Un foro para la teología de la liberación Juan José Tamayo
España arde, el aire de España se contamina por los incendios. Queman el monte y cambian el aire de las ciudades y pueblos. No es un humo cualquiera que en poco tiempo desaparece en el aire; es persistente en sus efectos y duración. Emponzoña mucho, de forma muy diferente a como lo hacen las gasolinas y sus similares. La mala calidad del aire de estas últimas forma ya parte de nuestras vidas; además, lo que no se ve y apenas huele se sumerge en el amplio mundo de la desatención y del olvido. En cierta manera, vivimos muriendo cada día un poco.
Siempre que quiero informarme, asesorarme sobre temas de calidad del aire urbano y salud, acudo a dos sensatas y sólidas fuentes de información: el Instituto de Salud Carlos III de Madrid y el ISGlobal de Barcelona. En esta ocasión, busco si se parecen los humos de los incendios a la contaminación “normal” del aire. En un artículo publicado por el segundo centro de investigación me encuentro con una primera diferencia notable: la contaminación del aire por los incendios viaja impulsada por los fuertes vientos y calores a cientos de kilómetros. Seguramente todos estaremos enterados de que durante los recientes incendios las autoridades sanitarias habían rogado encarecidamente el confinamiento en algunas poblaciones cercanas. Eran taxativos: su salud depende de la calidad del aire que respire, con una persistencia de riesgos asociados que no se terminan enseguida.
Abundemos en esta cuestión. En el reciente incendio Toledo-Ávila- Madrid los vientos habían llevado la contaminación, habían empeorado gravemente la calidad del aire, hasta la capital del Estado. Avisa el ISGlobal: “El humo de los incendios forestales no es simplemente "polvo" u hollín. Es una mezcla compleja y cambiante de gases y partículas finas (PM₂.₅), monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles. Su mezcla exacta depende del tipo de vegetación que arde y de las condiciones de combustión”. De hecho, en estos incendios tan graves los niveles de partículas finas pueden superar los máximos permitidos y exponer a grandes grupos de población, algunos millones en este caso, a niveles peligrosos de contaminación.
La exposición a corto plazo al humo de los incendios forestales causó una media de 535 muertes al año en Europa
El ISGlobal no habla de oídas. Ha liderado, con la participación de otros centros de investigación europeos, el proyecto CATALYPSE entre 2004 y 2022. Las conclusiones del trabajo se publicaron en The Lancet Planetary Health en agosto del año pasado. Entre sus conclusiones más importantes y relacionadas con la vida diaria, citamos casi textualmente: la exposición a corto plazo al humo de los incendios forestales causó una media de 535 muertes al año en Europa. Advierte que considerar las partículas PM₂.₅ procedentes del humo como equivalentes a las de otras fuentes, como el tráfico, conduciría a infravalorar significativamente su impacto sobre la mortalidad. Además, insiste una vez más en que “los efectos más inmediatos se observan en los sistemas respiratorio y cardiovascular”. Niños y niñas, personas mayores, mujeres embarazadas y personas con enfermedades previas constituyen los grupos más vulnerables, registrándose un aumento de las visitas a los servicios de urgencias durante los episodios de humo.
Por si se habían olvidado a las muchas personas que en Madrid parece que no tomaron medidas precautorias, a la vista de la ocupación de terrazas en los bares, repetimos las medidas que el Ministerio de Sanidad recomendaba, entre otras, para estos sucesos: permanecer en espacios interiores, manteniendo puertas y ventanas cerradas para evitar la entrada de aire contaminado; utilizar una mascarilla FFP2 o N95 si es necesario salir al exterior; mantener una buena hidratación bebiendo agua con frecuencia y evitando el consumo de alcohol o bebidas con cafeína; seguir los avisos oficiales sobre la calidad del aire y las recomendaciones de las autoridades de salud pública.
El Ayuntamiento de Madrid añadía otros más: no realizar actividades deportivas al aire libre; mantenerse informados permanentemente; acudir a los centros sanitarios en caso de alteraciones respiratorias.
Conocer el porcentaje de personas que siguieron estas recomendaciones daría una imagen de cultura del riesgo social, también de credibilidad en las instituciones. Recordemos que la salud también es una construcción particular y no solamente sanitaria.
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Carmelo Marcén Albero es doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza y especialista en educación ambiental.
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