¡Bienvenidos y bienvenidas!

En muchas ocasiones, la sociedad va por delante de sus gobernantes. Ciudadanos y ciudadanas que se unen y organizan para defender ideas y construir proyectos que consideran necesarios para vivir en sociedades justas y dignas.

Y es esta conciencia social la que está detrás de la iniciativa popular lanzada en 2024 por el colectivo Regularización Ya! con el objetivo de acabar con la discriminación que sufren miles de personas que viven y trabajan en España.

Pero para que esa y otras iniciativas se hagan realidad, es necesario que al otro lado haya un Gobierno dispuesto a sacarlas adelante con un plan de políticas públicas. Y eso es lo que ha pasado este año en España. A pesar de la oposición de la extrema derecha y el bloqueo durante algo más de un año, el ejecutivo de Pedro Sánchez ha dado un paso adelante, y el proceso extraordinario de regularización de migrantes en situación irregular ya está en marcha.

Se trata ni más ni menos que de reconocer los derechos y las obligaciones de las personas que ya forman parte de nuestra sociedad, tratarlas con la dignidad que merecen. Porque la gestión ordenada no cae del cielo, y no es sostenible para un país —ni humano— mantener a cientos de miles de personas en el limbo jurídico, laboral y social.

Si entendemos que nadie decide dónde nacer, nos sentiremos tremendamente afortunados por haber visto la luz en la Unión Europea. ¿Usted ha pensado que podría haber nacido mujer en Kabul?

Pero no se trata simplemente de un gesto humanitario del Ejecutivo, sino de una gestión proporcionada e inteligente que persigue el crecimiento económico, la riqueza y el progreso para nuestro país, que, por cierto, se encuentra entre los más envejecidos del mundo, en el continente más envejecido.

La cifra prevista de solicitudes se ha duplicado, señal de que la necesidad y la injusticia era mayor de lo que pensábamos, porque los trámites han sido exigentes y rigurosos.

Pero el ejecutivo de Pedro Sánchez no ha dado un paso inédito ni mucho menos. Desde la vuelta a la democracia ha habido seis procesos de regularización. En 1986 se registraron más de 35.000 solicitudes, mientras que en 1991 se llegó a más de 110.000 personas. Entre 2000 y 2001 se aprobó un proceso sin precedentes regularizando a más de 500.000 personas.

Esto demuestra que los procesos regularizadores extraordinarios son elementos esenciales de la política migratoria y lo llevan a cabo tanto gobiernos progresistas como conservadores, contando con un amplio respaldo social. En esta ocasión, se han posicionado a favor prácticamente todos los sectores de la población: sindicatos, patronal, agricultores, la Conferencia episcopal, ONGs…

Los únicos que se han opuesto frontalmente con argumentos falaces y xenófobos han sido dos partidos políticos: Vox y el PP a la saga. Cabe preguntarse si es por cálculo electoral, hipocresía o crueldad, pero en cualquier caso es radicalmente contrario a los valores católicos de los que tanto presumen.

La migración es riqueza. El primer paso es la regularización, pero el siguiente debe ser el de la integración; que además es la manera más inteligente de luchar contra las mafias que se lucran con la migración irregular

Muchas de estas personas que se oponen fieramente desde las pancartas, los micrófonos o las redes sociales saben —estoy seguro— que sin inmigrantes, España deja de ser España. Y lo saben porque sus padres, madres o hijos están siendo cuidados por inmigrantes sin papeles que trabajan en sus casas, y también en sus explotaciones agrícolas, en sus fábricas, en sus restaurantes...

Otros Estados miembros de la UE han llevado a cabo procesos de regularización, no solo España, como quieren hacernos creer algunos. En el informe REGINE de la International Centre for Migration Policy Development (ICMPD) realizado en 2009 encontramos 43 iniciativas entre 1996 y 2007, como la llevada a cabo por Alemania en 2002 regularizando a más de 75.000 personas; la regularización de Grecia entre 2001 y 2005 de más de 520.000 personas o la Italia de Berlusconi, que regularizó a 650.000 personas en 2002, y la de Conte a 200.000 en 2020 durante la pandemia.

La migración es riqueza. El primer paso es la regularización, pero el siguiente debe ser el de la integración; que además es la manera más inteligente de luchar contra las mafias que se lucran con la migración irregular.

La pregunta no es si migración sí o no, sino cómo. Cada vez hay más herramientas para abordar la gestión de la migración de una manera eficiente, más humanitaria y abriendo vías legales.

Algunas de estas herramientas han sido aprobadas en las instituciones comunitarias, como el permiso único para la obtención de un permiso de trabajo en toda la EU o la tarjeta azul, que establece el marco legal y las condiciones de entrada y permanencia de trabajadores cualificados provenientes de terceros países. También contamos con el Talent Pool, una plataforma en línea que conecta a trabajadores de terceros países con ofertas de empleo de empresas europeas. Esto facilita la contratación de mano de obra en sectores con escasez de personal.

El compromiso del Gobierno de Pedro Sánchez con una política migratoria coordinada y humanitaria quedó patente durante la presidencia española del Consejo de la Unión Europea de 2023, con la aprobación del Pacto Europeo de Migración y Asilo.

Queremos para el resto de Europa lo mismo que para España, donde la población extranjera está integrada laboral, cultural, social y económicamente.

La aspiración y el derecho a mejorar nuestra vida es intrínseco al ser humano y nadie puede arrebatárnoslo.

Quiero acabar poniéndome en la piel de los inmigrantes que llegaron a Canadá el siglo pasado. Cuando entraban al país por el puerto de Halifax lo primero que veían era un cartel que decía en varios idiomas: Bienvenidos a Canadá.

Hagamos lo mismo y démosles la bienvenida a España.

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Javier Moreno es presidente de la Delegación socialista española en el Parlamento Europeo.

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