirse una crisis como esta, ¿qué tendría que haber cambiado en Ceuta para evitar una crisis humanitaria como la que vive ahora mismo?

Es necesario que las políticas migratorias que ponga en marcha toda Europa contemplen la inversión en los países de origen de las personas migrantes, además de otras medidas, si se quiere trabajar seriamente en uno de los grandes retos del siglo XXI.

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