Ceuta 2026 iba a ser diferente a Ceuta 2021

Un mes desde el inicio de la crisis migratoria en Ceuta y aún no puede decirse que se haya solucionado o que tenga visos de ser resuelta pronto. Entre 5.000 y 11.000 personas permanecen en la ciudad ceutí, según datos del Gobierno de España en el rango más bajo, y del ejecutivo ceutí en el más alto. Más de 80 jóvenes han fallecido. Pero la futura duración y el impacto de esta tragedia, en contraste con la de 2021, se explica en parte por cómo ha evolucionado la sociedad sociológica, digital y mediáticamente en este último lustro.

Como escribía la exministra González Laya, protagonista hace cinco años, “sería un error interpretarla (la crisis) como un episodio más en una larga sucesión de crisis fronterizas”. Es cierto que más allá de nuestras fronteras la lógica de poder exterior se ha alterado y la fuerza predomina sobre el multilateralismo. A nuestro alrededor todo ha cambiado. El odio se ha hecho fuerte.

Internamente, los españoles hemos cambiado. Nuestro pensamiento es otro y los impactos digitales que recibimos se han revolucionado. Hablamos de la forma en la que la inmigración es vista por parte de la ciudadanía española y el nivel de preocupación en torno a ella; la penetración dentro del ámbito progresista; la construcción de un ecosistema digital de bulos y miedos o la aparición de nuevos medios de comunicación que no tenían cabida hace cinco años.

La sociología de la población española marca una primera señal de cómo ha cambiado la situación. Semanas antes de que miles de personas cruzaran a Ceuta desde el lado marroquí, los estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) situaban a la inmigración en el puesto 16 entre las preocupaciones de la sociedad española. Solo el 2,4% de los encuestados la mencionaban como uno de los tres principales problemas del país e, incluso, entre los electorados más propensos era citado por el 7,6% entre los votantes de Vox y el 2,3% del PP. Entre la izquierda, menos del 2% y el 1% lo expresaban entre los votantes de PSOE y Unidas Podemos, respectivamente.

Es más, un mes antes de las propias elecciones generales de julio de 2023, el asunto se mantenía en una posición muy baja entre las preocupaciones de la sociedad cuando, por el contrario, la vivienda ya era la protagonista. Y como preocupación personal, tanto en 2021 como en 2023, hablamos de que la inmigración era el asunto número 37. Muy residual.

A día de hoy, la imagen es radicalmente distinta. La inmigración es la segunda preocupación de la ciudadanía tras la vivienda. Casi uno de cada tres hombres y una de cada cinco mujeres lo señalan. Incluso entre los votantes del PSOE y Sumar, hay un 15% del electorado en esa posición, según datos de More in Common. El salto sociológico ha sido tan radical en cinco años que ha permitido que lo que no era aceptable en un debate serio, ahora tiene un espacio.

El ecosistema digital y mediático que nos rodea no es el mismo. Las plataformas digitales han recortado en sus políticas de moderación y eliminación del odio y han permitido el aumento de los discursos racistas y xenófobos y son origen de los cambios demoscópicos comentados. Los nuevos modelos de negocio de estas saben dónde pueden generar más beneficios.

El salto sociológico ha sido tan radical en cinco años que ha permitido que lo que no era aceptable en un debate serio, ahora tiene un espacio

Y sin estas decisiones, en España, perfiles digitales como los de Vito Quiles, Ángel Gaitán, Spainball, Arturo Villa, Alvise, Rubén Gisbert o Ndongo habrían quedado más acotados a una audiencia ultra sin dar el salto a otros campos. En esta crisis de 2026, cualquier ciudadano se ha visto rodeado de contenido generado por estos perfiles que no tenían el mismo impacto que en 2021. Nuevos jugadores han entrado en el campo y tienen el balón que les han dado los dueños de las plataformas que saben que la tensión y las crisis generan más dinero que la estabilidad y normalidad. Ellos han entendido como nadie el salvaje oeste en el que se ha convertido la conversación digital, que con muy poco generan atención y son premiados.

El sociólogo Iago Moreno lo señalaba como cuando los algoritmos digitales siguen un modelo de negocio que enseña a un adolescente contenidos suicidas y también lo aplican para incitar a menores a que se lancen al mar y crucen la frontera de Ceuta porque “es lo que da dinero”.

El cambio también llega a lo mediático. Hemos visto cómo digitales de origen difuso son ahora la base de ciertas estrategias políticas. En mayo de 2021, pocos conocíamos la existencia de The Objective, EDATV deambulaba por los bajos fondos de las redes sociales y Horizonte era una broma de mal gusto sobre sucesos paranormales para trasnochados. Aparecieron El Debate, Negocios TV, La Gaceta de la Iberosfera, podcasts…

Poco a poco se fue tejiendo un aparato de agitación, metiendo mensajes incendiarios, deshumanizando y coordinados. En el momento que sucede algo similar a lo de Ceuta o Torrepacheco, la maquinaria está totalmente engrasada.

España ya había cambiado cuando comenzó la crisis en Ceuta y no se comprendió que las reacciones iban a ser diferentes entre nuestra ciudadanía y se necesitaba un protagonismo político como cortafuegos de la mentira y el odio que la ultraderecha ha desplegado. Si las propuestas humanas y progresistas no ocupan su hueco, en el otro lado ya llevan listos cinco años para generar el contenido que nos mantenga en su burbuja.

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Pablo Allende Nieto es director en SW Demoscopia.

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