A García Lorca no lo fusilaron: lo asesinaron

A Carmelo Gómez, que, como artista grande, hace de Federico García Lorca en el teatro

Es que no paran de decir que al poeta Federico García Lorca lo mataron el 18 de agosto de 1936. O que lo fusilaron. Y no me lo puedo explicar. Las palabras que utilizamos para decir algo son importantes. Ya ven ustedes la que armó Díaz Ayuso con lo de la fruta y lo del hijo de puta. O cuando para ella la palabra libertad significaba dejar sin toneles de cerveza las bodegas del Titanic o de las tres carabelas juntas de Colón. El franquismo no sólo nos robó las palabras sino que las corrompió. Lo escribe el historiador Francisco Espinosa Maestre. Y si lo dice uno de los mejores historiadores sobre la represión franquista por algo será. Lo malo es que ahí seguimos, usando el lenguaje del franquismo cuando hablamos de memoria democrática.

Que no hubo un golpe de Estado sino un acto de salvación contra el Estado criminal de la República. Y eso que la República no es que fuera la revolución de las guillotinas o la de Octubre del 17, pero les tocaba las narices a los curas, a los terratenientes y otros potentados, a los militares facciosos… En resumen: a quienes vivían como dios a costa de los demás antes del 14 de abril de 1931.

Que fue la nuestra una guerra entre hermanos o abuelos (di que sí, Feijóo) para ocultar que fue una guerra política, ideológica, cultural, de género y de clase. Ojo con lo de género, que casi nadie lo tiene en cuenta: fueron las mujeres las que en la represión generalizada, llevada a cabo por los fascistas antes, durante y después de la guerra, sufrieron el añadido de la humillación: la cabeza rapada, el ricino en las tripas para que se vaciaran por las calles, limpiarles la mierda a los curas y a los ricos.

Que digan ustedes que sí, que quieren que nos traguemos el cuento chino de la paz que llegó en 1939. ¡Qué bien lo dice el personaje de Agustín González en Las bicicletas son para el verano! Pasea con su hijo —Gabino Diego en la ficción— por las calles de un Madrid en ruinas. El chico dice tan feliz que ahora su madre estará contenta porque al fin ha llegado la paz. Y el padre le contesta, con una tristeza que no cabe en la pantalla: "es que lo que ha llegado, Luisito, no es la paz. Es la victoria". Pues eso.

A Federico García Lorca lo mataron (...) ¡Qué perra con lo de que lo fusilaron! Pues va a ser que no. Todos los fusilamientos que llevaron a cabo los fascistas —insisto: antes, durante y después de la guerra— fueron sencilla y llanamente asesinatos

Las licencias poéticas

Que todos perdieron la guerra: otra cantinela más falsa que Carlos Mazón y Maribel Vilaplana en las versiones que han ido soltando de su cuchipanda en el Ventorro mientras a 231 personas se las llevaba la corriente. O sea que los fascistas también la perdieron y nosotros sin enterarnos. Me viene a la cabeza que, en el 50 aniversario del Congreso de Intelectuales Antifascistas celebrado en València en 1987, Octavio Paz nos lanzó una buena lista de los verdaderos según él ganadores de la guerra: sobre todo, compartiendo trofeo con otras federaciones de extraterrestres, los vencedores fueron la democracia así en general, la monarquía y una Constitución que era como el ser o no ser de Shakespeare pero sin las dudas hamletianas aplicadas a la reconciliación. O sea que al final lo que ganó la guerra fue que se chocaran las manos Fraga, Carrillo, Felipe González y la cabra de la Legión.

Pero va y unos días después, aún dentro de aquel aniversario, Vázquez Montalbán le recordó a Octavio Paz su larga lista de ganadores, que no hubiera cabido en Spotify, y con una ironía que levantó al auditorio de sus asientos (yo estaba allí) remató: "El primer día, en el brillantísimo discurso de inauguración, Octavio Paz aportó una espléndida licencia poética —yo temo que el destino de muchas licencias poéticas sea el de convertirse en licencias históricas— y esa licencia poética fue que, finalmente, el vencedor de la guerra civil o los vencedores habían sido la Monarquía y la Democracia. Sin embargo yo, recuperando de pronto mi memoria sacudida por el impacto y la belleza de las palabras, recordé que durante treinta y seis años tuve la sospecha de que quien había ganado la guerra era Franco". Yo también tengo esa sospecha, de verdad que la tengo. Lo que ya no es una sospecha sino verdad de la buena es que mi padre no ganó la guerra. Lo pone en su expediente la sentencia carcelaria de 1940 porque el golpe de Estado contra la República lo cogió de subidón libertario cuando apenas había cumplido diecinueve años. Pero bueno, ya me quedo más tranquilo si pienso -según las teorías igualitarias que usan los tahúres de la historia- que el abuelo de Abascal —como el nieto, fascista hasta las cachas— también fue de los que perdieron la guerra. Así salimos a menos en el reparto de la derrota. En fin….

