Barauda: la guerrera ancestral contra el colonialismo que inspira a las mujeres garífunas

En junio del 2025 tomamos la decisión de reocupar nuestro territorio en Trujillo, Honduras, porque los canadienses que lo ocupaban, en un resort frente al mar caribe, traficaban con piezas arqueológicas que ya estaban incautadas y nosotros reivindicamos nuestra cultura. Ellos dicen que son millonarios. Pero nosotros somos los millonarios porque no hay cantidad de dinero posible para decir lo que tenemos: la tierra es el número uno y lo más importante de todo. Por eso, defendemos y creemos en la tierra. No nos gusta la explotación. Ahora tenemos un centro de saberes ancestrales que se llama Hachari Wayunagu (solar de nuestros antepasados, en lengua garífuna).

En el ámbito espiritual el mar es muy importante. En los resorts los dueños privatizan el acceso a la playa y al mar. Incluso marcan su territorio dentro del agua donde ponen áreas restringidas en las que no se puede pescar, ni pasar. El mar es una de las partes más importantes en la vida de un garífuna. Desde siempre, mi abuelo, mi bisabuelo, mi padre han ido a la pesca. De ahí traen el sustento para la proteína dentro del hogar. El mar cumple en la vida y en la espiritualidad un rol muy importante porque es un Dios que nos sirve para limpieza y para protección.

La mujer garífuna cumple un rol muy importante, es la cabeza del hogar y de todos los ámbitos. Siempre lleva la batuta

El territorio que reocupamos en el departamento de Colón es un camino que viene del centro de Trujillo y va hacia las comunidades de Santa Fe, San Antonio y Guadalupe. Cuando el canadiense Randy Roy Jorgensen, llamado el “rey del porno”, estaba en nuestro territorio, no se podía pasar porque él tenía cercado y puso rompeolas para detener el mar. Una de las problemáticas es que vienen, según ellos, a invertir y, más bien, llegan a hacer daño: hacen su proyecto y dejan más pobre a la comunidad que es la dueña del territorio.

El gobierno siempre quiere atacarnos y minimizarnos y que los garífunas quedemos en el olvido. Por eso, estamos pendientes de la gestión del Presidente Nasry Asfura porque sabemos que las cosas no van a ser fáciles.. Sabemos que la lucha va a ser difícil, pero tampoco vamos a dejar de luchar. Aquí vamos a estar pase lo que pase. Al final de cuentas los territorios son nuestros. Los antepasados nos los dejaron como legado. Los garífunas no somos de armas, somos gente de paz. Queremos salvaguardar y enseñarles a nuestros hijos y a nuestros nietos la importancia de la tierra.

Tenemos que defender nuestras tierras porque vivimos del cultivo. Creemos en la siembra. Ahí está la vida. Pedimos que nos respeten porque nosotros no somos gente violenta. Nos ha tocado ir a las calles y nuestra mayor arma es nuestra espiritualidad, nuestro humo, nuestras maracas, nuestro tambor, nuestros instrumentos. Con eso salimos a pelear y a exigir que nos den el derecho de poder vivir dentro de nuestro territorio. La búsqueda es la de un matriarcado. Desde siempre las mujeres son las que han liderado el pueblo garifuna.

Desde la historia nos cuentan que, en 1635, dos barcos españoles naufragaron frente a la costa de San Vicente, una isla del Mar Caribe y las personas que estaban siendo transportadas para esclavizarlas pudieron escapar a nado. Los caliponan (o caribes rojos) les dieron refugio y de la mezcla surgió el pueblo garífuna o caribe negro, una mixtura entre las tradiciones caribeñas y africanas. Los ingleses expulsaron a los garífunas de San Vicente y 2.026 sobrevivientes fueron llevados a Punta Gorda, en la Isla de Roatán, el 12 de abril de 1797 y esa es la fecha en la que se celebra el “día de la llegada”. De ahí se trasladaron a Trujillo. Por eso, las tierras que reocupamos son ancestrales.

Cuando Joseph Chatoyer, Satuyé (el que carga bien), el mayor estratega militar y político del caribe negro, descripto como muy alto, de “porte imponente y dotado de una inteligencia extraordinaria”, por los ingleses a los que combatió en una rebelión que inició y por la que murió luchando el 14 de marzo de 1795, se venía abajo, la que lo inyectaba era Barauda, una guerrera ancestral, una figura femenina legendaria, un símbolo de resistencia y una estratega intelectual de la lucha contra el colonialismo inglés en el Siglo XVIII, en San Vicente. La mujer garífuna cumple un rol muy importante, es la cabeza del hogar y de todos los ámbitos. Siempre lleva la batuta. Es la protagonista.

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Joezeline Martínez Lideresa garífuna de la Organización Fraternal Negra Hondureña.

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