CRISIS ENERGÉTICA
Una guerra de Irán sin fin apunta a uno de los otoños e inviernos más caros para el gas, la luz y la gasolina
Estados Unidos reanudó la semana pasada los bombardeos sobre Irán, difuminando cualquier posibilidad de acuerdo a corto y medio plazo para poner fin al conflicto, que supera ya los seis meses de duración. Si durante la primavera preocupaba que hubiese suficiente suministro energético para abordar el calor del verano y el incremento del turismo, la vista está puesta ahora en un periodo todavía más complejo, la elevada demanda provocada por el frío del otoño y el invierno. Esta tensión se ha trasladado a los precios, que apuntan a facturas excepcionalmente caras de luz, gas y combustible.
El precio de la electricidad lo marca fundamentalmente el gas natural, cuya cotización en el mercado europeo es hoy un 130% superior a la de hace un año, en torno a los 70 euros/MWh, debido a la escasez de suministro y a los reducidos almacenamientos de la Unión Europea. Como el gas marca el precio de la electricidad durante las horas de mayor consumo, ambos van de la mano.
En consecuencia, un hogar medio en España con tarifa regulada (PVPC) pagará alrededor de 53,55 euros este septiembre, según calculan los analistas del comparador energético Hello Watt, lo que equivaldría a la factura más cara para ese mes desde 2022. Como los problemas que sufre el mercado no parece que vayan a desaparecer en los próximos meses, la previsión es que la situación solo vaya a peor.
Esos inconvenientes son, en esencia, dos. Por una parte, el conflicto en Oriente Medio y el parón de las exportaciones de Qatar han reducido en una quinta parte el suministro mundial de gas natural licuado (GNL), el que llega por barco. "El hecho de que Qatar haya paralizado sus contratos hace que su principal comprador, Asia, compita ahora con Europa por hacerse con el gas natural de Estados Unidos, y eso incrementa su precio", valora Antonio García, experto en Energía de la Universidad Pontificia Comillas.
Por su parte, Víctor Burguete, investigador de Geopolítica Global y Seguridad del CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs), explica que, efectivamente, el conflicto parece estancado y no hay movimientos que lleven a pensar en una solución, al menos hasta el año que viene. "Todo apunta a un conflicto de larga duración, y es probable que a finales de año sigamos en una situación similar a la actual", valora el analista.
El gas se encarecerá todavía más
Al mismo tiempo, las empresas gasistas de la Unión Europea apostaron en primavera que la guerra terminaría a lo largo del verano y pospusieron sus compras de combustible para rellenar sus inventarios de cara al otoño. Pero eso no ha ocurrido y muchos países, principalmente Alemania, han llegado a septiembre con unos niveles de almacenamiento históricamente bajos.
Las reservas globales del continente se encuentran hoy al 66%, cuando lo normal es que a estas alturas estuvieran al 83%, mientras que las de Alemania, el mayor consumidor de gas del bloque, están al 54%. Estos almacenes son clave porque albergan alrededor de un tercio de la demanda invernal de gas natural de la Unión, de manera que dan margen a los Estados miembros para no tener que comprarlo a última hora, cuando los precios tienden a subir.
El experto de la Universidad Pontificia Comillas añade un tercer problema a tener en cuenta: a partir del 1 de enero, la Unión Europea debe cortar toda importación de GNL ruso, que hasta el pasado mes de mayo seguía suponiendo el 12% del total. Esto se traduce en que, a medida que se aproxime esa fecha, los precios del gas natural podrían subir todavía más, afectando también a la factura de la luz.
El petróleo, otro frente abierto
El precio de la gasolina también apunta alto, aunque con un matiz. Este mes de septiembre se ha reactivado el descuento completo del Gobierno sobre el Impuesto Especial de Hidrocarburos para el diésel, con 20 céntimos de rebaja por litro, frente a los 10 céntimos de agosto, después de que este carburante se encareciera un 15,7% en julio. La gasolina solo sufrirá una rebaja de cinco céntimos por litro en septiembre debido a que se encareció un 7,3% en julio, lejos del umbral del 15% que activa esta cláusula.
Este parche suavizará parcialmente la fuerte subida del combustible, que se vende ahora en España un 42% más caro que hace un año en el caso de la gasolina y un 61% más caro en el caso del diesel, sin contar impuestos y según el último boletín de la Comisión Europea, del 31 de agosto.
Una parte de la subida responde, como el gas, al agujero de producción provocado por el cierre casi total del Estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra solía transitar el 20% del crudo mundial. Por ese paso marítimo apenas circulan ahora barcos por miedo a sufrir ataques desde la costa iraní. En la última semana de agosto solo atravesaron el estrecho 107 embarcaciones, según la consultora de materias primas Kpler, cuando antes de la guerra lo hacían más de 130 cada día.
Este lunes, además, dos petroleros –uno saudí y otro con bandera de Libera– fueron alcanzados por proyectiles, una prueba de que Ormuz continúa sin ser una ruta segura, pese a las garantías que ha tratado de dar Estados Unidos en las últimas semanas para calmar el mercado del crudo.
Sobre el mercado petrolero, Víctor Burguete reconoce que los precios no han subido tanto como se esperaba al principio del conflicto –el petróleo brent se ha encarecido un 36% desde finales de febrero–, pero también es cierto que esa contención se ha logrado mediante unos parches que cada día que pasa son más débiles, por lo que no es descartable que el diésel y la gasolina aumenten de precio en los próximos meses.
"Pensábamos que el abastecimiento de combustible en verano sería crítico, pero tuvimos un alto al fuego temporal que liberó millones de barriles de petróleo, descubrimos que China tenía mucha capacidad para reducir sus importaciones, hemos tirado de almacenamientos… pero son colchones que se van terminando, especialmente el de recurrir a los inventarios", afirma.
No es solo Ormuz, también Rusia
El Gobierno regulará los centros de datos para limitar su consumo de agua y que utilicen un 80% de energía renovable
Ver más
En el último informe, de comienzos de agosto, la Agencia Internacional de la Energía estima que el suministro mundial de crudo en 2026 caerá en 4,3 millones de barriles, un 4% menos que el año pasado, "ya que el aumento de la producción en América solo compensa parcialmente las pérdidas de suministro procedentes de Oriente Medio y Rusia".
Como señala la agencia de la OCDE, Rusia es otro de los problemas a los que se enfrenta el flujo global de crudo, ya que los ataques de Ucrania con drones sobre sus refinerías se han incrementado en los últimos meses, obligando a recortar sus exportaciones de productos refinados. Según la consultora Rystad, Rusia refinó en junio y julio algo más de 3,5 millones de barriles de petróleo cada día, la menor cifra en dos décadas y un 30% menos que la media de los últimos años.
De hecho, Josu Jon Imaz, consejero delegado de la española Repsol, dijo en su última presentación de resultados, a cierre de julio, que las averías en la industria rusa eran probablemente el mayor inconveniente para suavizar la subida de los combustibles. "Creo que Rusia podría ser incluso más importante que el Estrecho de Ormuz hoy en día para el mercado europeo, ya que probablemente entre el 45% y el 50% de las refinerías rusas están actualmente fuera de servicio, alrededor de 900.000 o 1.000.000 de barriles diarios de destilados", afirmó el directivo.