En fin sí, y sigo con lo del rollo del lenguaje y las palabras trucadas. Un ejemplo interesante de esas palabras trucadas, como las Derby de los sesenta para fardar con las chicas: alguien dice "a mi tío lo metieron en la cárcel y no había hecho nada", o "a la mejor amiga de mi abuela la fusilaron y no había hecho nada". ¿Cómo que no habían hecho nada? Defender la legitimidad republicana, ser de la UGT, de la CNT, concejal de izquierdas en su pueblo, ser socialista o comunista… Entonces llega la confusa aclaración: "Bueno, lo que quiero decir es que no había matado a nadie…". Ah, vale, ahora lo entiendo: Federico García Lorca tenía en su pistolón más muescas que Arias Navarro en su particular carnicería malagueña y por eso anda desaparecido desde hace noventa años. ¿No les parece que ya va siendo hora de que dejemos de tragarnos las trolas que nos sigue endilgando el franquismo con sus trucos de lenguaje? Yo creo que sí, que ya va siendo hora. Y ya que estamos con Federico, voy, para terminarlo, al título de este artículo.

La última pregunta

A Federico García Lorca lo mataron. A Federico García Lorca lo fusilaron. Eso ha salido estos días en un millón de sitios. Y no siempre de derechas, ¿vale? No siempre de derechas. ¡Qué perra con lo de que lo fusilaron! Pues va a ser que no. Todos los fusilamientos que llevaron a cabo los fascistas —insisto: antes, durante y después de la guerra— fueron sencilla y llanamente asesinatos. ¿Tuvieron un juicio justo Federico y sus compañeros de fosa común Dióscoro Galindo, Francisco Galadí y Joaquín Arcollas? Pues no. Ni justo ni injusto. En el caso de que los hubiera, todos los juicios de los golpistas fueron ilegales. Sin defensa posible. Condenas firmadas desde el mismo instante de las detenciones. Ahora ya el Estado —gracias a la Ley de Memoria Democrática de 2022— reconoce esa ilegalidad y la nulidad de sus sentencias. Una noche detienen a Lorca, a Galindo, a Galadí y a Arcollas, les pegan cuatro tiros y al pozo que cavaron los verdugos en Víznar o donde fuera. ¿Y eso se llama fusilamiento? Por favor: llamémosle de una puñetera vez asesinato y dejémonos de licencias poéticas como la de Octavio Paz cuando hablaba de los vencedores de la guerra. Por cierto, la última pregunta en el párrafo que viene:

¿De verdad es imposible encontrar la fosa donde está enterrado García Lorca? Hay muchas versiones sobre qué pasó con su cadáver después de aquella madrugada. Y testigos que vieron caer los cuerpos como perros muertos en las fosas. Y demasiados silencios en los alrededores del poeta. Yo no lo sé. Pero es que todo, noventa años después de su asesinato, suena a película de suspense. Pero de las baratas, de la serie Z por lo menos. A Federico lo asesinaron el 18 de agosto de 1936. Y ya es hora de que sepamos dónde está desde aquella trágica noche de verano. Y desde luego, digan lo que digan los chascarrillos de la historia: Federico tampoco ganó la guerra. Fue de los que la perdieron. De los hombres y mujeres que lucharon en defensa de la República contra el fascismo y acabaron en el exilio, en el silencio y el miedo de las casas, en las cunetas, en las tapias de los cementerios o, como Miguel Hernández, podridos de tuberculosis y otras miserias en las cárceles franquistas. Ojo pues con las licencias poéticas, ¿vale? Mucho ojo.

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Alfons Cervera es escritor. Su último libro, recién publicado, es 'Singapur', editado por Piel de Zapa.

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