Barcelona y las Comisiones Obreras

Existe la creencia generalizada de que la Asamblea de Barcelona de CCOO, el 11 de julio del 76, aún en la clandestinidad de un franquismo en retroceso pero ni mucho menos vencido, fue el momento fundacional del sindicato. La UGT ya había decidido constituirse como el sindicato afín al socialismo que representaba Felipe González tras el Congreso de Suresnes. 

La Unión Sindical Obrera (USO) venía actuando como sindicato de orientación cristiana desde los años 60. La CNT estaba en proceso de reconstitución desde el exterior y el sindicalismo vertical en descomposición, aunque fue a mediados de junio del 77 cuando se dieron los pasos definitivos para su desaparición.

La Asamblea de Barcelona de julio de 1976 afrontó ese momento con una decisión trascendental. Mantenerse como movimiento, intentando forzar un sindicalismo unitario que fuera una exigencia desde las bases obreras, desde las empresas, o aceptar la realidad de un panorama sindical plural en el que las CCOO serían un sindicato más, tal vez hegemónico, pero uno más.

El lugar elegido para la Asamblea, la iglesia de Sant Medir, en el popular barrio de Sants, en Barcelona, tenía que ver con la existencia de una iglesia que daba cobertura, acogía, amparaba y fomentaba el sindicalismo libre y democrático. Una iglesia representada por curas obreros como Francisco García Salve o Mariano Gamo, junto a otros como el padre Llanos o Díez Alegría.

La Comisión Obrera Nacional de Cataluña (CONC), como anfitriona de la reunión, esperaba en los puntos de encuentro a quienes iban llegando en trenes, autocares o vehículos privados y, en grupos, los llevaban hasta la parroquia. En pleno 11 de julio, el calor era insoportable en un recinto no demasiado grande que acogió a 650 representantes. 

Aunque todo el mundo reconocía la autoridad de personajes como Marcelino Camacho, Nico Sartorius o Cipriano García, las CCOO siempre fueron plurales y la unanimidad brilló por su ausencia

La presencia masculina era abrumadora. Las mujeres eran muy pocas en el evento y la coordinadora general elegida no incluía a ninguna mujer entre sus 24 miembros. Hubo que esperar a la primera dirección sindical elegida tras la legalización para que el nuevo Consejo Confederal designara a una mujer, Begoña San José, para ocupar la Secretaría de la Mujer en el Secretariado Permanente.

Aunque todo el mundo reconocía la autoridad de personajes como Marcelino Camacho, Nico Sartorius o Cipriano García, las CCOO siempre fueron plurales y la unanimidad brilló por su ausencia, pues había quienes querían dar el paso y constituir CCOO como un sindicato propio, mientras otros defendían mantener el movimiento hasta lograr un sindicato unitario para todos los trabajadores.

La solución fue un pacto de compromiso. CCOO no dio el paso de constituirse como sindicato, sino que adoptó la decisión de mantenerse como movimiento, encaminado a crear un sindicato asambleario, plural y único articulado desde las bases. Un sindicato que incorporase diversas tendencias políticas y que fuera autónomo de los partidos. 

Hay que recordar que sindicatos de inspiración comunista, socialista o democratacristiana marcaban la acción sindical en Francia o en Italia, mientras que Gran Bretaña o Alemania mantenían fuertes sindicatos unitarios. Así las cosas, pese a las advertencias de que UGT no iba a recorrer ese camino, la Asamblea se zanjó con la decisión de mantener un movimiento sociopolítico abierto a todos los trabajadores y trabajadoras. 

No obstante, decidieron tantear la fuerza de CCOO entre los trabajadores y crearon un bono de apoyo de 25 pesetas para fidelizar y para disponer, además, de algún tipo de recurso propio. No era una cuota, sino un baremo, una medida, del compromiso que recababan las CCOO.

La respuesta negativa de las otras centrales sindicales no se hizo esperar, e incluso en el interior de las CCOO comenzaron los movimientos para constituir nuevas fuerzas sindicales de obediencia partidaria, entre las cuales figuraron la CSUT (Confederación Sindical Unitaria de Trabajadores) o el SU (Sindicato Unitario), afines al Partido del Trabajo, la primera, y a la Organización Revolucionaria de Trabajadores, la segunda. 

Hubo que esperar a la reunión de la Coordinadora General de las CCOO, el 22 de septiembre del 76 en Madrid, para adoptar la decisión de constituirse como sindicato, aún en la clandestinidad y a la espera de una legalización de los sindicatos que, tras el asesinato de los abogados de Atocha, el 24 de enero de 1977, y la legalización del Partido Comunista (PCE), el 9 de abril de ese mismo año, terminaría por llegar el 27 de abril.  

Estos días se ha conmemorado el 50.º aniversario de la Asamblea de Barcelona. No está de más rememorar, explicar y difundir las ideas y las muchas historias que rodearon aquel acontecimiento. Nunca viene mal que las nuevas generaciones reciban el testigo de la memoria de quienes tuvieron que bregar antes que ellos en la defensa de las libertades y la democracia. 

Sin embargo, he podido comprobar, ahora que me encuentro en mi puesto de trabajo en la enseñanza de adultos, que la repercusión mediática del acto en el que estuvieron el presidente de la Generalitat, el alcalde de Barcelona y la ministra de Trabajo ha sido más bien escasa. Y ya sabemos que lo que no conocemos no existe para nosotros. 

Poca televisión, salvo RTVE, algunas agencias, poca radio, entre ellas la Cadena SER, bastantes medios impresos, entre los que no hay muchos de derechas, y algunos digitales. Quiero destacar algunos titulares que me han parecido llamativos y un poco más trabajados: 

- "CCOO conmemora 50 años de su Asamblea de Barcelona reivindicando su papel durante la Transición".

-"Franco murió en la cama, pero la dictadura murió en las fábricas: CCOO celebra los 50 años de la Asamblea de Barcelona".

-"Algo pasó en Barcelona hace 50 años que la democracia no ha reconocido". 

Tres titulares bastan para animar a recordar, recuperar la memoria y aunar voluntades. No hacerlo nos condena al sometimiento, la sumisión, la claudicación, la resignación. Y ese camino no nos depara nada bueno.

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Francisco Javier López Martín fue secretario general de CCOO de Madrid entre los años 2000 y 2013.

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